El músico y nieto de Estela Carlotto estuvo en Córdoba. Conversamos con él sobre su vida, la creación artística, la política y la recuperación de su identidad.

Ignacio Montoya Carlotto. Foto Gentileza.

La primera vez que escuchó una banda en vivo, Ignacio Montoya Carlotto supo que eso era lo que quería. Tenía nueve años, había ido un baile en el pueblo de Colonia San Miguel, en la provincia de Buenos Aires. Enseguida empezó a tomar clases de piano, a las cuales iba en bicicleta y a la vuelta pedaleaba memorizando los ejercicios para poder repetirlos en los quince minutos diarios que sus padres Hurban le permitían de ensayo. Vivían en el campo y la luz eléctrica era un recurso escaso.

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Algunos años después, el mismo día de su cumpleaños número 36 se enteró que era adoptado y que, en realidad, había sido apropiado por los militares durante la última Dictadura cívico-militar. Sus padres biológicos eran Laura Carlotto y Oscar Montoya, es decir que era el nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Su madre lo había llamado Guido cuando nació en 1978, en honor a su abuelo.

Causalidad o casualidad, en su familia biológica había varios músicos: su padre era baterista, su abuelo paterno saxofonista y su abuelo materno, un melómano, amante del jazz. Por su parte, él se convirtió primero en pianista, y luego en compositor y arreglador. “En mi caso la creatividad es una herramienta para salir de las incapacidades. Cuando empecé me costaba estudiar, sobre todo sacar de oído y copiar la música de los demás, me era más fácil inventar una canción que aprenderla de la radio. De ahí es que arranco con esto de escribir”, le cuenta a ENREDACCIÓN durante su visita a Córdoba.

A nuestra ciudad llegó con el formato dúo, compartiendo la escena de Cocina de Culturas con Valentín Reiners en guitarra. Pero también se presenta como solista, formato bajo el cual recientemente lanzó Reflexiones, y está el frente de múltiples grupos musicales: Sep7eto, su principal formación; Trío; Tango Dúo; y Forasteros Blues. “Cambian los proyectos, pero el enfoque, la búsqueda musical es la misma, incluso la gente con la que toco. Es como los escritores que tiene su temática y escriben alrededor de eso, lo mismo los pintores. Voy como encontrando mis paletas de colores y no importa con quien los toque. Salvo la banda rock, el resto es la misma música, la misma mirada desde distintos lugares y con diferentes herramientas”, explica sobre sus múltiples trabajos.

Ignacio Montoya Carlotto, el músico y nieto de Estela Carlotto. Foto Gentileza.

Voy como encontrando mis paletas de colores y no importa con quien los toques. Salvo la banda rock, el resto es la misma música, la misma mirada desde distintos lugares y con diferentes herramientas

¿Por qué el piano?

Tengo varias teorías. Una de ellas es que en la casa de los patrones, grande y deshabitada, pero llena de cosas, había una pianola. No funcionaba, pero fue el primer instrumento que vi en mi vida. La otra, aquella vez cuando escuchaba la banda de mi pueblo, cuando recién entraban al país los teclados japoneses. En el grupo había dos y los tocaban como si fuera una guitarra de roqueros, creo que me impacto el rol del instrumento.

¿Cuáles son los mejores recuerdos de tu vida en el campo?

Primero una relación con el paisaje, lo que conforma parte de todo lo que uno dice. Mucha calma. Una infancia muy feliz, mucha interacción con la naturaleza, construir mis propios juguetes, inventar. Luego cuando empecé a leer y se me abrieron universos internos que ni me imaginaba, mundos maravillosos que sigo cultivando. Tengo recuerdos de andar, de mucho juego, también de mucho trabajo, pero entendido como en el campo, como algo tranquilo y natural.

¿Qué relación tienen tus padres Hurban con la música?

Les encantaba. Cuando manifesté mis primeros deseos de tocar me apoyaron con todo lo disponible. Les gustaba, íbamos a los bailes y bailaban, aunque no la practicaban en primera persona porque no tenían acceso por el lugar donde vivíamos. No habían tenido muchas posibilidades más que relacionarse esporádicamente. Me lo han dicho.

¿Por qué la militancia en la música no?

No me gusta cierta idea de militancia en mi música. Silvio Rodríguez tiene una fuerte entrega y es bárbaro. Lo que siento es que en mi música abarata la factura final. También tiene que ver con la mirada propia. Pienso que las posiciones políticas son duales, como lo son las posturas religiosas, no hay nada en el medio. Todo esto que me ha pasado me ha llevado a ahondar de manera obligada en la mirada de las cosas, no tener esa mirada dual para poder ser profundo y metafórico.

Todo esto que me ha pasado me ha llevado a ahondar de manera obligada en la mirada de las cosas, no tener esa mirada dual para poder ser profundo y metafórico.

¿Qué fue lo primero que quisiste saber de tu mamá Laura?

No tuve mucho deseo de saber algo específico. Me movilizó más la búsqueda, más allá de quiénes eran mis padres. Fue una decisión más cívica al saber que podía ser uno de esos nietos, hubiera sido poco menos que una canallada no hacerlo, por eso fui hacerme la extracción de sangre. Tampoco tuve mucho tiempo porque me contaron todo de pronto. La identidad es una construcción, las relaciones también, y esa construcción se puede hacer cuando esta la otra persona ahí para que se genere el ida y vuelta, en este caso no puede y no queda otra que conocerla a través de la mirada subjetiva de otro. Además pasaron cuarenta años, es muy difícil.

Decís que el encuentro es siempre mirado desde el lado de la abuela ¿cómo sería mirarlo desde el lado del nieto?

La mirada que se ve es la de la búsqueda, porque es la de toda la vida. Entonces es natural que se tenga una mirada muy desde ese lugar. Sin embargo, se trata de una mirada que tiene dos posibilidades en esos tonos más fuertes. Cada vez que aparece un nieto nuevo, me alegro, me pone feliz, pero también entiendo esa noticia desde lo que yo viví. Esa alegría que es legítima de los que han buscado toda la vida., sin embargo para quien es encontrado, en algunos casos, es una piedra, incluso abre puertas a algunas cuestiones que son hasta trágicas también. Mientras todo el mundo se ponía muy contento con el encuentro, para mí había una tragedia que se empezaba a desatar ese día. Es tan contradictorio. Fue muy duro y muy difícil lo que he vivido, aunque si pudiera volver atrás el tiempo no lo esquivaría. Debía suceder y está bien.

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