Portabilidad. Ese proceso que permite cambiar de compañía y mantener el mismo número de línea es un proceso simple, pero en la práctica suele fallar por errores evitables. El trámite para iniciar este proceso ya se encuentra estandarizado entre las distintas operadoras. Pero si no se presta atención a ciertos detalles previamente, se corre el riesgo de que se vuelva un trámite engorroso. Y nadie quiere eso.

¿Qué descuidos pueden ocurrir? A veces el interesado en la portabilidad en Argentina comete errores por no interpretar bien el paso a paso de la migración, o realiza acciones apresuradas cuando el chip nuevo no está listo para ser usado aún. En la era de la ansiedad todo tiene sus tiempos. Entender dónde suelen producirse esos tropiezos es clave para que el cambio sea fluido.
La portabilidad es un trámite sencillo, sin embargo, las demoras son más comunes de lo que se piensa, esto puede ser por no revisar el estado de la línea que se utiliza y que se pretende traspasar. Si la línea está suspendida por falta de uso o hay inconsistencias en los datos del titular de esa línea, el proceso se frena. También hay que saber que tener una deuda obliga a resolverla, pero no es un obstáculo para iniciar el trámite.
Si la línea que se portar es corporativa o está asociada a un plan empresarial, el trámite no será posible sin la autorización y documentación explícita del titular. Estas situaciones generan rechazos automáticos.
Un trámite sencillo
Por eso, para que la portabilidad sea un trámite que se concrete en menos de 48 horas, tal como lo establece la normativa que regula este derecho, antes de empezar conviene verificar que el DNI coincida con el titular registrado, que la línea esté activa y que no exista ningún bloqueo administrativo.
También será necesario que el celular que se usará no esté bloqueado por otra compañía de telefonía móvil, o que tenga una configuración antigua o no actualizada a la última versión que dé la falsa sensación de que la portabilidad falló. Son casos en donde el problema técnico está en el teléfono y no en la red del operador móvil. Son dos cosas bien distintas.
La portabilidad supone un error común y muy habitual: desconectarse antes de tiempo. Colocar el chip nuevo apenas se recibe es un error. Por eso, es necesario esperar a que el trámite se complete para evitar quedar desconectado. Cuando eso sucede, se recibe el aviso. Ahí hay que cambiar el chip. Si el chip nuevo se retira antes de tiempo, se pierde la señal y se dificulta identificar el momento exacto del cambio.

Se recomienda, siempre, mantener los dos chips disponibles, el de la compañía móvil que se deja atrás y el del que se espera con los brazos abiertos. Esperar a que el antiguo deje de tener servicio de manera definitiva y colocar el nuevo dispositivo en el celular. Es el indicador más confiable de que la migración se concretó.
Ojo con los chips
Una vez finalizado el cambio, será necesario verificar que todo funcione, más allá de hacer una llamada. Hay que probar todos los servicios que se tenían hasta el momento del traspaso: los datos móviles,el envío y recepción de SMS y las llamadas entrantes provenientes de otros operadores. Si alguno de estos servicios falla, no siempre es un problema de portabilidad: muchas veces es necesario reiniciar el equipo, seleccionar manualmente la red o actualizar los ajustes de APN. Eso de que “la línea no anda” es un error típico que exige, primero, agotar las comprobaciones básicas, como cuando algo se cuelga en la compu y se decide reiniciar o desenchufar y empezar otra vez.
Que la portabilidad impida recuperar esas funcionalidades no puede traducirse en una reversión. Una vez que se confirmó que el chip está insertado de manera correcta, el teléfono debe reconocer a la tarjeta SIM. Y que no esté activado el modo avión. Siempre hay alguien que puede tener un despiste grande.

La portabilidad en Argentina también exige revisar el funcionamiento de las aplicaciones y los servicios asociados a esa línea. WhatsApp, por ejemplo, no se pierde al portar, pero puede pedir una verificación adicional si detecta un cambio de SIM. Lo mismo ocurre con las billeteras virtuales, APPs como las de los bancos y fintechs, y servicios de autenticación en dos pasos: muchas dependen del SMS para validar accesos. El error más costoso es no actualizar estos datos o no prever un método alternativo de verificación antes de cambiar de operador.
La portabilidad, bien gestionada, es un trámite rápido. Mal encarada, puede convertirse en una cadena de pequeños problemas que impactan en la vida digital sin necesidad.
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