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Los “raros mensajes nuevos” que dejan las cinco elecciones provinciales realizadas en 2019
El gobernador Alberto Weretilneck junto a la mandataria electa, Arabela Carreras y su vice, Alejandro Palmieri.

En las elecciones generales de Neuquén y Río Negro, triunfaron las fuerzas provinciales que gobiernan esas provincias: el Movimiento Popular Neuquino (MPN) y Juntos Somos Río Negro, respectivamente. La primera de ellas, es un partido provincial nacido del peronismo, que está invicto desde la elección de 1962. El segundo, es una alianza producto del actual gobernador, Alberto Weretilnek, que fue electo en 2011 como vice del peronista Carlos Soria, que llegó al máximo cargo provincial al morir Soria. Sin embargo, la base de la nueva alianza no es el PJ, sino la UCR. Ambas agrupaciones son aliadas del presidente Mauricio Macri, que en ambos casos dejó en soledad a los candidatos de Cambiemos, que llegaron terceros. Las victorias de los partidos patagónicos fueron conseguidas superando a frentes hegemonizados por el kirchnerismo.

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A su vez, hubo tres PASO, elecciones primarias, en provincias gobernadas por el PJ: La Pampa, San Juan y Chubut. En las dos primeras triunfaron los oficialismos con acuerdos que incluyeron a todo el espectro justicialista; y en la tercera, el más votado individualmente fue el actual gobernador, Mariano Arcioni (cuya referencia nacional es Sergio Massa), pero el PJ en la sumatoria de los tres candidatos que disputaron la interna, lo superó 33,14 a 31,73 por ciento. Justamente, el candidato será el más alineado con Cristina Fernández de Kirchner: Carlos Alberto Linares. Cambiemos, en esa provincia sureña, con Gustavo Menna, obtuvo el tercer lugar, con 14,08%.

Los denominadores comunes son los siguientes:

-En cuatro de los cinco comicios vencieron los oficialismos.

-Cambiemos, la alianza del gobierno nacional, perdió en todos los distritos. En la Patagonia es donde aparece más golpeada.

-El peronismo gana donde es oficialismo, pero pierde donde no lo es.

-Las alianzas con hegemonía kirchnerista no lograron victorias, salvo en las PASO de Chubut, aunque en este caso, el candidato de ese sector obtuvo 17 puntos porcentuales (pp.), y los otros 16 pp. corresponden a otras vertientes del PJ.

-No hay ola opositora con perfil K. En las dos provincias donde tenía posibilidades de demostrarlos, Neuquén y Río Negro, sus candidatos fueron derrotados por amplio margen.

-Se terminó la “ola amarilla”, dado que los candidatos del presidente no triunfan ni obtienen nuevos distritos provinciales. En Neuquén y Chubut aparecen terceros con porcentajes por debajo de los 20 pp., y en Río Negro, con menos de 10 pp., muy lejos de los dos contendientes principales. En San Juan el candidato de Macri quedó segundo a más de 20 pp. de distancia; y en La Pampa, Carlos MacAllister fue derrotado por el candidato radical. Es decir, que la crisis económica desgastó gravemente su potencia electoral.

-No parece haber partidos o frentes políticos de alcance nacional, priman las agrupaciones de tinte provincial, aunque lleven nombre de partidos nacionales, como el Justicialismo.

Martín Soria, el candidato del Frente para la Victoria de Río Negro.

Por cierto, las elecciones realizadas hasta el presente muestran que la crisis económica está atomizando el escenario político, generando una situación de anomía de las principales fuerzas políticas. A su vez, la migración de sectores sociales desde sus alineaciones anteriores, parece producirse a ninguna parte, ya que ninguno de los ganadores forma parte de proyecto nacionales como definición orgánica, sino que se integran a las alianzas de gobernabilidad del sistema de poder (Río Negro, Neuquén y Chubut), o mantienen equidistancia de los bloque en disputa (La Pampa y San Juan). En términos de estructura política, quizá CFK encuentre más luces verdes, ya que la clave de su éxito parece depender de poder sumar la mayor cantidad posible de peronismos provinciales. En cambio, allí, Macri no obtiene ningun mensaje optimista de los cinco test electorales, ya que no hay señales de fortaleza ni de posibilidades de conformar una fuerza que apuntale sus ambiciones reeleccionistas. La única gran ventaja del presidente es el otro pliegue de la realidad: las pruebas provinciales han demostrado que tampoco hay ola opositora. Es decir, no se ha constituido un sujeto social de cambio, que vaya en algún sentido. Esa quietud es la que puede hacerle abrigar alguna esperanza, aunque para ello deberá mejorar la situación económica, de lo contrario, aunque sea como salvavidas para sobrevivir, terminará volcándose el voto al candidato opositor que pueda sacarlo del poder.

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