El aporte de los gobernadores provinciales y del PJ parece alcanzarle al gobierno para aprobar un ajuste de casi 500 mil millones de pesos y conformar un bloque neoliberal.

El debate por el presupuesto en el Congreso tuvo un elevado nivel de tensión. Foto: Prensa Diputados.

Si alguien creía haber visto todo, se equivocó. Cuando parecía que se caía la sesión, los cuatro diputados del peronismo de San Luis que daban vueltas mirando sus celulares alrededor de sus bancas, se sentaron y junto con los 125 de Cambiemos, el MPN, Evolución Radical y algunos pocos peronistas del peronismo federal, lograron el número bendito: 129. Quórum. A la hora del té, Alberto Rodríguez Saá, el gobernador puntano, subió un vídeo a las redes sociales donde se manifestaba desencantado por lo que habían hecho sus legisladores hasta ese momento ferreos opositores al Presupuesto. Al mismo tiempo, se conocía que la provincia había negociado aportes para los municipios por 330 millones de pesos y avales para obras por vía del Programa de Participación Público Privada. En cambio, los justicialistas cordobeses y entrerrianos que habían asegurado que bajarían al recinto para permitir el inicio de la sesión llegaron un rato más tarde. Mientras eso sucedía, el gobernador cordobés Juan Schiaretti resaltaba que “sin ser parte del Gobierno nacional y teniendo diferencias en materia económica, considero que todo país tiene que tener un presupuesto para poder trabajar sobre bases sólidas. Esto hace a la gobernabilidad y a la institucionalidad de Argentina”. El apoyo estaba, pero no resultaba fácil encontrar la puerta de entrada sin terminar de cerrar todas las concesiones solicitadas.

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En el tercer piso, en el despacho de Emilio Monzó, se instaló el ministro del Interior Rogelio Frigerio. Negoció voto a voto con los partidos provinciales y con los gobernadores peronistas. Todo indicaba que el ministro Nicolás Dujovne podría garantizar a la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI) un presupuesto con un ajuste de casi 500 mil millones de pesos para la reunión del directorio del organismo el viernes 26.

La clave de Frigerio y Monzó para negociar con el peronismo de los gobernadores fue tener la billetera en la mano para disponer recursos económicos. Pero también aprovecharse de las debilidades de los lazos ideológicos que unen al movimiento creado por Juan Domingo Perón en el presente. Quedaron a la luz del día cuatro planteos diferenciados: el populista y crítico del kirchnerismo, los intendentes del conurbano y el sindicalismo opositor; el más político que económico del peronismo de Felipe Solá; el de “una de cal y otra de arena” del Frente Renovador de Sergio Massa; y el pragmático y neoliberal de muchos de los gobernadores del PJ, que se ampararon en la “gobernabilidad” para sostener los acuerdos políticos y económicos con el gobierno.

Más allá del relato para justificar la acción, es necesario observar que la negociación de los gobernadores no fue, por ejemplo para modificar las líneas maestras del Presupuesto, sino por cuestiones particulares ligadas a los recursos. Eso quiere decir, llanamente, que no cuestionan el rumbo del gobierno ni las herramientas que utiliza en materia económica. Esa funcionalidad puede ser un lastre significativo para muchos de ellos, pero fundamentalmente pueden llegar a trabar las posibilidades para un cambio de políticas como propugna un sector de los sindicatos y al menos de dos de los cuatro peronismos que están sobre la cancha.

Esa funcionalidad de los gobernadores puede ser un lastre significativo para muchos de ellos, pero fundamentalmente pueden llegar a trabar las posibilidades para un cambio de políticas como propugna un sector de los sindicatos y al menos de dos de los cuatro peronismos que están sobre la cancha.

Dentro de ese contexto, el gobierno sin tener mayoría legislativa pudo obtener lo que necesitaba: un bloque político y económico que sostenga el programa neoliberal desde lo orgánico e institucional. Su principal problema, paradójicamente, es que la inflación y la recesión derivados de este modelo han licuado en seis meses buena parte de la base social que lo apoyaba. Sin ese factor de su lado, le será muy difícil llegar, primero a fin de año, y luego alcanzar las elecciones de octubre de 2019. Pero por ahora, su tarea parece ser ponerle fin al ciclo populista de los Kirchner y después ver que queda de “los armados políticos propios”. El propio presidente Mauricio Macri es el que resiste, al menos por ahora, un eventual plan B con María Eugenia Vidal para el año que viene e imagina que podrá levantarse de sus cenizas. Pese a ello, las grandes empresas han comenzado a evaluar otras alternativas, en Cambiemos e, incluso, en el peronismo anti-K. Aunque más allá de las intenciones, por ahora, el punto clave del bloque gobierno-gobernadores, será sobrevivir a la realidad de la crisis y el ajuste, y en ese sentido, diciembre, un mes fatídico en Argentina, será determinante.

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