Mientras el 1% más rico concentra emisiones, recursos y tiempo, alguien decide acelerar. No frenar. No corregir. Acelerar el mismo modelo que nos trajo hasta acá y confiar en que algo —todavía inexistente— nos salve cuando ya sea tarde. Búnkeres, geoingeniería y resiliencia para pocos. El resto, que se arregle en un mundo que arde.

La posibilidad de limitar el calentamiento global a 1,5 °C ya quedó atrás. No es una metáfora. Ya pasó. Frente a ese escenario, el poder no duda: asume el colapso. Y en algunos casos, lo empuja. Todo con la promesa de que la tecnología lo va a ordenar después.
La crisis climática no es solo ambiental. Es una forma extrema de desigualdad. El 1% más rico emite tanto CO₂ como los dos tercios más pobres del planeta. Si nada cambia, para 2030 su estilo de vida y sus inversiones van a multiplicar por veintidós lo que el planeta puede tolerar. No es exceso. Es apropiación del futuro.
La ONG Oxfam lo dice sin rodeos: los superricos están consumiendo los últimos espacios climáticos seguros. Más energía, más recursos, más tiempo quemado. Para el resto, cada vez menos margen. Menos aire. Menos opciones.
Este modelo no solo contamina: contagia. Los milmillonarios no son una excepción, son ídolos. Se los mira, se los imita. Jets privados, yates, consumo obsceno presentado como éxito. No generan rechazo: generan deseo. Todos queremos parecernos. El despilfarro deja de ser exceso y se vuelve norma. Accionistas piden más, CEOs empujan ventas y la sociedad aprende a querer siempre un poco más.
De ese clima surge una idea peligrosa, con acento californiano y lógica de startup: el aceleracionismo eficaz. La premisa es brutal: no frenar nada. Acelerar el capitalismo y la tecnología hasta que un milagro —IA, geoingeniería— arregle lo que quede después del desastre. El mensaje real es otro: solo los que acumularon todo pueden salvarse.
Por eso algunas voces empiezan a bajar el tono. Bill Gates, por ejemplo, dice que el cambio climático no es una amenaza existencial y propone abandonar el discurso apocalíptico para hablar de resiliencia. No es pragmatismo. Es correr el eje. Quitar dramatismo para no tocar las emisiones.
Esto no es teoría. Ya está pasando. Una parte de la élite invierte en búnkeres, refugios de lujo y sistemas autosuficientes: arcas privadas para atravesar el colapso. Al mismo tiempo, el dinero se vuelca a tecnologías caras y no probadas, mientras se posterga una transición energética justa y la adaptación de quienes menos tienen.
El resultado es un mundo donde el 1 % pisa el acelerador y el resto absorbe el impacto.
No es ignorancia.
No es error.
Es una decisión.
* Gabo Petrone es licenciado en química, máster en administración de empresas y divulgador de temas relacionados al cambio climático.
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Referencias Clave:
-Oxfam International & SEI (Stockholm Environment Institute): Informe “Igualdad Climática: Un Planeta para el 99%” (Noviembre 2023).
-Oxfam y The Guardian: Análisis “America’s super-rich running down planet’s safe climate spaces” (Octubre 2025).
-Bill Gates: Entrevistas y “GatesNotes” (Octubre 2025) sobre su postura de “no existencial” y enfoque en la resiliencia.
-Aceleracionismo Eficaz (e/acc): Documentación del movimiento y declaraciones de inversores clave de Silicon Valley.
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