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[Historias de 64 casillas] Las "bestias negras" del ajedrez

Miércoles 02 de Diciembre de 2020

[Historias de 64 casillas] Las "bestias negras" del ajedrez

En ajedrez se presupone que el resultado de una partida está dominado en un 95 por ciento por la lógica. Es decir, si este columnista, por más entusiasmo que profese por el juego ciencia, se enfrenta a, digamos, Magnus Carlsen a un duelo de 100 partidas, el resultado será 100 a 0.

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Algún amable lector dirá: “¡Pero algún empate le podrás sacar!”. No. Salvo que le ofrezca una cerveza helada mientras jugamos y sin que se dé cuenta le introduzca alguna sustancia que adormezca su cerebro, Carlsen me ganaría las 100 partidas. Y por “afano”, dicho académicamente.

Ahora, si los rivales son Guillermo Soppe o Fernando Bertona, por citar a dos maestros cordobeses amigos, el pronóstico cambia. Seguramente ganaría Carlsen, pero la cosa ya no sería tan fácil de pronosticar. En ese juego de probabilidades es posible que el actual campeón mundial empate e, incluso, hasta pierda algún juego.

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Para dar una medida del asunto, entre Carlsen y los cordobeses hay una diferencia de ELO (ranking internacional) de más de 400 puntos. Es una distancia sideral en términos de fuerza de juego (entre quien escribe y Carlsen esa distancia se mide en años luz, como la que hay entre Córdoba y Próxima Centauri).

Entonces, para que el noruego ceda un empate o incline su rey tendrían que intervenir situaciones tales como “tuvo un mal día”, “le dolía una muela”, “comió un bife con mucho picante”, o “lo dejó la novia”. Pero también podría ser que Soppe o Bertona (jugando al máximo de sus posibilidades) lo sorprendiesen con alguna “receta casera” en la apertura para tratar de inclinar la balanza y tener alguna chance de complicar la partida. Así es el “juego ciencia”, una fiesta de lógica a la que pocas veces el azar es invitado a participar.

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Dicho todo esto, y ampliando un poco el panorama, se puede agregar que son raros los casos en el deporte en el que sus máximas figuras fueron víctimas de rivales considerados “inferiores”.

Un ejemplo. En el tenis, el gran Rafael Nadal tuvo en Nikolay Davydenko a su “bestia negra”. El ruso se retiró de la actividad en octubre de 2014 con un palmarés ínfimo en relación al español, pero con un score favorable sobre él: le ganó seis veces y perdió cinco.

Si bien Davydenko llegó a ser número 3 del mundo, nunca alcanzó una final de Grand Slam y su mayor logro fue ganar la Copa de Maestros de 2009, en Londres. Muy lejos de los logros obtenidos por el mallorquín.

PIEDRA EN EL ZAPATO

Veamos qué correspondencia hay sobre esta cuestión en el famoso cosmos de 64 casillas.

El ex campeón mundial Garri Kasparov, considerado uno de los mejores jugadores de la historia, tuvo su piedra en el zapato a lo largo de su carrera: Boris Gulko.

Boris Gulko.

Gulko es un gran maestro ruso que luego se nacionalizó estadounidense. Jugó ocho veces contra Kasparov, le ganó tres partidas, empató cuatro y apenas perdió una sola. Si bien es un gran maestro muy respetable, ni cerca está de compararse con la fuerza de juego y las hazañas del “Ogro de Bakú” en el tablero.

Cuando le preguntan cuál fue su secreto para vencer a Kasparov, Gulko responde con humildad: “Esos días yo estaba al máximo de mis capacidades, y él en sus días más bajos. Quizá mi estilo de juego no era cómodo para Kasparov. De todos modos, en todas las partidas se comportó bien conmigo. En una de mis victorias me dijo: ‘Podrías haber ganado antes’. Y era cierto, porque omití unas jugadas mejores”.

La primera victoria fue en el Campeonato de la Unión Soviética en 1981; la segunda en el Campeonato por Equipos de la URSS en 1982; y la tercera en Linares, en 1990. Recién en 1995 Kasparov pudo apuntarse su primer y único triunfo, fue en Novgorod.

Garri Kasparov.

La última vez que Gulko le ganó a Kasparov, en el llamado “Wimbledon del ajedrez”, quedaron en evidencia los claros deseos de venganza del entonces campeón mundial. En términos futbolísticos, para que entiendan los lectores no tan familiarizados con el juego y también para darle el gusto al director de EnRedacción, se podría decir que Kasparov, que llevaba las piezas negras, salió a jugar como lo hacía “la Máquina” de River Plate: dos mediapuntas, dos extremos y un delantero, Muñoz, Pedernera, Moreno, Labruna y Loustau. En esa partida, Kasparov sacrificó dos peones en pos del ataque, y Dios sabe que lo intentó, pero Gulko aguantó el vendaval y ganó.

El bueno de Gulko es un psicólogo que actualmente tiene 73 años. Logró el título de maestro internacional en 1975 y al año siguiente alcanzó la máxima categoría que otorga el ajedrez: gran maestro. Es el único jugador en haber ganado los campeonatos nacionales de la Unión Soviética y de Estados Unidos. Junto con su mujer, la gran maestra femenina Anna Akhsharumova, mantuvo varias huelgas de hambre para poder emigrar de Rusia, objetivo que logró en 1986 tras la llegada de la glasnot de Gorbachov. “Tendrías que haber hecho la de Korchnoi”, le dijeron a Gulko, en relación a la deserción de Víctor “El Terrible” en 1976, mientras jugaba un torneo en Holanda.

Hubo otro jugador en la historia del ajedrez que durante algunos años fue la “bestia negra” del entonces prometedor Mijail Botvinnik, considerado el padre de la escuela soviética. Igor Bondarevsky fue un rival incómodo para Botvinnik y lo tuvo 2 a 0 abajo entre 1938 y 1941. Recién ese año, el excampeón mundial pudo igualar el score. Y en 1945 suspiró aliviado cuando pudo desnivelar a su favor.

En Córdoba se produjo un caso muy curioso. Y la “víctima” fue nada menos que el gran maestro austríaco radicado en esta ciudad Erich Eliskases. Jorge Lagos Altamira, un fuerte pegador local, estaba lejos de la gloria que irradiaba el gran Eliskases, primer tablero de Alemania en el Torneo de las Naciones de 1939. No obstante, logró convertirse en la “bestia negra” del austríaco. De las tres partidas que jugaron, dos ganó Lagos Altamira y una el maestro europeo, según consta en el libro 50 años de ajedrez de Córdoba, editado a propósito del X Torneo Abierto de Ajedrez del Centro de la República “Copa Feigin” (1979).

CLÁSICOS Y SUPERCLÁSICOS

La historia del ajedrez ha dado numerosos clásicos y superclásicos para el deleite de los aficionados. Estamos haciendo referencia no ya a “bestias negras”, sino a jugadores de fuerza equivalente. Aquí van algunos historiales, según las estadísticas del sitio www.chessgames.com.

Korchnoi y sus lentes espejados frente a Karpov.

Víctor Korchnoi, uno de los llamados “campeones sin corona”, siempre fue un rival incómodo para cualquiera. Lo sufrieron varios campeones mundiales, como Anatoli Karpov y Mijail Tal. Para este último, Víctor fue una verdadera pesadilla. Contrastaban los estilos. Tal, considerado el mejor atacante de todos los tiempos, contra Korchnoi, de estilo tenaz y dispuesto a refutar cualquier sacrificio sobre el tablero.

Se enfrentaron por primera en 1954, pero Tal recién le pudo ganar su primera partida en 1962. Hasta entonces Korchnoi lo aventajaba 4 a 0. El duelo terminó con unas tablas en Barcelona, en 1992. Score final: Korchnoi 13 – Tal 6, y 29 empates.

También para Bobby Fischer, Korchnoi fue un rival difícil. Hasta 1970, Víctor lo tenía abajo en el marcador al genio estadounidense: 3 a 1. Pero al final Bobby remontó y terminó igualando el historial en 3, con 4 empates.

Otro gran clásico fue el que protagonizaron Tal y Botvinnik. El primero le arrebató el título de campeón del mundo en 1960, pero al año siguiente Botvinnik lo recuperó. Jugaron 44 partidas, se repartieron 12 triunfos cada uno y empataron 20 veces.

Ver también

Fischer y Tal protagonizaron otro durísimo duelo. Al final, terminaron en paz: cuatro triunfos para cada uno y cinco empates. El clásico entre el arte del ataque y el arte de la defensa también quedó igualado: Tal 5 – Petrosian 5 (36 tablas).

Más atrás en el tiempo, la dicotomía José Raúl Capablanca-Alexander Alekhine acaparaba todas las miradas. Nadie podía pensar que el ruso (luego nacionalizado francés) podía quitarle el título de campeón mundial al genial cubano. Pero así fue, en Buenos Aires, en 1927, el mundo vio proclamarse a Alekhine que hasta entonces no le había ganado ninguna partida a Capablanca. Después la historia cuenta que el ruso-francés eludió todas las veces la posibilidad jugar una revancha. Aun así, el historial final favoreció a Capablanca: 9 a 7 y 33 tablas.

En el plano nacional, uno de los clásicos más recordados fue el de Miguel Najdorf, maestro polaco radicado en Argentina en 1939, y Oscar Panno, el primer campeón mundial juvenil que tuvo Argentina. Resultado final: Panno 6 – Najdorf 5, y 16 empates.

Kasparov y Karpov, el superclásico de la historia del ajedrez.

Y llegamos al superclásico entre Garri Kasparov y Anatoli Karpov. El enfrentamiento más encarnizado que haya tenido el ajedrez en toda su historia. ¡Se midieron 193 veces! El saldo: Kasparov ganó 39 partidas (contando algunas de ritmo rápido) y Karpov se impuso en 25.

¡Salud gladiadores!

* Juan Carlos Carranza es periodista especializado en ajedrez.

En detalle: Van otros historiales. Fischer 17 – Spassky 11 (25 empates); Karpov 2 – Tal 1 (19); Korchnoi 1 – Botvinnik 1 (2); Capablanca 6 – Lasker 2 (16); Korchnoi 12 Petrosian 10 (48). Fuente: www.chessgames.com

Bonus track: el triunfo de Jorge Lagos Altamira sobre el gran maestro Erich Eliskases. Torneo “E. Angelotti in memorian” (1958): 1. d4 Cf6 2. c4 g6 3. Cc3 Ag7 4. e4 d6 5. Ag5 0-0 6. f4 c5 7. d5 Da5 8. Dd2 Te8 9. Cf3 a6 10. Ad3 e6 11. 0-0 Cbd7 12. dxe6 Txe6 13. Tae1 b5 14. e5 b4 15. Cd5 dxe5 16. fxe5 Cxd5 17. cxd5 Txe5 18. Cxe5 Cxe5. 19. Df4 Dc7 20. Af6 c4. 21. Txe5 Db6 22. Rh1 Axf6 23. Te8 Rg7 24. Axc4 g5 25. Df2 Dxf2 26. Txf2 Ab7 27. Txa8 Axa8 28. d6 a5 29. d7 y las negras abandonan.

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