Leandro Miguez, Leandro Lima y Fabián Saieg son tres amigos de la generación sub 30 y los impulsores de la Fundación EcoInclusión. Su meta es fabricar ladrillos ecológicos con residuos de botellas de plástico para colaborar en proyectos sociales. Esta semana compiten por 600.000 dólares para lograrlo.

Leandro Lima y Leandro Miguez. Foto: Sebastián Salguero.
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“¿Por qué no hacemos una fundación?”, sugirió Miguez a sus amigos después de un partido de pádel. El deterioro del ambiente y de las condiciones sociales de vida eran algunas de sus inquietudesen común. Sin conocimientos específicos en el tema, uno es estudiante de recursos humanos, otro músico y el tercero administrador de empresas, se animaron a dar el salto.

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Indagando en qué proyecto embarcar, encontraron un prototipo de ladrillo con plástico PET reciclado que podían desarrollar con el apoyo del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE), el CONICET, y la Asociación de la Vivienda Económica (AVE).

“La investigación estaba hecha pero nadie la había puesto en práctica”, cuentan. Entonces tomaron clases, consiguieron las máquinas, alquilaron un lugar y empezaron a fabricar las primeras unidades. No fue fácil. Hicieron varios intentos hasta alcanzar el modelo ideal que proponía el CEVE.

Quince botellas de plástico, sin lavar, sin tapita (porque las donan) con o sin etiqueta son la materia prima para triturar, convertir en escama y luego mezclar con cemento para obtener una pieza similar a la de barro. De la hormigonera, la mezcla va a una compactadora para adquirir la forma, luego lo dejan secar y lo mojan durante tres días para conseguir el toque final.

Con los ladrillos en la mano. Foto: Sebastián Salguero.

Los beneficios son varios: el ladrillo de PET es más liviano, tiene mejor aislamiento térmico, su fabricación no contamina -ya que no se cocina en hornos- y  reduce el impacto ambiental porque reutiliza un recurso que en circunstancias normales termina en la basura. Sin embargo, aún no tiene un precio competitivo en el mercado. La unidad cuesta seis pesos contra cuatro que vale un ladrillo de barro.

Los ladrillos ecológicos pueden ser utilizados para construir casas y edificios, pero funcionan como ladrillos externos, no portantes, lo que implica que tiene que haber vigas de contención en la obra.Un edificio en altura construido con ecoladrillos es el sueño de los impulsores de EcoInclusión.

Según los datos de la Fundación, en Argentina se desechan 15 millones de botellas de plástico por día, y solo un 15 por ciento recibe algún tipo de tratamiento. La capacidad actual de la planta es de producción de quince ladrillos por hora, lo que equivale al aprovechamiento de 225 botellas.

El plastico triturado, que es el material base para producir los ladrillos. Foto: Sebastián Salguero.

“Nos presentamos al Desafío Google para poder ampliar la planta con un plan de tres años”, explican. Con una nueva fábrica aumentarían diez veces la producción: de 15 a 150 ladrillos por hora.

El Desafío Google.org eligió a 15 ONGs para que realicen sus proyectos de innovación social y les asignó 350.000 dólares. La final –que disputa el ladrillo cordobés- se realizará en México el próximo jueves 16 de noviembre. Compiten en total cinco organizaciones de Chile, Perú, México, Colombia  y Argentina. Tres resultarán finalistas de la región y recibirán entre 100.000 y 250.000 dólares más.

UN CÍRCULO VIRTUOSO

Actualmente la planta funciona en un campo a cuarenta cuadras de la Estancia Jesuítica, en paralelo al camino que une a Alta Gracia con Falda del Carmen. Para que las botellas lleguen a destino, la Fundación tiene convenio con la Municipalidad y con cooperativas de carreros que viven del trabajo de recolección de residuos sólidos urbanos.

Además, otros municipios como el de Ciudad de Córdoba, Malagueño, Los Aromos y empresas privadas, como Coca Cola, firmaron un convenio con EcoInclusión para apoyar la realización de construcciones sustentables. Algunos de los proyectos que están en proceso son la construcción de baños para el Club Independiente de Alta Gracia, y una biblioteca comunal en Villa Los Aromos.

Una vista de la fábrica de eco-ladrillos. Foto: Sebastián Salguero.

Los ladrillos que se producen no están a la venta en el mercado, ni planean ingresar allí en un corto plazo. El propósito de la Fundación es ayudar a quienes necesitan construir, pero como no tienen gran capacidad de producción hay algunas condiciones que los beneficiarios deben cumplir: tener un terreno propio, una obra para construir, y un grupo de personas con las cuales contribuir. Luego, se encargan de conseguir que una empresa o municipio cubra los costos de la producción del ladrillo ecológico.

EcoInclusión se proyecta como una gran empresa en Latinoamérica, con un modelo replicable en otros puntos de la región. Un llamado a favor del ambiente y de la construcción sustentable.

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