El cineasta cordobés estrenó en tierra propia su opera prima “La mirada escrita”, luego de recibir elogiosas críticas por su trabajo. Un joven talento que empieza a brillar.

Sergio Zapata (Franco) y Eduardo Rivetto (Pedro), en una escena de La mirada escrita. Foto Gentileza La mirada escrita.

Para cada respuesta, las palabras de Nicolás Abello suenan con la confianza de alguien que está seguro de lo que hace. Tiene 24 años, una voz que lo disimula, y una película en su filmografía como director, que empieza a ubicarlo como una promesa del séptimo arte.  “La mirada escrita” se estrenó en el BAFICI a fines de abril (Festival Internacional de Cine Independiente) y el jueves 1 de junio tuvo su presentación oficial en Córdoba.

“Se siente fantástico, siempre esperábamos estrenar en el Cineclub Municipal porque estaba escrito en el guión de una manera muy sutil, la peli tiene un guiño interno donde se hace referencia al espacio. Teníamos esa expectativa de estrenar acá,  poder compartirla, soltarla y sentir que se cumplió el objetivo”, le dice el cineasta a ENREDACCIÓN respecto del estreno en su ciudad. La mirada escrita surgió como parte de una materia de la carrera de Cine y Televisión de la UNC, y fue financiada casi en su totalidad por el equipo de Abello.

Con un nuevo guión a la mitad del proceso de escritura, este joven realizador asegura que tiene la calma necesaria para pensar lo que se viene y recorrer el camino que se le abre adelante. Es parte de la productora Vientosur Cine junto a María Aparicio (Las calles) y Emanuel Díaz (Co-guionista de La mirada…), por eso cualquier reflexión sobre el futuro para Abello es colectiva: “De alguna manera nos pensamos siempre en conjunto, somos amigos a los que les gusta mirar y pensar cine, y en última instancia hacerlo. Tenemos la voluntad de seguir aprendiendo y es esencial, sobre todo ahora que el cine digital nos permite filmar. Hay que problematizar eso y encontrar las dificultades en la filmación, porque ahí aparecen las cosas más interesantes Hacia adelante vemos mucho camino para explorar, algo lindo, por eso lo hacemos sin presión”.

Su primer largometraje se inscribió dentro del cine de género, al que definió como un homenaje al modo de pensar la cinematografía de Alfred Hitchcock. Incluso, el disparador fue un libro: El cine según Hitchcock.  Su segunda película continuará en la misma dirección, con la convicción de profundizar el camino iniciado con La mirada escrita.

La mirada escrita recibió muy buenas críticas ¿Te las esperabas?
Si hemos recibido muy buenas críticas, pero no las esperaba en absoluto. Uno trabaja e hicimos una película teniendo en claro que si la hacíamos como lo pensábamos iba a ser una buena película, eso no estaba en duda. A veces cuando uno dirige un proyecto, tiene una expectativa inicial y el mismo rodaje y lo que va sucediendo, te hace tener un contacto con la realidad muy distinto a lo que pensabas. De hecho, pasaron muchos años desde el rodaje hasta el estreno, yo pensé el film  cuando tenía 21 años, ahora tengo 24, no es que soy tanto más grande, pero cambié y fui aprendiendo cosas en ese tiempo, que quizá la peli no me termina de responder ahora. Lo interesante de eso, al momento de estrenar, es que ya tenía las expectativas bajas. Soy muy consciente de la película, de sus limitaciones. Con las críticas te das cuenta que se entiende, logramos cerrar el círculo, las primeras ideas que hicieron que comenzará el proyecto son las que reaparecieron ahora. Me pone muy contento.

¿Cómo viene siendo la relación con el público?

Cuando estábamos guionando la peli, pensamos mucho las cámaras, pensando que el público debía, de alguna manera u otra, sentirse parte en esos momentos cinematográficos. Lo increíble que tres años después estrenás la peli y sucede realmente, es algo mágico, es propio del lenguaje. La recepción me parece que es fantástica desde esa perspectiva, se entiende y hay un proceso compartido. Y después está el cariño propio de ser  peli cordobesa, que tiene la misma tonada y que no han visto muchas de este origen. Lo lindo es que es un arte noble y lo que te van a decir, siempre es positivo, y eso es gratificante.

No es el mismo tono que muchas de las películas cordobesas ¿Qué tipo de cine te interesa?

No tiene ese tono, pero al mismo tiempo no surge así para diferenciarse. De hecho, me gusta mucho el cine cordobés. Además, por ejemplo, Las Calles (de María Aparicio) para mí es tan propia como La mirada escrita, más allá de que ella es la directora, participé del proceso de guionado y fui asistente de dirección. No divido en roles a la hora de ver las pelis de las que formo parte, las analizo desde una perspectiva más general. Sí tengo un gusto particular por el cine popular, más cercano a la gente, más  amable o digerible, las películas que tienen un contacto más grande con el público. Queríamos avanzar sobre esa idea. Además, el lenguaje cinematográfico funciona de manera distinta en estas películas, queremos entender cómo funcionan los lenguajes en relación al público. El cine que nos interesa es el que consumimos, yo soy cercano al cine clásico, pero tomo siempre como referencia al lenguaje, que las pelis sean como sean, pero buenas, y que individualmente sean especiales.

¿Cómo es hacer cine en Córdoba?

Creo que es principalmente un terreno inexplorado. No porque no lo haya hecho nadie antes, se hace cine desde hace muchos años, pero podríamos decir que esto que comenzó con De Caravana, Hipólito y El invierno de los raros es el cine cordobés contemporáneo. Se filmaron muchísimas desde ahí, y para una ciudad de este tamaño siguen siendo una exploración sobre un terreno medio desconocido. La mirada escrita, desde lo individual, era la primera película de muchos y es una más para una disciplina que tiene que crecer, porque necesita de las otras películas locales para poder entender de que se trata.

La mirada escrita

Ana transcribe la noticia de un crimen cometido noches atrás en la ciudad. Rodeada por sus colegas, sus ojos perciben algo extraño; la mirada del asesino se fijará en ella. Mucho suspenso y un gran personaje.

Con Gabriela Beltramino y Santiago Zapata.

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