El cambio de defensa de Gómez, que presentó a Carlos Hairabedian como abogado, motivó demoras en el inicio del juicio. Los testigos comenzaran a declarar el martes 6 de junio.

El abogado Carlos Hairabedian conversa con su defendido Carlos “sapito” Gómez. Foto: Mariano Paiz.

Con varias horas de demora, la Cámara Cuarta del Crimen comenzó ayer el juicio por la muerte de Enrique Diez y Agustín Balbo, de 14 y 15 años, atropellados en el marco de una supuesta picada callejera en barrio Ampliación Ferreyra, el 25 de noviembre de 2012. Los imputados de “homicidio culposo” son Javier Navarro y Oscar “Sapito” Gómez, quienes ayer se ubicaron a varios metros de distancia, uno en cada punta del banquillo de acusados.

Según la investigación, la noche del accidente ambos corrían a gran velocidad por las calles del barrio, el primero a bordo de un Golf rojo, y el segundo, manejando un Gol verde.

El juicio convocó la atención de la prensa ya que “Sapito” está imputado por instigar el crimen de Emanuel Balbo, hermano de Agustín, quien cayó tras ser linchado de la tribuna Willington del Estadio Kempes, el 15 de abril, en el entretiempo del clásico Talleres-Belgrano.

Estaba previsto que la audiencia comenzara a las 9, pero distintas “trabas” interpuestas por las defensas motivaron que el tribunal se tomara un cuarto intermedio para resolver los incidentes. La principal demora obedeció al cambio de defensa de “Sapito” Gómez, quien presentó como abogado Carlos Hairabedian.

La sola presencia del experimentado defensor en la sala generó todo un revuelo. Sucede que Hairabedian integró la Cámara Cuarta del Crimen durante cinco meses en 1989, junto a Jorge Montero, su actual presidente. Esa experiencia en común es suficiente para que, durante 30 años, por “amistad manifiesta”, el juez se aparte cada vez que el defensor interviene en una causa. “Esos cinco meses no alcanzan para definir la naturaleza de la verdadera amistad”, dijo Hairabedian, al solicitarle al juez que, por primera vez en tres décadas, no se aparte del caso. Pero solicitó una prórroga de una semana para interiorizarse en el caso.

Finalmente, los jueces definieron que Montero seguirá integrando la Cámara. Para ganar tiempo, la primera audiencia fue destinada a la lectura de la acusación. El juicio continuará el martes 6 de junio, con la declaración de los primeros testigos y con tiempo suficiente para que la defensa de Gómez pueda preparar una estrategia.

Durante las dos horas de cuarto intermedio en las que los jueces definieron los incidentes, las familias Balbo y Gómez, enfrentadas desde 2012, compartieron pasillos en tribunales sin cruzar palabra alguna, hasta que finalmente, al finalizar la audiencia se enfrentaron a golpes y debió intervenir la Policía.

Los padres y el hermano de Gómez eligieron no hablar con la prensa, sólo se limitaron a aclarar que “no fue Oscar el que atropelló a los chicos”.

Raúl Balbo, padre de Emmanuel y Agustín, dijo: “Yo espero que se haga justicia, que no sea una charla”. Espera que en el transcurso de la audiencia se dé un cambio de calificación legal, ya que considera que “homicidio culposo”, tiene penas leves.

Raúl Balbo, el papá de Agustín y Emanuel. Foto: Mariano Paiz.

LOS TESTIGOS

Ayer, los jueces tomaron juramento a los testigos que el martes comenzarán a declarar. Si bien no existe un testigo directo del accidente, varios apuntan que vieron a los imputados “correr” a gran velocidad por el barrio. Según el expediente, el 25 de noviembre de 2012, a la una y media de la madrugada, Javier Navarro, a bordo de un Golf color rojo, y Oscar Gómez, manejando un Gol verde, fueron vistos por varios testigos ingresar a barrio Ampliación Ferreyra por la calle Cipriano Perello, “de manera imprudente -aproximadamente a 108 kilómetros por hora- sobrepasándose uno a otro en forma sucesiva”, los autos llegaron hasta la manzana 3, siempre por calle Perello. Allí, el auto conducido por Javier Navarro impactó desde atrás la moto Appia 110 en la que circulaban, en igual sentido, las adolescentes que murieron como consecuencia de la colisión.

Gómez escapó a bordo de su auto y en la huída casi atropella a varios de los testigos que estaban en la vereda. Dejó su auto frente a la casa de su hermana. Luego declaró en tres oportunidades, que no participó de la carrera: “Venía por mi mano a buscar a mi señora y veo que el vehículo Golf pasa por su costado izquierdo y ve que a 100 o 150 metros se produce un accidente”. Dijo que no se detuvo porque no tenía documentos de su auto, y que le produjo tal “consternación” que fue a la casa de una de las víctimas a avisar, pero no los encontró.

Los principales testigos son el oficial de la Policía de Córdoba, Rubén Rey, primero en llegar al lugar del choque. Dijo que antes vio pasar a los autos “por la rotonda de Armas Argentinas a alta velocidad, yendo el VW rojo adelante”. Cuando llegó, sólo encontró el auto rojo, dañado, y los cuerpos de los chicos a 10 y dos metros de distancia del vehículo.

Un vecino cuyas iníciales son “J.J.C” se encontraba sentado en la vereda y declaró que escuchó “ruido de motores pasados de revoluciones, ya que efectuaban un sonido muy fuerte que determinaba que desde lejos se los escuchara, por las características del ruido, era evidente que se trataba de más de un auto circulando a alta velocidad”. El vecino dijo que luego vio pasar a los dos vehículos y, tras perderlos de vista, escuchó “una frenada y un estruendo”.

G.A, un testigo que caminaba por una de las veredas, declaró que sintió “un Volkswagen Gol de color verdecito o celestito, el cual frena y hace una maniobra como que se va para el cordón y pasa frente a él a gran velocidad, dándose a la fuga”.

Otro peatón, L.G.A., declaró que “el auto verde giró hacia mi izquierda ingresando por la calle pública que pasa por el costado de la plaza, subiéndose al cordón para luego descender al asfalto y continuar su marcha, lo cual motivó incluso que el declarante y las personas que lo acompañaban debieran correrse para evitar que los atropellaran”.

B.B.L. dijo que “era normal observar que los imputados Navarro y Gómez circularan a alta velocidad por el barrio”.

Las personas que declararon además coincidieron en que la moto en la que se trasladaban las dos víctimas circulaba a una velocidad “normal”, mientras que las pericias realizadas en el auto de Navarro determinaron que, al momento de impacto, lo hacía a 108 kilómetros por hora. Todos los testigos coinciden en que ambos autos “iban a la par” y “se sobrepasaron a gran velocidad”, por lo tanto Gómez no puede haber ido a 60 kilómetros, como declaró. Según las pericias químicas, Navarro había consumido cocaína.

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