Esta semana serán los alegatos contra un ladrón “pesado” que asesinó a un chico de 19 años, a quien le enseñaba a robar. El homicida ya tiene cuatro condenas por robo calificado y tenencia de armas de guerra.

El “aprendiz” que quedó vivo le cuenta al Fiscal Hidalgo como fue el crimen. Foto: Gentileza.
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Una noche de agosto de 2016, en una rancho de Bajo Pueyrredón, Daniel “Tokín” Sosa enfureció, golpeó la mesa en la que había plata, armas, botellas de cerveza y unas cajas de pizza, y luego le dio una cachetada a uno de sus aprendices. “¡Acá hay alguien que se está escondiendo la plata en los huevos, y no le va a ir bien!”, dijo, aleccionador, mirando al otro aprendiz.

El que recibió la piña fue Héctor Rodrigo Zamora.  El otro era “Pedrito” Manuel Herrera. Ambos de 19 años, ladrones pupilos, que aprendían el oficio de “meter el caño” del experimentado “Tokín”, que a sus 40 años, pasó casi la mitad de su vida entrando y saliendo de las cárceles y engordó su prontuario con cuatro condenas por robo calificado y tenencia de arma de guerra.

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Ahora “Tokín” Sosa se enfrenta a su quinto juicio, esta vez por homicidio calificado, en el que podrían condenarlo a prisión perpetua. Está acusado de haber ejecutado, con un arma calibre 40, a Zamora, su aprendiz, porque se quedaba con parte del botín. En la Cámara 3° del Crimen, este jueves comenzarán los alegatos. El juicio tiene un testigo clave: “Pedrito” Herrera, el otro alumno, quien la semana pasada relató al tribunal la escena del homicidio, usando al fiscal de Cámara, Marcelo Hidalgo, como actor: empuñando un arma imaginaria,  le apuntó al funcionario a la altura del cuello, a corta distancia.

“Pedrito” Herrera, el otro alumno, quien la semana pasada relató al tribunal la escena del homicidio, usando al fiscal de Cámara, Marcelo Hidalgo, como actor: empuñando un arma imaginaria,  le apuntó al funcionario a la altura del cuello, a corta distancia.

El fiscal Marcelo Hidalgo en un momento de la audiencia. (Foto: Mariano Paiz / Archivo).

Según el expediente judicial, aquella noche del 3 de agosto  Tokín” les dio armas a los jóvenes y los llevó a robar. Iban a bordo de una camioneta Ford EcoSport robada.  El objetivo de esa noche -la “bolilla”, si se toma a esto como una instancia de “enseñanza aprendizaje”- eran las motos. Robaron una en barrio General Paz y luego fueron hasta la guarida, una casa precaria ubicada en pasaje Garay (paralelo a la calle Juan de Garay).

En el lugar, los hombres sintieron hambre y llamaron a un delivery. El repartidor llegó al lugar con el encargo de pizzas, en moto. En el juicio, “Pedrito” Herrera dijo: “Nos hicimos un delivery”. Quiso decir que le robaron la moto, la recaudación y comieron gratis. La noche terminó con la discusión y el cachetazo de “Tokín” a Zamora, a quien acusaba de esconder parte del dinero en los calzoncillos. Pero el asunto no pasó a mayores. Luego cada uno se fue por su lado.

A la mañana siguiente, según cuenta Herrera, mientras él y Zamora caminaban por el pasaje vieron venir a “Tokin”. Caminaba directo hacia ellos, con un revólver calibre 40 colgando de la mano. Hubo una discusión: el maestro acusaba a su alumno de haber pedido rescate por la moto robada, sin darle aviso. En intercambio fue breve. Según Herrera, su amigo hizo un ademán para desenfundar su Pistola Bersa calibre 22, pero no alcanzó a hacerlo. Tokín le apuntó al cuello -tal como el testigo lo mostró en la audiencia- y le disparó a corta distancia. La bala de grueso calibre atravesó al chico y fue a dar al frente de una casa. El cuerpo de Zamora cayó dos metros más allá.

Sosa comenzó a rondar las cárceles desde 1994, cuando aún era menor. Luego de varios ingresos por diferentes hechos, había terminado de cumplir una condena por tentativa de robo en febrero de 2016.

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