Esa fue la amenaza que uno de los hermanos Malter le hizo a un cazador, meses antes del crimen de Pablo “Paco” García. Esta semana llega al final la etapa testimonial.

Un momento de la inspección ocular en el sitio donde mataron a Paco García. Foto: Gentileza.
Municipalidad de Río Cuarto-Parque Sarmiento

Lo primero que hizo Alejandro Aguirre, vecino de Santa Rosa de Calamuchita, una vez que se sentó a declarar ante los jurados populares y técnicos de la Cámara 12° del Crimen de Córdoba, fue pedir que sacaran de la sala a Carlos y Julio César Malter, dos de los tres hombres que están siendo juzgados por el asesinato de Pablo “Paco” Garcia, el cazador asesinado en un campo de Anisacate la noche del 27 de agosto de 2015.

Consultado sobre por qué no pidió además que se retire de la sala al otro acusado, Gustavo López, Aguirre respondió: “Por intuición”. Aguirre estaba nervioso, casi al borde de las lágrimas. Dijo que a los hermanos Malter les tenía miedo. Desde que comenzó el juicio, a principios de septiembre, es la segunda persona que no puede pronunciar palabras ante los hermanos. El primero fue López, el imputado, quien los incriminó en la primera audiencia.

Algo extraño, intimidante, producen esos dos jóvenes de apariencias frágiles, cuerpos menudos y de familias humildes. Están acusados de haber asesinado a sangre fría a “Paco” García, mientras cazaban chanchos, en un campo ajeno. A Carlos Mater se lo acusa de ser el autor material de “homicidio doblemente agravado”. Su hermano y López, del mismo delito en calidad de partícipes.

Según López, los Malter reaccionaron de manera violenta cuando en medio de la noche se cruzaron a “Paco”. Lo increparon, Julio Cesar discutió con él y Carlos, el hermano menor, le disparó con la escopeta desde atrás, a menos de cinco metros de distancia. Luego acomodaron el cuerpo y fingieron un accidente.

El testimonio de Aguirre no aportó elementos para saber qué pasó esa madrugada -no había nadie más en ese campo- pero relató una experiencia que similar con los Malter.

Aguirre es cazador. Viernes de por medio entraba al campo para seguir las pisadas del jabalí. Según dijo, tenía una estrategia diferente a la de los Malter, a quienes no conocía. Él, seguía al chancho. Los Malter dejaban maíz en lugares clave y esperaban a que el animal aparezca. Hasta que una noche se los cruzó.

Fue en agosto de 2014. Aguirre entró al campo junto a su hijo de 17 años. “Hicimos señas de luces antes de ingresar”, dijo. Nadie contestó. Vio las huellas de un animal y comenzó a seguirlas. En lugar de un chancho se encontró con “tres o cuatro personas”, debajo de un árbol. “Uno de ellos salió al cruce, enojado, discutiendo. Me insultaba, los que estaban debajo del árbol le decían que me corra”, contó. Según Aguirre, el hombre que lo cruzó, con el arma en las manos, dijo: “Andate de acá si no querés que se me caiga una bala”. Luego escuchó como los que quedaron bajo el árbol remontaban sus armas y vio cómo se ponían en posición de tiro. Las amenazas también fueron para su hijo, que se había quedado más atrás.

INSPECCIÓN

El campo no estaba igual que cuando sucedió el asesinato, pero permitió a todas las partes un análisis más ajustado. Foto: Gentileza.

El lugar dónde Aguirre cruzó a los Malter fue uno de los sitios visitados el miércoles, durante la inspección ocular realizada en el campo. Un contingente de al menos 20 personas,  entre jueces populares y técnicos, fiscal y abogados, visitaron el lugar de los hechos. Incluso fue el perito oficial encargado de realizar el informe balístico. El campo, ahora está limpio. El lugar donde fue encontrado el cuerpo de “Paco” (sentado en una reposera, con el arma en una mano) ahora está alambrado. La justicia realizó un perímetro de diez metros cuadrados, para mantener la escena.

“Para esta defensa, lo que se vio en el lugar es coincidente con lo que dijo en la audiencia Gustavo López. Existe el desnivel en el terrero desde dónde Carlos habría disparado”, dijo Damián Palavecino, abogado de López. Su estrategia es que el jurado comprenda “la relación de sometimiento” que existía entre los Malter y López. “Él no participó del homicidio y si no declaró después, claramente fue porque estaba amenazado, como lo contó”, agregó.

Una de las particularidades del juicio es el choque entre las estrategias defensivas de los imputados. Mientras los hermanos Malter sostiene la versión (hasta ahora casi imposible de sostener)  de que se trató de un accidente, el otro imputado directamente los acusa de un crimen inescrupuloso y absurdo. Y las pericas, parecen darle la razón.

AUDIENCIAS CLAVE

Mañana declararán los últimos testigos. El miércoles será clave. Ese día los jueces verán la reconstrucción virtual en la que se vuelvan las hipótesis sobre cómo habría sido la mecánica del hecho. Se realiza en base al cruce de pericias forenses, balísticas y planimétricas, sumada el testimonio de López.

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