El intérprete de tango se siente feliz de concretar sueños como el de cantar homenajeando a Carlos Gardel en el mismo lugar donde pasó a la inmortalidad. Hablamos con el tanguero de sonrisa ancha.

En el Aeropuerto de Medellín (Colombia), donde murió Carlos Gardel, Ariel Ardit montó un escenario, convocó a la orquesta filarmónica de la ciudad y cantó. Se cumplían 80 años del día en que el zorzal criollo partió para siempre. El 24 de junio de 2015, Ardit miró al cielo y pensó “éste fue el último que vio Gardel”, sonrió y el tango se le hizo voz.

“El homenaje era muy importante porque canto tango por Gardel, si él hubiera cantado otra música, yo no hubiera sido cantor  de tango. Entonces, ser el homenajeador ante un multitud de más de cinco mil personas, es algo difícil de superar, a nivel artístico y sobre todo, la superación personal de haber dado ese paso”, le cuenta a ENREDACCIÓN desde su casa en la Ciudad de Buenos Aires.

El día que celebró a su ídolo confiesa que estaba muy ansioso y nervioso: “Me veía las manos y era todo en cámara lenta, no me acuerdo mucho lo que pasó durante el show, sí que bajé la vista para ver cuál tema seguía en la lista y era el último, o sea que en realidad se me pasó muy rápido”.

Nació en Córdoba en 1974 y desde los 8 vive en Buenos Aires. Aunque está lejos de tener edad para ser testigo del arrabal, sobre el escenario parece un cantor sacado de la época dorada del 2×4: traje de punta en blanco, zapatos  lustrados y sonrisa implacable.

“Primero que nada, me siento cantante.  El arte es el canto y el tango es la expresión.  Siento que no he llegado a ningún lado, me sigo preparando, nadie  me dijo que me recibí de cantor de tango”, asegura.

El concierto homenaje en Medellín lo registró en CD con el nombre de Gardel sinfónico y obtuvo la nominación a  los Premios Gardel 2017 en la categoría Mejor Artista Masculino de Tango, cuya entrega es el próximo 6 de junio. Antes lo había estado en los premios  Grammy Latino como Mejor Álbum de Tango. Además, en 2015 recibió  el Konex de Platino, en reconocimiento como Mejor Cantante de Tango.

Ariel siempre está con una sonrisa: “Todo lo que he logrado me permite seguir transcurriendo en la vida muy feliz. Soy muy agradecido del lugar en que estoy, tengo muchos motivos para sonreír”.

¿Por qué fue un sueño homenajear a Gardel en el Aeropuerto Olaya Herrera? 

Para todo el que canta tango el referente es Gardel, es el referente máximo. Para mí, como cantor de tango, poder hacerle un homenaje donde falleció, es un sueño, por él es que yo canto. Además, había visto un homenaje sinfónico en el año 1995, pero no cantaba nadie y sin querer me nació una idea de hacerle un homenaje como cantor frente a una orquesta sinfónica. También, entendí que era el momento mío, de animarme a correr ese riesgo. No hay antecedentes de que alguien lo haya hecho así. Toda esa combinación, el día, el lugar, era algo que había soñado.

¿Por qué era tu momento?

Básicamente tiene que ver con la madurez. En otro momento no me hubiera animado a gestionar como lo hice. Nadie me convocó a hacer el homenaje, empecé todo desde la nada, con el condimento de creer y apostar por algo, y cuando uno apuesta sobre uno hay que sentirse apto, al menos para intentarlo. Y en ese momento me sentía con la energía y la fuerza de salir a manguear todo lo que hacía falta: Una cosa eran tres guitarras, otra la sinfónica, y terminé consiguiendo hasta la televisación en vivo. Es muy difícil logar este tipo de eventos en el tango. Tenía las ganas y se dio.

¿A qué aspectos de tu personalidad le atribuís haberlo logrado?

Soy persevante y muy insistidor. Hay un montón de cosas a la que no les pondría tanta energía como la que les doy a los proyectos como cantor de tango. Nunca he visto la dificultad desde lo imposible, en su momento cuando quise armar la orquesta típica, muchos colegas incluso con antigüedad en el tango me decían que ‘no te conviene’, y para que funcione, sólo trabajé más. Me considero una persona muy perseverante, pongo empeño y estoy seguro de lo que quiero hacer. Después, un poco de paciencia, pero las cosas se logran.

¿Tenes algún nuevo sueño?

Hasta que no los tengo encaminados no los cuento. Estoy muy involucrado como cantante en  llevar la imagen de cantor de tango a otros ámbitos, ocupar otros espacios o recuperar algunos donde el tango ha perdido terreno, como el cine. La visión mía para un futuro es poner la imagen del cantor de tango en otros ámbitos de difusión, donde hoy no está accediendo. Esto es potenciador para las generaciones que vienen  y para el tango, que no quede estático en un solo espacio. La intención es llevarlo a otros medios, que es como ha ido creciendo la música, no dejarlo sectorizado. Es un riesgo que como intérprete puedo animarme a correr.

¿Las nominaciones, en este caso al Gardel, qué te generan?

En mí, generan entusiasmo, de poder tener un reconocimiento, y cuando se gana, ese reconocimiento se hace notorio hacia los demás. En la previa a los premios, se alimenta una ilusión, cuando no lo ganas pareciera ante los demás que  no se dio, y sin embargo ahí uno confirma que el trabajo que se hizo está bien igual. Cuando tenés la posibilidad de haber ganado, como el Konex, que es un premio muy prestigioso, me dije “fuaaa”. Sin embargo, después al otro día no me llamó nadie para contratarme por haber ganado, ni tampoco dejaron de llamarme por no haber  ganado. Siempre prefiero ganar los premios, porque  en el disco se ve involucrado el trabajo de más personas, es una alegría compartida.

¿Qué es el éxito para vos?

Tengo diferencias con el éxito, no sé cuál es la definición de exitoso en el arte y para los trabajadores de la música. En un jugador que gana un torneo, sí la veo, pero en mi caso no, porque no entiendo al canto como una competencia por sobre otro, en todo caso es una competencia leal con uno mismo. Si tengo que medirme desde la primera vez que entré en un boliche a cantar  a ahora, sí me considero exitoso. Es el éxito por el que trabajé y seguiré trabajando y defendiendo. A los ojos de los demás, el de la mediatización y la popularidad, bueno, tal vez no sea exitoso. Para mí, haberme propuesto metas y cumplirlas me hace sentir exitoso, y sí además esos proyectos me han aportado la felicidad de concretarlos, y esa felicidad hace de mi un tipo contento, me considero súper exitoso. Si hago un análisis separando lo popular y lo masivo: la popularidad la entiendo y la disfruto, las relaciones con la gente del medio, los periodistas, que te hacen sentir querido y reconocido; mientras que la masividad es algo a lo que el tango no accede.

¿Quién escucha tango hoy?

El que haré es un análisis parcial. Me he dado cuenta, en parte con las redes sociales, que hay un público más joven escuchando tango. Hace 10 años había un público joven bailando, que no necesariamente sabía del tango como música, y eso ha ido cambiando. Veo muchos jóvenes escuchando e interesándose, y es algo muy importante. Por supuesto, hay distintas maneras de escuchar, está también el tanguero que escucha radio todo el día, y tal vez, no es el público que saca la entrada de un show, es más milonguero, va a bailar y quiere escuchar al cantor que sea. Es saludable para el género ver más gente veinteañera, me parece que tiene que ver con la vitalidad del recambio generacional desde los ’90, donde hay pibes que tocan bandoneón y arman su grupo. Hay en juego mucha gente joven.

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