El entonces joven diplomático Tex Harris se quejaba de que las autoridades de la Embajada en Buenos Aires censuraban parte de sus informes acerca de las violaciones de derechos humanos y las actividades de las organizaciones que pugnaban por la libertad de los presos políticos. En un cable de 30 páginas, Harris criticaba al embajador Raúl Castro, tachaba de “cosméticas” las señalas que Videla intentaba dar al mundo y denunciaba una doble moral entre los diplomáticos yanquis, que por un lado proclamaban la defensa de los derechos humanos, pero por el otro hacían lobby para venderles helicópteros de combate a las juntas. Un documento inédito.

Diplomático comprometido. Tex Harris trabajó en la Embajada de Estados Unidos en Argentina durante la dictadura. Su compromiso por los derechos humanos le valió más de un conflicto. Foto: Americasdiplomats.com.

 

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Ayer se conocieron nuevos cables desclasificados del Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Uno de ellos incluye la transcripción de un mensaje que fue grabado por Tex Harris, un ex funcionario de derechos humanos en la Embajada de Estados Unidos en Argentina, y destinado al Departamento de Estado en el que denuncia actos de censura.

El documento confidencial de 30 páginas revela la frustración de Tex Harris ante el hecho de que sus superiores decidían bloquear sus reportes de información en los que detallaba acerca de las violaciones a los derechos humanos en Argentina, evitando que lleguen de al Departamento de Estado en Washington. “He llegado a un punto en el que creo que la Embajada ha sobrepasado los límites de la responsabilidad profesional y ahora está limitando y retrasando la información a Washington para así afectar las decisiones políticas”.

El cable está fechado el 31 de mayo de 1978, épocas en que la dictadura de Videla comenzaba a sufrir los embates de la diplomacia internacional, encabezada por Francia a partir del secuestro de dos monjas de esa nacionalidad.

También la Embajada de Estados Unidos, tras el cambio de gobierno republicano al demócrata, en manos de Jimmy Carter, comenzó a mirar con otros ojos y otras exigencias lo que sucedía en nuestro país. Fue así que Jorge Rafael Videla se vio obligado a emitir “señales” de moderación ante un escenario internacional que ya no tenía duda de los horrores que se habían vivido en Argentina.

“Entramos plenamente en lo que ustedes denominaron la ‘etapa dos’, de las acciones fáciles y cosméticas por parte del gobierno de Argentina”, dijo Harris, comentando acerca de la liberación de de 387 presos políticos a disposición del PEN durante la Navidad de 1977. “Fue el primer paso seguido por la publicación de un curso de unas 3.600 personas que todavía se hallan a disposición del Ejecutivo”, se lee en el documento que salió a la luz.

POCA O NULA INFLUENCIA SOBRE WASHINGTON

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Los avances que lograba Harris luego de reunirse con cientos de familiares de víctimas que eran recibidos en la Embajada comenzaron a molestar puertas adentro de esa sede diplomática. Y el funcionario lo sabía: “La situación en la Embajada está empeorando de manera perceptible. Existe un creciente reconocimiento de que la Embajada tiene poca o nula influencia en las decisiones políticas tomadas en Washington”, sostuvo en una cinta enviada al Pentágono.

Allí se quejaba del rol que parecía jugar la Embajada en Buenos Aires, describiéndola “convencida de que debe desempeñar un papel importante en la moderación de las políticas de derechos humanos del presidente, con el fin de evitar rupturas graves, innecesarias e improductivas en nuestras importantes relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos”.

En tal sentido deslizó críticas al embajador Raúl Castro, diciendo que su tarea se centraba en “hacer un buen trabajo en materia de relaciones públicas”. Sigue su relato: “Viaja por el país diciéndoles a los argentinos que tienen una imagen negativa en el mundo, que tienen que restablecer los procedimientos legales con los que tratan a los delincuentes en su sociedad, etc. Se dedica a hacer declaraciones públicas. Pero realmente no está ejerciendo control sobre la Embajada, se halla relajado y fuera de las operaciones diarias”.

“Yo no creo que el Embajador haya redactado ni un solo mensaje desde que asumió”, criticó  Harris.

“Yo no creo que el Embajador haya redactado ni un solo mensaje desde que asumió”, criticó  Harris. “Está muy preocupado de que los esfuerzos que ha hecho Carter por los derechos humanos en América Latina puedan haber arruinado nuestras relaciones con Chile, Uruguay y Brasil, y pronto puede saltar con la Argentina, lo cual tendrá serias implicaciones para la reelección del presidente Carter en 1980”.

Años agitados. Un joven Tex Harris junto a su esposa en una foto tomada en 1982, pocos años después de haber regresado de su paso por la Embajada en Buenos Aires. Foto: Buenos Aires Herald.

LA MISERIA PLANIFICADA Y SUS CONSECUENCIAS

La preocupación de Harris se asentaba sobre el escenario económico ruinoso que estaba enfrentando el gobierno de Videla y el pueblo argentino, bastante parecido a aquella “miseria planificada” que escribió Rodolfo Walsh en su recordada Carta Abierta a la Junta. “El país está atravesando una recesión. Leemos en los periódicos acerca de los despidos: General Motors despidió ayer a 600 trabajadores, la industria textil está en descenso, la industria de los tractores también”, señaló Harris, considerando que la economía argentina estaba “sintiendo los efectos de una presión monetarista muy rigurosa aplicada por Martínez de Hoz. Es una medicina dolorosa”.

La lectura política que hacía sobre la realidad económica tenía que ver con la posibilidad de un recrudecimiento de la represión, que debería reformular sus objetivos militares. “Mi verdadero temor es que en los próximos dos o tres meses veamos una creciente agitación laboral en Argentina y que las fuerzas de seguridad represivas sean redirigidas en el sentido de volver a poner en su lugar a los trabajadores mediante una política de desapariciones, lo cual les dará una nueva razón para el mantenimiento a largo plazo y la continuación de las fuerzas de seguridad represivas del gobierno”, advertía el diplomático. “Las fuerzas cambiarán sus objetivos. Se dirigirán mayores esfuerzos contra la subversión en los sindicatos y en la educación. Esto reemplazará a la guerra contra el terrorismo”, premonizó sin equivocarse.

En este pasaje, Harris anticipa la avanzada contra las organizaciones de derechos humanos. “Las fuerzas cambiarán sus objetivos”, advirtió al Departamento de Estado.

Harris acusaba a la Embajada de su país en Argentina de “esconderle la pelota” al Departamento de Estado. Entre sus enumeración, dijo que una de las pelotas que ha sido escondida “ha sido la relativa a la subversión intelectual”.

Cuenta el cable en el que se transcribe la cinta grabada por Harris, que remitió diversos informes en los que se relataban “eventos relacionados con las fuerzas de seguridad de Argentina que fijaban como objetivos a individuos debido a su subversión intelectual. Esto ha sido abordado en todos los mensajes que salieron”, manifestó.

El relato continúa diciendo que en esa misma semana de finales de mayo del ’78, uno de los agregados militares estadounidenses “recibió uno de estos informes que le fue devuelto de la oficina central, en el cual uno de sus contactos militares en la Fuerza Aérea Argentina describía los esfuerzos del gobierno para desmalezar a los marxistas y los subversivos”.

El problema para Harris era entender que la dictadura había pasado a una segunda etapa “en relación a fijar objetivos de subversivos”. Consideró entonces que se había ingresado “en la etapa en la cual tres de las víctimas resultaron miembros de sindicatos, organizaciones de derechos humanos y otros grupos”, y que eran fijados como objetivos “no debido a que sean terroristas ni subversivos marxistas, sino porque están llevando a cabo actividades de trascendental interés para el Estado”.

NEGACIONISMO DIPLOMÁTICO Y CENSURA

En varios pasajes de la transcripción del mensaje de Harris, quien tenía 37 años en 1978 y hoy tiene 77, refiere a los problemas de falta de imparcialidad de la embajada en lo relativo a la presentación de informes. De ese modo describe la interna en esa sede diplomática, criticando “la negativa de la Embajada a informar acerca de la reacción entre los grupos de derechos humanos locales a la divulgación por parte del gobierno de la lista de detenidos a disposición del PEN”.

Incluso denota acciones de censura deliberada, al denunciar que habían sido borrados “los párrafos acerca de la reacción de parte de los organismos de derechos humanos”, que él mismo había redactado.

Así es que sostiene que el cuerpo diplomático estaba “puliendo las buenas noticias y demorando u homogeneizando las malas noticias”, y va más allá al decir que han “llegado a un punto en el cual simplemente no estamos informando determinadas cosas”.

Están puliendo las buenas noticias y demorando u homogeneizando las malas noticias”.

En su discurso se permite cierta desazón respeto de sus colegas en la embajada, algo que expresa con cierta ironía: “Ante otra persona, todos estarán de acuerdo en que los DDHH son una parte trascendental de nuestra política exterior y de nuestra idiosincrasia nacional. Sin embargo, no nos negaremos a venderles sofisticados sistemas de comunicaciones, gases lacrimógenos o helicópteros, como una expresión de nuestra preocupación con la situación de los DDHH en Argentina”.

En marzo de 2016, Tex Harris fue entrevistado por Buenos Aires Herald, en el marco de cumplirse el 40 aniversario del golpe de 1976. El periodista Santiago del Carril le preguntó porqué se terminó yendo de la embajada en nuestro país. La respuesta va en consonancia con el cable conocido ayer.

“El ambiente se volvió realmente opresivo para mi familia y para mí. Y había mucha tensión en la embajada porque estaban muy molestos por mis informes sobre Derechos Humanos. El embajador consideró que ello socavaba su influencia sobre la política de los Estados Unidos hacia la Argentina, permitiendo que Patt Derian y su Oficina de Derechos Humanos dictaran políticas desconociendo sus objeciones. Me echaron por no ser un jugador de equipo”, sostuvo.

Ayer se conoció lo que Harris grababa y escribía casi 40 años antes de dar esa respuesta al periodista. Y ambos discursos -el del 78 y el de 2016- siguen coincidiendo.

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