La carrera callejera ocurrida en ampliación Ferreyra en 2012, que terminó con la muerte de Agustín Balbo, llega a juicio. En el banquillo de los acusados estará Oscar “Sapito” Gómez, el instigador de la muerte de Emanuel Balbo, linchado y arrojado desde una tribuna en abril pasado.

Sapito Gómez, el día que se entregó luego del asesinato de Emanuel Balbo.

La imborrable secuencia de imágenes de Emanuel Balbo cayendo por la tribuna Willington del Estadio Kempes, el 15 de abril en el entretiempo del clásico Talleres-Belgrano, tiene un primer acto ocurrido cinco años antes. Fue en una “picada” callejera. en la que murió atropellado Agustín “Didí” Balbo, de 14 años, hermano de Emanuel. Ocurrió en la madrugada del 25 de noviembre de 2012 en barrio Ampliación Ferreyra. Uno de los protagonistas de la carrera mortal fue Oscar “Sapito” Gómez, por entonces vecino de los Balbo. Al día siguiente de la picada, los vecinos atacaron con piedras la casa de los Gómez que tuvieron que abandonar el barrio. Desde entonces la “bronca” entre las dos familias fue creciendo, hasta que volvió a estallar en la tribuna del Kempes. Según la causa, la feroz paliza que terminó con la caída mortal de Emanuel, de 22 años, comenzó cuando se cruzó en la tribunal con “Sapito” Gómez y este gritó: “¡Ese culiado es una gallina! ¡Bajate o te mato!”.

En un arrebato de oportunismo, la Cámara Cuarta del Crimen dispuso fecha para el inicio del juicio por la picada callejera el mismo día que se confirmaba la muerte de Emanuel, en el Hospital de Urgencias.

La fecha prevista para el juicio es hoy: si nada lo impide, la familia Balbo verá sentado en el banquillo a Gómez acusado del “homicidio culposo” de Enrique Díaz (15) y Agustín Balbo. También será juzgado Javier Alejandro Navarro, de 34 años, el conductor que atropelló a más de 100 kilómetros por hora, mientras competía con “Sapito” en las calles del barrio, a los adolescentes que se conducían en moto.

“La justicia es lenta. Tuvo que esperar a que me mataran otro hijo para empezar el juicio por la muerte del primero”, señaló Raúl Balbo, padre de las víctimas. Raúl considera que Emanuel no hubiese muerto en la cancha si Gómez era jugado con mayor celeridad.

Para el fiscal de Cámara Marcelo Hidalgo, responsable de mantener la acusación en el juicio, no hubo demoras por parte de la Cámara Cuarta del Crimen. “Está documentado que semanas antes del episodio trágico en la cancha se venían haciendo pericias a pedido de la familia Balbo. Así que no hubo demora alguna. Ni bien llegó la causa se empezó a tramitar”, dijo. Por otro lado, Hidalgo señala que “si se hubiese hecho el juicio, conforme a la jurisprudencia “Loyo Freyre” (que morigera la prisión preventiva), no hubiese habido posibilidad alguna de que estas personas quedaran presas”.

El padre de Agustín y Emanuel Balbo. (Archivo).

En diálogo con ENREDACCIÓN, Hidalgo explicó que en caso de ser hallados culpables de homicidio culposo, Gómez y Navarro irán presos “única y exclusivamente si se determina un alto peligro procesal concreto”. “Sapito” está ahora en Bouwer, acusado como instigador de homicidio agravado por la Ley del Deporte, por la muerte de Emanuel, que puede costarle hasta 34 años de cárcel.

LA PICADA MORTAL

El caso que comenzará a ser juzgado hoy fue instruido por el fiscal Víctor Chiapero. Según el expediente, el 25 de noviembre de 2012, a la una y media de la madrugada, Javier Navarro, a bordo de un Golf color rojo, y Oscar Gómez, manejando un Gol verde, fueron vistos por varios testigos ingresar a barrio Ampliación Ferreyra por la calle Cipriano Perello, “asumiendo ambos un comportamiento riesgoso para las personas y bienes ajenos, toda vez que habrían decidido realizar una competencia de velocidad con sus respectivos vehículos”.

Chiapero sostiene que “de manera imprudente -aproximadamente a 108 kilómetros por hora- sobrepasándose uno a otro en forma sucesiva”, los autos llegaron hasta la manzana 3, siempre por calle Perello. Allí, el auto conducido por Javier Navarro impactó desde atrás la moto Appia 110 en la que circulaban, en igual sentido, las adolescentes que murieron como consecuencia de la colisión.

¿Que hizo sapito tras el choque? escapó a bordo de su auto y en la huída casi atropella a varios de los testigos que estaban en la vereda. Dejó su auto frente a la casa de su hermana. Luego declaró en tres oportunidades, que no participó de la carrera: “Venía por mi mano a buscar a mi señora y veo que el vehículo Golf pasa por su costado izquierdo y ve que a 100 o 150 metros se produce un accidente”. Dijo que no se detuvo porque no tenía documentos de su auto, y que le produjo tal “consternación” que fue a la casa de una de las víctimas a avisar, pero no los encontró.

Los testigos lo contradicen.

LAS PRUEBAS

Según la causa, “varios testimonios que indican que ambos imputados iban a gran velocidad. De los relatos surge claramente que ambos se encontraban realizando una prueba de velocidad o destreza con sus respectivos vehículos”.

El oficial de la Policía de Córdoba, Rubén Rey, fue el primero en llegar. Acudió al lugar porque antes vio pasar a los autos “por la rotonda de Armas Argentinas a alta velocidad, yendo el VW rojo adelante”. Cuando llegó, sólo encontró el auto rojo, dañado, y los cuerpos de los chicos a 10 y dos metros de distancia del vehículo. Navarro había entrado a una de las viviendas de esa manzana.

Un vecino cuyas iníciales son “J.J.C” se encontraba sentado en la vereda y declaró que escuchó “ruido de motores pasados de revoluciones, ya que efectuaban un sonido muy fuerte que determinaba que desde lejos se los escuchara, por las características del ruido, era evidente que se trataba de más de un auto circulando a alta velocidad”. El vecino dijo que luego vio pasar a los dos vehículos y, tras perderlos de vista, escuchó “una frenada y un estruendo”:

G.A, un testigo que caminaba por una de las veredas, declaró que sintió “un Volkswagen Gol de color verdecito o celestito, el cual frena y hace una maniobra como que se va para el cordón y pasa frente a él a gran velocidad, dándose a la fuga”.

Otro peatón, L.G.A., declaró que “el auto verde giró hacia mi izquierda ingresando por la calle pública que pasa por el costado de la plaza, subiéndose al cordón para luego descender al asfalto y continuar su marcha, lo cual motivó incluso que el declarante y las personas que lo acompañaban debieran correrse para evitar que los atropellaran”.

B.B.L. dijo que “era normal observar que los imputados Navarro y Gómez circularan a alta velocidad por el barrio”.

Las personas que declararon además coincidieron en que la moto en la que se trasladaban las dos víctimas circulaba a una velocidad “normal”, mientras que las pericias realizadas en el auto de Navarro determinaron que, al momento de impacto, lo hacía a 108 kilómetros por hora. Si  todos los testigos coinciden en que ambos autos “iban a la par” y “se sobrepasaron a gran velocidad”, Gómez no puede haber ido a 60 kilómetros, como declaró. Según las pericias químicas, Navarro había consumido cocaína.

ESPERAR EN LIBERTAD

Desde un principio ambos fueron imputados por “homicidio culposo agravado”. El fiscal descartó el dolo eventual (que implica que el acusado se representó que podía dañar a alguien, pero no le importó), y para ello argumentó que por la falta de iluminación “ni Gómez ni Navarro advirtieron la presencia de la motocicleta”, y por eso no pudieron haberse representado que iban a chocarla.

La familia de Balbo reclamó sobre la libertad de “Sapito” y hasta augura que de haber celeridad judicial, Gómez hubiera estado preso y por ende Emanuel seguiría vivo. Por lo general, el “homicidio culposo” es un delito excarcelable, y por eso Gómez y Navarro aguardaban el juicio en libertad. De hecho, ningún imputado por ese delito había recibido una pena de prisión efectiva en Córdoba, hasta abril pasado, cuando la Cámara Tercera del Crimen falló, en un caso sin precedentes, en contra de un hombre que atropelló borracho.

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