El cineasta cordobés, Darío Mascambroni, acaba de estrenar su primera película Primero Enero. Hablamos con él para entender cómo se hace el cine cordobés.

Darío Mascambroni, el director de Primero Enero.

Esta noche Darío Mascambroni se calzará los botines como todos los lunes desde hace cinco años para jugar un partido de fútbol con un equipo conformado por cineastas. “Hay mucho futbolero en el mundo del cine, aunque no parezca”, cuenta. En la cancha, el realizador cordobés se ubica atrás, como defensor; mientras que en el set sabe muy bien cuál es su lugar: el de director técnico.

La nota la hicimos el día que este cordobés cumplió 29 años. Mientras su gato Astor lo pelea por falta de atención, confiesa que es un chico tranquilo, por lo que el festejo fue un asado con amigos la noche anterior. Él, además de cumpleañero, fue el asador.

Con confianza en el armado técnico y paso a paso, su opera prima, Primero Enero llegó más lejos de lo que imaginaba. Ganó la Competencia Argentina en el BAFICI 2016 como mejor película y con el premio económico solventó los gastos de la etapa de distribución, logrando su estreno en salas comerciales de todo el país el pasado 16 de marzo. Además, el film fue convocado a participar en el Berlinale 2017, el festival de cine alemán que se realizó en el mes de febrero.

“Fuimos a grabar con mis ahorros. Hasta mis viejos pusieron plata, incluso la comida. Además, nadie cobró un peso para hacer la peli, porque  tampoco había. Fue totalmente independiente. Para la post producción empezamos a recibir apoyo de más gente, pero que aportaban trabajo, no dinero. Está bien que el equipo técnico es el grueso de un presupuesto, así que es el aporte número uno en nuestro caso”, cuenta sobre cómo empezó esta aventura de filmar.

Fuimos a grabar con mis ahorros. Hasta mis viejos pusieron plata, incluso la comida”.

¿Cómo es hacer cine en Córdoba?

Por un lado, Córdoba tiene una situación de privilegio porque hay muchos lugares donde estudiar cine, entonces uno tiene un contacto más realista con la realización audiovisual. Esto es importante y se nota porque se han filmado muchas pelis. Por otro lado, en función de lo que se viene haciendo, se puede hacer una película independiente, consiguiendo ayuda, pero con presupuesto es casi lo mismo que en todo el país, necesitas un subsidio del INCAA, porque sin eso no se puede. Existe un crédito de la provincia, pero te lo dan si tenés aprobado el INCAA. Todavía, en eso no es muy distinto al resto del país. Además, al haberse filmado mucho, hay experiencia en la gente para los proyectos.

¿Encontrás puntos en común con realizadores contemporáneos cordobeses?

No sé si hay puntos en común en relación a lo narrativo y a lo estético, si en la forma de llevar a cabo los proyectos, donde con poco se puede hacer mucho, en este caso, una película. Pelis independientes hay todos los años. En líneas narrativas y estéticas no hay puntos en común, y eso para mí está bueno.

¿Se puede hablar de un “nuevo” cine cordobés?

Lo que pasa en Córdoba es que desde hace 5 ó 6 años se empezó a filmar, antes no se filmaba. Lo de “nuevo cine” no sé si es lo correcto, porque “lo nuevo”, si es una corriente, tiene que tener algo novedoso justamente y lo que se hace en Córdoba ya se hizo en otras partes del mundo. Sí hay un cine que se hace acá y está buenísimo, pero el sello “nuevo” hasta no sé si juega en contra. Se meten todas las pelis en una misma bolsa, y son pelis, está bueno que se las vea como cualquier otra. Sí me parece interesante utilizar la discusión para avanzar en la región, como colegas que somos.

¿Te cambio la vida después de Primero Enero?

Lo que me cambió fue haberla filmado. Para mí la experiencia es todo, y ahora, que estoy por hacer la segunda película, haber hecho una antes me da herramientas para seguir trabajando, probar cosas nuevas, saber las cosas que hiciste y que no funcionaron… Haber tenido la experiencia de dirigir una peli me cambió la cabeza y la forma de trabajar en la segunda. E imagino que trabajar en la segunda, si tengo la suerte de hacer una tercera, me dará para que cabeza y laburo sean otros. Por ejemplo, de Primero Enero a Mochila de plomo me sirvió haber convivido con un nene de 7 años durante dos semanas, porque dirigir a un actor niño es de lo más difícil, y haberlo hecho me da  confianza y pautas concretas de qué hacer para lograr una actuación del nuevo protagonista, que también es no actor y tiene 13 años.

Haber tenido la experiencia de dirigir una peli me cambió la cabeza y la forma de trabajar en la segunda.

¿Qué te propones como director?

Un objetivo, una propuesta muy clara, y que me encantaría que siempre suceda y trato de que pase, es que haya un clima de laburo tranquilo, que la gente que trabaja en la película sea consciente de que estamos haciendo una peli y no operando a corazón abierto. Y que quienes trabajan entiendan que el proceso de filmación es un proceso de aprendizaje que se tiene que disfrutar. Me preocupa no dramatizar demasiado, que los problemas se resuelven y los que no, no vale darle mucha vuelta. En el rodaje quiero que el equipo entienda que esa dinámica y energía tienen que estar.

¿Por qué trabajás con actores no profesionales?

Son dos cosas distintas en cada una. En Primero Enero, la historia se me vino en función de ellos, no podían ser otros. En Mochila de plomo, los mayores de edad son actores, solo el protagonista es ‘no actor’. Para mí los chicos tienen una verdad que se va perdiendo cuando un crece y es más consciente y va viviendo. En un peli está bueno plasmar esa verdad, es un poquito más difícil, pero se siente lo verdadero. Y a una peli el público aporta mucho, porque la gente se conecta con los nenes y les cree. Está buenísimo.

¿Cuándo supiste que tu mundo era el cine?

Desde los 5 años supe que quería hacer cine. Me entusiasmaba viendo películas y quería vivir eso, pero nunca pensé en la actuación, razoné que quería hacer películas. La verdad es raro, el cine es algo que me apasiona, y como con todas las pasiones sufrís y disfrutas casi en porcentajes iguales. Para mí es  algo incontrolable. Disfruto mucho de la dirección, al igual que de escribir. Creo que sé que es lo más me gusta: lo propio del lenguaje cinematográfico, el montaje, los movimientos de cámara… Contar una historia desde la imagen me parece increíble, y también difícil. Es algo que podes estar aprendiendo toda la vida.

Cómo comunicarse: dai.garciacueto@enredaccion.com.ar

@daigarciacueto

Córdobale. En el 67º Berlinale, Primero Enero participó en la competencia Generation K-Plus. “Nos fue muy bien. Porque la sección en la que estuvimos estaba direccionada al público infantil, llevan a los chicos de las escuelas a ver pelis que no necesariamente son infantiles. Así que eran un 70 por ciento chicos y 30 por ciento  padres y adultos, y los protagonistas son de esas generaciones, entonces pudimos ver qué les causó, qué preguntas se hicieron”. Mascambroni no fue el único cordobés convocado al festival, también dijo presente Inés María Barrionuevo con el corto La prima sueca.

 

Primero Enero. La vida de Valentino, un niño de 8 años, está atravesando muchos cambios. Sus padres acaban de divorciarse y piensan vender la casa de las sierras a donde viajaban juntos cada verano. Pero Valentino propone nuevas actividades que cuestionan la antigua tradición. Distanciados por sus diferencias, la tensión entre padre e hijo pone en jaque su estadía en las sierras. Este mes de Enero será la última vez que padre e hijo visiten aquella vieja casa.