Los Románticos del Porno desafían los pensamientos eróticos mostrando carne y cueros. Tres monólogos que se hilvanan con una historia compartida: el sueño de ser actores de una película porno.

“El porno ya no es tabú”, dice con seguridad Alejandro Orlando, creador de Los Románticos del Porno. La respuesta del público parece confirmarlo. En las tres funciones de Quality Espacio, las risas acompañaron cada frase que, algunos años atrás, podrían haberse llevado más de un “ohhh”.

La obra tiene en escena a Marcelo Arbach, Gabriel Marasini y al mismo Orlando, conocido por Los Modernos. Los muchachos sacaron los cueros y las tachas a brillar el mismísimo viernes santo, continuaron con funciones hasta el domingo y para esta semana repiten el esquema (Ver Agenda).

“Estuvimos nerviosos para el estreno. La venimos ensayando hace mucho y esto es a prueba y error. Estamos sorprendidos por la respuesta del público y el laburo hecho”,  le confiesa a ENREDACCIÓN, Alejandro en el camarín antes de subir a la función del domingo, mientras se toma un mate tranquilo apoyado contra la pared.

“Más que rituales, la previa es concentrarse y repasar algunas cosas”, cuenta Gabriel sobre el detrás de escena del grupo. “También laburamos para cambiar sobre la marcha cosas que no nos gustaron de la función anterior”, agrega Orlando. Esos detalles pueden ser el mismo final si hace falta. “De acuerdo a la respuesta del público, se acorta, se espera…”, explica Marcelo.

Los románticos son bien románticos, cursis, pero queribles: Gabriel mira el pasado y recuerda su adolescencia con añoranza; Marcelo, un tipo casado y que desea fervorosamente una revolución para convertir el porno en “popular, social y educativo”;  y Alejandro, que casi llega a los 50, vive con su mamá, es virgen y tiene un vínculo “especial” con un oso de peluche. La pornografía es mirada desde el ángulo de estos tres personajes, que están conectados entre sí porque, en 2001, quedaron seleccionados para filmar una película porno, que finalmente no se realizó porque los fondos destinados quedaron atrapados por el corralito. Ahora vienen por su revancha, filmarán la propia y harán su propio casting.

“El 2001 es una excusa dramatúrgica para desarrollar la idea del porno, que es el tema sobre el que me interesaba hablar, porque ha dejado de ser un tema tabú”, cuenta Orlando.  El objetivo es abordarlo “sin golpes bajos y sin que fuera chabacano. En eso nos esforzamos para que tenga su altura el espectáculo”. Para lograrlo, el humor es el gran aliado durante toda la obra.

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