Duermen en el Tribunal de Conducta denuncias por acoso contra el comisario Carlos Cabral, recientemente nombrado segundo jefe de la Departamental San Justo. ENREDACCIÓN relevó tres testimonios y constató no sólo episodios reñidos con el debido decoro que según la ley deben observar los integrantes de la fuerza policial, sino también verificó el severo temor a represalias que tienen las víctimas.

Carlos Cabral. Es el segundo jefe de la Departamental San Justo. Llegó a esa importante jerarquía pese a una serie de denuncias por acoso a subordinadas. Foto. Gentileza Radioestación.
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“Calderón, qué linda está hoy. Digamé, ¿usted se hizo las tetas?”. Ése fue el “ocurrente” saludo que tuvo para una dependiente.

“Romi, esta noche me quedo a dormir en tu casa”. Así fue la bravuconeada que le disparó a otra subordinada cuando ambos hacían adicionales en Las Varillas.

“¿Usted para todo usa el pico así? Acuérdese que soy su jefe, y con ese pico va a tener que hacer lo que yo le diga”. Tal cosa le supo decir en una ocasión a una oficial de nombre Milena, superando nuevamente la línea de lo razonablemente aceptable.

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Calderón no es en realidad su apellido. Su apellido es otro, pero “Calderón” pidió expresa reserva al momento de compartir con ENREDACCIÓN su testimonio sobre el comisario Carlos Cabral. Romi tampoco se llama así, pero su testimonio dio cuenta de esas insinuaciones inaceptables de parte de un jerárquico policial. Milena tiene otro nombre, pero lo que sí es cierto es que debió tragarse la bronca ante esa frase con doble sentido. Hasta que decidió contarla.

Carlos Cabral es el número 2 de la estratégica Departamental San Justo de la Policía de Córdoba. Prohijado por un alto mando que lo antecedió años atrás en ese mismo puesto, el hombre que logró un importante ascenso en la jerarquía de la fuerza de seguridad acumula al menos cuatro denuncias en su contra por acoso sexual contra personal policial femenino que trabajó bajo su mando.

‘Calderón’, qué linda está hoy. Digamé, ¿usted se hizo las tetas?”, fue el “ocurrente” saludo que tuvo el comisario Calderón para recibir a una dependiente.

Los episodios se remontan al menos a 2014, cuando el hoy comisario Cabral estaba a cargo de la comisaría de Las Varillas. Y todos los relatos parecen repetir el mismo patrón: insinuaciones constantes excediendo lo “aceptable”; y luego, ante una demostración de rechazo por parte de la subalterna, le siguen amenazas y finalmente represalias.

“CUANDO QUISE PARARLE EL CARRO, EMPEZARON LAS REPRESALIAS”

El caso de “Calderón” es paradigmático. Madre de cuatro chicos, algunos de ellos adolescentes, las insinuaciones y en algunos casos también las humillaciones, las debió sufrir estando sola con Cabral, o bien en presencia de otros jefes policiales, según señala. Incluso lo padeció estando presente su marido. “Una como mujer vive recibiendo insinuaciones, más en una institución machista como es la Policía. Pero te das cuenta que las cosas van más allá cuando tu rechazo deriva en represalias concretas”, contó la mujer.

“Una sabe hasta dónde pueden llegar estas situaciones en cualquier trabajo. Pero cuando quise pararle el carro empezaron las represalias”, contó. “Me dijo que me olvidase de un ascenso, que yo y mi marido nunca recibiríamos nada”. Y eso fue lo que no tardó en suceder. Primero, con un traslado infundado, luego con un allanamiento amañado sobre su vivienda a causa de la transferencia de un vehículo y finalmente una sanción que actualmente la ha dejado fuera de actividad.

Hoy “Calderón” se encuentra en “pasiva”, situación a la que es pasado un uniformado cuando se le abre una instancia de investigación en el Tribunal de Conducta Policial. En su caso, fue a causa de un entredicho con un suboficial muy cercano al destinatario de sus denuncias. “Llevo más de 13 años en la Policía, soy mujer, y por este entredicho me sancionaron a mí, y no a él”, dice la mujer, convencida de que no se debe buscar allí el motivo de su sanción.

 

Cabral es la segunda máxima autoridad de la estratégica Departamental San Justo de la Policía de Córdoba.

MÁS TESTIMONIOS

Aunque reconoció los hechos, otra de las oficiales que fue víctima del proceder de Cabral fue algo más cauta para dar detalles, circunstancia perfectamente atendible dado que continúa trabajando en una institución donde prima el verticalismo, y más aún el machismo.  “En su debido tiempo me citaron a declarar, pero esto después no queda en nada”, se excusó la empleada policial al ser contactada por ENREDACCIÓN. “Te agradezco tu preocupación, pero prefiero no verme involucrada en este tipo de cosas, porque siempre estas personas caen bien paradas, y quienes hacemos las denuncias después sufrimos las represalias”, indicó la dependiente, señalando que el episodio tuvo como consecuencia que le frenaran los ascensos que le hubieran correspondido, y confirmando también que hay otras empleadas policiales que atravesaron una situación similar.

Una sabe hasta dónde pueden llegar estas situaciones en cualquier trabajo. Pero cuando quise pararle el carro empezaron las represalias”, confesó una de las damnificadas.

Una tercera uniformada fue consultada por este medio y resultó aún más escueta que la anterior, al admitir que sufrió acosos por parte de Cabral y que hizo “las exposiciones correspondientes”, pero pidiendo que no se abundara en mayores detalles “por temor a perder el trabajo”.

Sobre el tema, se excusó diciendo: “No te puedo aportar mucho porque mi situación es muy complicada a nivel laboral”. Sólo señaló que sobre Cabral “hay muchas denuncias por su forma de manejarse en el trabajo”. Sin embargo, durante su diálogo con ENREDACCIÓN, admitió que posterior a un fuerte entredicho que tuvo con el comisario acusado de acosador, debió tomarse una licencia psiquiátrica “por un pico de stress”. También ella prefirió no abundar en detalles, algo que naturalmente fue respetado por este medio.

Oficio enviado por el Tribunal de Conducta a la Departamental San Justo, cuando se empezó a investigar el caso del comisario Carlos Cabral. Después, prácticamente no hubo avances.

SIN AVANCES EN EL TRIBUNAL DE CONDUCTA

La denuncia de “Calderón” en contra del actuar de Cabral fue radicada tanto por la vía judicial como la administrativa. La primera de ellas resultó desestimada por la fiscalía de Las Varillas al no verificarse delito.

La segunda fue tomada por el Tribunal de Conducta Policial y Penitenciario (TCPP) en abril y en octubre de 2016, conformando el Expediente N°1015444 ante la Secretaría de Falta Leves y Graves de la Oficina de Investigaciones y Aplicaciones de Sanciones.

Desde su radicación, el organismo encargado de velar por el accionar de los uniformados sólo se remitió a tomar algunas testimoniales en San Francisco, Alicia y Las Varillas, y a pedir copias de los radiogramas en los cuales se disponían los traslados de la denunciante y de su marido.

La abundancia de testimonios y de documentación no hizo mella suficiente para que al comisario Carlos Cabral se le impidiera su último ascenso, en marzo de este año, cuando pasó de Jefe de Zona en San Francisco a segundo jefe de la Departamental San Justo, sólo por debajo del actual jefe, comisario Héctor Roldán.

Sobre el expediente en el Tribunal de Conductas, por el momento las únicas novedades han sido represalias contra la propia denunciante y su núcleo familiar: primero fueron traslados sorpresivos e infundados a localidades lejanas a su lugar de residencia; luego fue el pase a pasiva de la denunciante, algo que se materializó a principios de marzo de este año.

Consultado por ENREDACCIÓN, René Zabala, titular del gremio policial UPPAC volvió a preguntarse por “los criterios que tiene el TCPP para valorar las faltas cometidas por los uniformados”. Insitió en que son distintos los cánones aplicados “cuando se trata de personal subalterno de rangos bajos y cuando se trata de mandos intermedios para arriba”. En tal sentido, remarcó que el caso de Cabral reviste “absoluta gravedad, pese a lo cual es una situación que ha sido ocultada”, e insistió en que “se sigue tapando todo”.

Puso además en duda la supuesta independencia del organismo, que está conformado por representantes de los tres poderes, y remarcó que cuando quien está bajo investigación es un jerárquico, “se le debería dar mucha mayor importancia a la investigación, ya que por el sólo hecho de ser un superior esto configura una agravante”. En tal sentido, comparó el accionar del Tribunal de Conducta con el desempeño de la Fiscalía Anticorrupción: “Son parte del mismo poder, y el poder no se investiga a sí mismo”.

Amo esta profesión, que es la misma que abrazó mi padre. Y no estoy dispuesta a cortar mi carrera por el capricho de un jefe al que decidí pararle el carro”, sostuvo una de las víctimas.

Naturalmente, los nombres reales de “Calderón”, de “Romi” y de “Milena” están en poder de ese ente de control, que por el momento no ha demostrado demasiada intención de avanzar sobre el episodio.

“Estamos ante un organismo que nunca investiga a la superioridad, y sólo se encarga de frenarles las causas”, remarcó por su parte la denunciante, quien está convencida de que Cabral va en camino a ser nombrado como máxima autoridad de la Departamental. “Es un hecho que lo han elegido para ese puesto, y así como me pasó a mí, muchas otras oficiales y suboficiales sabemos qué clase de persona es”, sostuvo, para luego concluir: “Amo esta profesión, que es la misma que abrazó mi padre. Y no estoy dispuesta a cortar mi carrera por el capricho de un jefe al que decidí pararle el carro”.

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