Jeremías Sánz, de 21 años, es el único acusado de asesinar a escopetazos a María Eugenía Cadamuro. El cuerpo de la mujer permaneció enterrado cuatro meses en un campo de la familia.

María Eugenia Cadamuro. Foto: Facebook.

En los pocos años que lleva la figura de femicidio en el Código Penal Argentino, no se había usado para imputar a un hijo por el crimen de su madre. Desde ayer, Jeremías Sánz, de 21 años, hijo de María Eugenia Cadamuro quedó imputado por el delito de homicidio doblemente agravado por el vínculo y violencia de género.

La decisión la tomó el fiscal de Jesús María que investiga el caso, Raúl Almeida, que mantiene un celoso secreto de sumario y evita hablar con la prensa. Por las derivaciones que fue tomando el caso, se puede deducir que el agravante de violencia de género fue aplicado por el trasfondo económico de la historia ya que se encontraba en disputa una herencia cuantiosa.

La mujer oriunda de Jesús María estaba desaparecida desde el 15 de marzo y su cadáver fue encontrado el  16 de este mes, en un campo de su propiedad cercano a las localidades de Barranca Yaco y Sarmiento, al norte de la provincia de Córdoba.

Ignacio Carranza, uno de los abogados del único imputado, dijo que Jeremías “se encuentra conmocionado con todo lo que está pasando”. Su último contacto, fue hace una semana, luego de que fuera identificado el cadáver de Cadamuro. “Ahora hay que esperar y dejar al fiscal que investigue. Luego presentaremos nuestras pruebas”, se limitó a decir en diálogo con ENREDACCIÓN.

Desde un principio la investigación apuntaba al entorno familiar. Jeremías está detenido desde el 3 de abril. Al principio fue acusado de privación ilegítima de la libertad, pero al encontrar el cadáver, el fiscal le agravó la acusación. El fiscal ordenó agregar una pericia psiquiátrica, a la psicológica que está en trámite, para saber si es o no imputable. También será citado nuevamente a indagatoria aunque en la primera oportunidad, cuando fue imputado por un delito más leve, se abstuvo.

EL HALLAZGO

El caso de María Eugenía Cadamuro fue un gran enigma para la Justicia. La mujer de 46 años que vive en el extranjero, llegó al país en marzo para ver a su madre, enferma terminal, que murió finalmente un día después de su arribo. “Quería ver a su mamá y arreglar un tema de la herencia” dijo el marido, Pedro García, ciudadano cubano que llegó al país hace unos días a reclamar el cuerpo.

El último rastro de la mujer es del 15 de marzo: la señal de su celular, junto con la de su hijo, se pierde en el campo donde finalmente fue hallado su cuerpo. El campo queda en Villa Gutiérrez, sobre la ruta nacional 60 y era arrendado por Jeremías y unos amigos. El fiscal tenía en la mira ese lugar y algunos testigos habían señalado que el cadáver podría haber sido enterrado.

Eso se confirmó el 16 de este mes. El cuerpo de María Eugenia estaba dentro de una bolsa, a un metro y medio de profundidad. Pudo ser reconocido por señas particulares en el cuerpo, sobre todo por sus tres tatuajes. La autopsia lo terminó de confirmar. En la excavación los investigadores encontraron dos pares de guantes, lo que hizo suponer que en el enterramiento participó más de una persona. También encontraron cartuchos de escopeta.

Finalmente, la autopsia confirmó que recibió tres escopetazos en la cabeza y en el tórax. En la camioneta propiedad de Jeremías, los investigadores hallaron manchas de sangre, según la prueba de luminol. El análisis genético determinará si son de María Eugenia.

La policía durante la búsqueda del cuerpo de la mujer. Foto: Radio Jesús María.

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