En esta columna, su autor desnuda el papel de los gobernadores en el reciente Pacto Fiscal con el presidente Mauricio Macri y analiza el futuro de Juan Schiaretti y el peronismo provincial.

El presidente Mauricio Macri y el gobernador Juan Schiaretti. Foto: Prensa Gobierno de Córdoba.

(Por Carlos Vicente *). La reforma laboral, impositiva y previsional, que anuncio Macri y presentó como proyecto al Congreso Nacional significa, más allá de su denominación, un paquete legal que persigue instrumentar una política de ajuste de carácter permanente. Uno de los objetivos centrales que se plantea, es disminuir el salario de los trabajadores, tanto en la remuneración que perciben de manera directa, como en las prestaciones indirectas y diferidas como son las jubilaciones.

Para llevar este “paquete” adelante, se ha propuesto como mecanismo básico fragmentar la oposición, y para ello, sacar del medio a los gobernadores y la CGT. A los gobernadores aplicando el “apriete” en la transferencia de recursos presupuestarios a cuentagotas. A la cúpula CGTista, mediante “carpetazos” y el manejo discrecional del reparto de los fondos del sistema de salud.

Esta cruda imposición de su política de ajuste permanente, Macri la ha presentado como un Pacto Fiscal con las Provincias y un acuerdo social entre empresarios y trabajadores.

Esta cruda imposición de su política de ajuste permanente, Macri la ha presentado como un Pacto Fiscal con las Provincias y un acuerdo social entre empresarios y trabajadores.

El primer paso lo ha dado en el acuerdo con los Gobernadores, por su impacto institucional-territorial y por los votos que estos pueden aportar en el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación. El gobernador de Córdoba ha sido una pieza central en este dispositivo, a los fines de romper la resistencia opositora que pudiera surgir del PJ, y disciplinar al conjunto. Schiaretti se ha comportado como el mejor alumno de Macri en esta tarea de instrumentación jurídico-político de este paquete legal de ajuste permanente.

Schiaretti se ha comportado como el mejor alumno de Macri en esta tarea de instrumentación jurídico-político de este paquete legal de ajuste permanente.

No le faltan meritos y antecedentes en la materia: fue el Secretario que desguazo la Industria Nacional durante el Ministerio de Domingo Cavallo en los años ‘90, y quien hoy es su  Ministro de Economía en la Provincia (Osvaldo Giordano),  fue el artífice y autor de leyes paradigmáticas del neoliberalismo menemista como la de privatización de las Jubilaciones mediante las AFJP  y la Ley de Riesgos de Trabajo, que vino a demoler el primer sistema de protección de accidentes de trabajo de Suramérica.

Por ello, no es casual que ahora haya adherido a la modificación macrista de la ley de riesgos del trabajo, mediante un  Convenio bochornoso entre  la Superintendencia de Riesgos del Trabajo de la Nación y la Provincia de Córdoba, para viabilizar el “saneamiento” de una parte de las decenas de declaraciones de  inconstitucionalidades que  Ley de Riesgos obtuvo de sucesivos fallos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En estas últimas semanas estuvo a la cabeza de los gobernadores en la firma del Pacto Fiscal con el Presidente, que con el argumento de la preservación de los fondos coparticipables de las Provincias, lo que en realidad han hecho es consensuar que le escamoteen fondos al ANSES, desfinanciarlo,  y en definitiva avalar la baja de las jubilaciones y el aumento de la edad, que es lo que efectivamente está en discusión. Parte sustancial del acuerdo real, y de las imposiciones de Macri, es bajar los sueldos y la planta de personal de empleados públicos provinciales.-

Pero este deseo Schiarettista de ser “el verdadero” representante del conservadorismo va en dirección opuesta a lo que ocurre social y políticamente en Córdoba.

En primer lugar, porque  la aplicación de estas medidas va en contra de los trabajadores y será generadoras en el tiempo de fuertes reacciones. La CGT Regional Córdoba, y sindicatos poderosos cómo UEPC y Luz y Fuerza han dado señales claras de transitar en ese sentido, y por lo tanto más tarde o más temprano van a quedar enfrentadas al Gobierno Provincial. Por lo que, el remanido argumento de la unidad alrededor del Partido Justicialista en Córdoba para enfrentar a Cambiemos en el 2019,  va a encontrar dificultades y es posible que quede en palabras solamente, por un lado por las políticas de adhesión al macrismo y por otro, por el fuerte el cuestionamiento que abre  en parte de la CGT y los gremios.

El festejo de Héctor Baldassi en el Holliday Inn. Foto: Sebastián Salguero / Archivo.

En segunda instancia, porque  parece empeñado en no registrar los resultados de las últimas elecciones que han modificado los roles de los actores de la política en Córdoba. El espacio del centro a la derecha, y del antikirchnerismo ha cambiado de titular, Cambiemos se siente muy cómodo en ser su nuevo vocero y apunta en estos próximos dos años a trabajar la consigna del final de ciclo y  quedar con el slogan del cambio…. hacia la derecha.

Qué lugar queda entonces para el proyecto Schiarettista de hacerse fuerte en una buena relación con el gobierno nacional, avalando sus políticas, mostrando que es el mejor alumno, y pretendiendo construir un liderazgo en un PJ moderado enfrentado al Kirchnerismo.

Si bien esta posición le abre camino para su estrategia nacional de un PJ conservador cercano a Macri, en el plano provincial le puede significar seguir perdiendo apoyo, como de manera muy clara quedo expresado en la última elección legislativa, y ser quien paga los platos rotos del ajuste.

Las políticas conservadoras de Cambiemos y el seguidismo de  Schiaretti dejan un espacio vacante, que  hasta hoy está sub- representado política y electoralmente por las expresiones del Kirchnerismo, más o menos peronista, de la izquierda y el progresismo, que no han encontrado la manera, o no han tenido la perseverante voluntad de construir un proyecto democrático – popular que exprese y aglutine a las distintas manifestaciones opositoras al conservadorismo en Córdoba. Expresiones que muestran cotidianamente su vitalidad desde la movilización por derechos humanos e igualdad de género, la defensa del bosque nativo y el ambiente, la marcha de la gorra y la defensa de la educación pública, hasta la siempre potentes y masivas luchas sindicales distantes de la cúpula porteñas.

* Abogado.

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