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“Hay que estar atentos frente a la proliferación de noticias truchas de ciencia”

Martes 20 de Octubre de 2020

“Hay que estar atentos frente a la proliferación de noticias truchas de ciencia”

Diego Golombek cuenta la ciencia de una manera tan descontracturada, como cuando se sienta en la sala de prensa del Congreso Internacional de la Lengua Española. Una pierna en el apoya brazo del sillón, cambio de voces y bromas, son algunos de sus métodos para que su auditorio no desvíe la atención. Y lo logra. Puede hablar de la historia de la ciencia o del contenido de sus investigaciones en cronobiología y neurociencias como si se tratara de un cuento.

Enredacción Socios
Manula

El investigador del CONICET fue parte de la programación oficial del VIII CILE como integrante del panel La comunicación del pensamiento científico en español, y, además, brindó la conferencia “Cómo comunicar ciencia y no morir en el intento”, en el marco del Festival de la Palabra.

Durante su ponencia en la mesa del Congreso dijo sobre el tema en debate: “La ciencia puede ser poesía, no tiene que ver con el idioma, sino con comunicar bien. Para la literatura, no importa el idioma sino cómo se escribe y que se comunique claro”.

¿Por qué existe la posibilidad de “morir en el intento” de comunicar la ciencia?

No conozco muchos difuntos, pero el camino está lleno de heridos. El problema es quién la cuenta, cómo la cuenta y a quién se la cuenta. Son tres preguntas fundamentales en la comunicación científica. ¿Quién tiene que contar la ciencia al público general? ¿Los que están especializados en hacer ciencia o los  especializados en la comunicación? Me parece que ninguno de ellos, los dos o un hibrido. Fallamos en esa hibridación, en poder dotar al científico de las herramientas básicas para comunicar y al periodista, de una base científica sin la cual no puede hablar de ciencias. Desde ambos rings estamos fallando. Por ejemplo, en las facultades de grado de ciencia no hay nada de comunicación y en la de comunicación no hay nada de ciencia.

¿Cómo contarlo? Acá hay que diferenciar entre hacer noticias de ciencia, es decir periodismo científico, de contar la ciencia, y lo que se llama divulgación o comunicación pública de la ciencia. Cada una tiene sus recursos y métodos, sus yeites. Quizás el de las noticias sea el más conocido, sin embargo se cae en la tentación de un formato periodístico que a mí me gusta llamar “un grupo de científicos”, que generalmente son de una Universidad con ch, como la de Michigan. Esas noticias no dicen nada, aparecen como algo rimbombante, pero no podés averiguar qué hay detrás de esto. Por otro lado, contar la ciencia implica aprovechar al máximo los recursos que te brinda un formato. Si estás haciendo un programa, acordate que es tele y que la gente está haciendo zapping; si estás escribiendo un libro, hacé literatura.

¿Para quién? Un error que cometemos es que estamos tan apasionados por lo que contamos, que creemos que del otro lado están todos iguales. La gente piensa que la ciencia le es ajena y nosotros tenemos que convencerlos, esa es nuestra tarea, de que la ciencia es parte de la cultura y parte de todos.

¿Hay cierta resistencia de los científicos en volcarse a la divulgación?

Los científicos no están obligados a hacerlo, pero creo que sí deberían hacerlo como parte de su profesión. Lo que sí, tienen que estar dispuestos a colaborar, si un periodista te llama, no podés decirle “no, estoy con el último paper”. Históricamente hay mucha resistencia, para nuestros próceres de la ciencia era una pérdida de tiempo dedicarse a esto. Por suerte, esto ha cambiado mucho y las nuevas generaciones de científicos son más conscientes de que contar lo que hacemos es parte de nuestra tarea, no algo que para realizar en nuestro tiempo libre, es parte de nuestro trabajo.

La gente piensa que la ciencia le es ajena y nosotros tenemos que convencerlos, esa es nuestra tarea, de que la ciencia es parte de la cultura y parte de todos.

¿En qué cambiaría la vida de las personas acercarse a la ciencia?

En mucho. Primero, hay hallazgos científicos que se vuelcan a la vida de la gente y no está mal conocerlos, más si tienen que ver con la salud o el ambiente. Eso es ínfimo respecto de la posibilidad de abrirte un mundo con ojos de científico, de mirar el mundo de otra manera. Ese es el rol del comunicador de la ciencia: contar  la herramienta más poderosa que hemos invitado los seres humanos que es la ciencia, mirar el mundo con cierta lógica, método y manera experimental, que no es privativa de los científicos profesionales. Perfectamente puede ser abarcada por todo el mundo.

¿La comunicación de la ciencia es vulnerable a las fakenews?

Totalmente, la profusión de distintas tecnologías de la información, su velocidad y masividad, conspiran con la veracidad de la fuente. Y hay que dividir el tema en dos. A uno le da mucha bronca que circule pseudociencia, entonces hay que separar aquella que es trucha pero es inocua, por ejemplo si alguien quiere leer el horóscopo y sobre esa base pedirle matrimonio a su pareja, que lo haga. Pero si alguien sigue noticias de salud, como las truchadas del peligro de las vacunas, o alguien con una patología determinada, en vez de ver qué ofrece la medicina tradicional, recure directamente a las llamadas medicinas alternativas, estamos frente a un problema de salud pública. Tenemos que estar muy atentos frente a la proliferación de noticias de ciencias truchas o de pseudociencia, y separar aquellas que afectan directamente la vida de las personas y la salud pública, de aquellas que son simplemente erróneas y las podemos tomar hasta con algo de gracia. Yo no les daría nada de aire.

Las  nuevas generaciones de científicos son más conscientes de que contar lo que hacemos es parte de nuestra tarea, no algo que para realizar en nuestro tiempo libre, es parte de nuestro trabajo.

¿Arte y ciencia están relacionadas?

El ex Ministro de Cultura de Brasil, Gilberto Gil, sacó un disco hace mucho tiempo que se llamaba Cuanta, por física cuántica, en el cual dice un verso que resume este tema: “la ciencia y el arte son hermanas, ambas hijas de un Dios fugaz”. ¿Dónde está esa hermandad, esa capacidad de fusión? Por un lado, en las ganas de ver el mundo de otra manera, tanto la ciencia como el arte se preguntan permanentemente. Además, comparten una metodología de trabajo, que tiene mucho en común, aunque a simple vista no parezca, esto de la prueba y el error, el trabajo intensivo, sudar mucho para lograr un resultado, que es falible y temporario, la creatividad que tenés que poner en marcha para lograr robarle un secreto a la naturaleza. El matrimonio entre arte y ciencia es un concepto que está muy en boga en el mundo en este momento, hay convocatorias para ver cómo colaboran entre sí, incluido en Argentina.

¿Los diferentes lenguajes del arte servirían para la divulgación científica?

Por supuesto que sí y son poderosísimos. Por ejemplo, el teatro es insuperable. Cuando vos te metés en la cabeza de otro, de un personaje que está contando una historia, eso es insustituible, no lo superás con una buena nota de tele o medios gráficos. Tenemos mucho camino que andar para aprovechar las oportunidades que te brinda el arte para contar la ciencia.

¿Qué momento vive la ciencia en Argentina? ¿Por qué?

Horrible. Por decisiones políticas. Por ejemplo, la degradación del Ministerio de Ciencia en una Secretaria. El haber llegado a que la ciencia tuviera rango ministerial, en el imaginario de un Estado es que la ciencia está a la par de la educación, de la defensa, de la salud. Te está diciendo hacia dónde apunta un Estado, si eso desaparece también te dice hacía dónde va. Por un lado, tenés un problema presupuestario gravísimo, la plata no alcanza para nada, ni para salarios ni para los subsidios de investigación. Por ejemplo, la devaluación nos mata, sobre todo a los de las ciencias naturales,  porque nuestros insumos son de afuera. Pero más grave que lo económico, me  parece el hecho cultural de qué lugar ocupa la ciencia en un país y en su sociedad. Acá, ahora, está completamente desdibujado. Si perdemos la plata, alguna vez la recuperaremos, si perdemos el lugar, corremos el riesgo de no recupérarlo.

¿La divulgación científica en español tiene desafíos extra?

La pelea entre el inglés y el español como lengua de la ciencia es una pelea que no vale la pena dar. La lengua franca de la ciencia es el inglés y sanseacabó. Uno tiene que elegir qué luchas quiere pelear. Para mí no hay con que darle, busquemos otras batallas. La comunión pública de la ciencia es otro cantar, hay que hacerla en idiomas locales, en nuestro caso en castellano. Tenemos oleadas, así como la ciencia está de capa caída, la comunicación de la ciencia también. Además, hay una cierta miopía de los medios, que no llegan  a comprender que esto genera interés y hasta puede llegar a generar avisos y financiamiento. Hace uno años, todos los diarios tenían su suplemento de ciencia y con notas muy leídas, sin embargo quienes tomas decisiones no ven eso y hoy casi ningún diario tiene suplementos. Se trata de una comunicación que requiere de valentía y de la visión de saber que le interesa a la gente. Tuvimos una época de oro, un boom de divulgación científica con libros y programas de tele, ahora está acotado, casi no se produce. No sólo son decisiones políticas, hay una falta de visión de los medios para ver que esto no sólo es importante sino interesante.

¿Qué pasa con la comunicación pública de las ciencias sociales?

Es algo que no tenemos resuelto en la comunicación de la ciencia. ¿De qué hablamos cuando hablamos de comunicación de la ciencia de ciencias naturales, de la ciencia en general? Los científicos sociales tienen una parte más fácil: algunos de los aspectos sobre los que trabajan son claramente cotidianos. Por ejemplo, sociedad, economía y pobreza ya están instalados en los medios y es lo que se espera que un noticiero te cuente. Entonces no sé si se han desarrollado con el mismo afán las herramientas para la comunicación pública de las ciencias sociales, porque ya están ahí. Sin embargo, me parece que es muy necesario, porque un economista habla con liviandad de términos como plusvalía, conceptos obvios para la profesión pero que para el público en general no lo son. Hay un trabajo que hacer todavía, es un desafío pendiente.

Ver también

¿Qué características tiene que tener un científico? 

Creo que hay una idea errónea sobre la profesión. Cuando un pibe tiene el bichito  de la ciencia, seguramente no siga una carrera científica porque hay una concepción equivocada acerca de quién es un científico. Existe la idea hollywoodense del científico loco y genio. Por ahí el pibe se llevó matemática y piensa que no puede estudiar ciencia. Y no es así, porque un científico no es un genio. La ciencia no es difícil en el sentido coloquial del término, la ciencia es rigurosa, y la característica que tiene que tener ese eventual científico es ser apasionado. Si no tenés pasión con lo que hacés, con los sinsabores de la carrera, con lo cuesta arriba que se vuelve a veces, no la vas a pasar bien.

Golombek en libros

Es autor de numerosos libros de divulgación científica, entre ellos: Sexo, drogas y biología, ADN: 50 años no es nada, Cavernas y palacios, Demoliendo papers,  El nuevo cocinero científico, Las neuronas de Dios, Neurociencias para presidentes, La ciencia en el aula y  La ciencia es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas.

También dirige la colección Ciencia que ladra de Siglo XXI Editores, dedicada a publicaciones  de comunicación de la ciencia bajo un formato apto para todo público y de ágil lectura

¿Qué es la cronobiología? 

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