En esta columna, su autora, rescata la importancia del debate abierto en el Congreso para despenalizar el aborto, analiza las desigualdades que sufren las mujeres y profundiza en la opinión social sobre este tema.

Diputados y diputadas, ayer, en el Congreso, minutos antes de constituirse las comisiones para debatir sobre la despenalización del aborto.
Municipalidad de Río Cuarto-Parque Sarmiento

(Por Paola Zuban*) Comenzó ayer, en comisión, en el Congreso de la Nación, el tratamiento de los ocho proyectos de ley de despenalización del aborto. Se estima que para junio podría ser sometido a votación. Desde 1984, se presentaron cerca de treinta proyectos, pero en ninguna ocasión lograron llegar al recinto. Algunos, incluso, fueron retirados por el Poder Ejecutivo de turno.

El tema requiere debate. No se trata sólo de legalizar el aborto, tiene muchas otras implicancias. Es que, en el terreno de la igualdad de derechos, las mujeres no la tenemos fácil. Ser mujer ha sido, a lo largo de la historia, una tarea cuando menos difícil e invisibilizada y, cuando mucho, de rechazo y exclusión. Esto es así porque las sociedades han resistido, casi siempre conscientemente, el acceso de las mujeres a los espacios de toma de decisión; incluso de decisión sobre sus cuerpos.

Es cierto, ya nadie discute que, en muchos ámbitos privados, pero también en las organizaciones públicas y políticas, persisten evidentes y numerosas manifestaciones de desigualdades en las relaciones de poder entre hombres y mujeres. La teoría ha producido innumerable cantidad de textos sobre el tema, y la realidad parece ser un camino empedrado de obstáculos que comienzan donde empiezan todas las desigualdades.

Uno de esos obstáculos es el acceso a la salud. ONU Mujeres apunta que algunos de los factores socioculturales que impiden que las mujeres tengan servicios de salud de calidad, son las desigualdades en las relaciones de poder entre hombres y mujeres. La consecuencia, es más desigualdad.

Desigualdad que también se da en el acceso a la educación. En la provincia de Córdoba, el índice de alfabetización de las mujeres, según el Censo de 2010, es de 98.7%, pero este número incluye a las mujeres que, aunque saben leer o escribir, nunca asistieron a un establecimiento educativo. También están incluidas en esta categoría, las adolescentes que abandonaron la educación media por embarazos en edad temprana.  Y ahí es donde se encuentran las primeras diferencias, tan sutiles y escondidas detrás de un indicador.

Una trabajadora industrial. Foto: Gentileza.

Otro ámbito de desigualdad, es el acceso al mercado laboral y, de nuevo, los obstáculos. Muestra un estudio de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que, en 2013, a nivel mundial, los hombres con empleo eran el 72,2 %, mientras que esa relación entre las mujeres fue del 47,1 %. Los trabajos son precarizados e informales y siempre multiplican responsabilidades en el cuidado a otras personas, niños o ancianos. Las mujeres también están mal pagas. Ganan en promedio, entre el 60% y el 75%, de lo que ganan los hombres, por igual trabajo. Es de destacar que no siempre obtienen “igual trabajo”.

Las mujeres también están mal pagas. Ganan en promedio, entre el 60% y el 75%, de lo que ganan los hombres, por igual trabajo. Es de destacar que no siempre obtienen “igual trabajo”.

Estos datos no son de la Edad Media. Y la lista continúa larga y penosa. Al sortearse un obstáculo, aparece otro. Casi como una norma, con cada avance hacia la igualdad de derechos, le sigue un período de retroceso u oscurantismo. Es que los impedimentos se vuelven cada vez más difusos porque son cada vez menos formales.

Sí se obtuvo el derecho al voto. También, la patria potestad compartida y se avanzó mucho cuando se promulgó la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres” en 2009, y varios otros avances. Pero estamos aún muy lejos de la igualdad.

¿Esto siempre fue así? ¿Cómo no lo tuvimos en agenda antes? ¿Qué ha cambiado?

De la mano de #NiUnaMenos, colectivo integrado inicialmente por periodistas mujeres, que dio la vuelta al mundo a través de las redes, y que visibiliza la violencia machista y la cantidad de femicidios que ocurren en nuestro país (uno cada 29 horas). Hasta el reclamo por la despenalización del aborto, que varias organizaciones de mujeres han llevado adelante, hemos recorrido un largo camino.

Es preciso que los debates sean públicos, en claustros universitarios, en Organizaciones No Gubernamentales, en centros de salud, en escuelas, en barrios e incluso, en iglesias. La sociedad necesita tener la oportunidad.

El Poder Ejecutivo puso sobre la mesa el debate por la despenalización del aborto a fines de febrero. Ahora comienzan los debates en el Congreso. Es preciso que los debates sean públicos, en claustros universitarios, en Organizaciones No Gubernamentales, en centros de salud, en escuelas, en barrios e incluso, en iglesias. La sociedad necesita tener la oportunidad.

El gobierno no ha utilizado hasta ahora ninguna de sus herramientas de publicidad en redes sociales para aportar, a favor o en contra, una posición. El presidente y la mayoría de los funcionarios manifestaron posiciones personales contrarias a la despenalización, pero aún no han dado el debate. Las organizaciones en contra del aborto, entre ellas la iglesia, y los grupos anti-aborto, han militado su postura en contrario, en redes e incluso desde el púlpito.

Mientras tanto, la sociedad lo mira por TV, sin muchos canales donde expresarse, salvo en las redes y en algunas encuestas que consultoras privadas publicaron. Con algunos matices, todas llegaron a la misma conclusión: la mayoría de la población argentina está a favor de la despenalización del aborto.

En marzo de este año, realizamos una medición con 1.200 casos a nivel nacional:

Un 38,4% “aprueba totalmente” y un 27% “aprueba algo”. El acuerdo alcanza el 65,4%. Los que “desaprueban totalmente” o “desaprueban algo” no llegan a los 30 puntos. En este tema, casi no se encontraron diferencias entre hombres y mujeres.

EN REDES

Una medición realizada sobre usuarios de Facebook durante el #8M, en todo el país, arrojó que la conversación que se manifestaba a favor de la despenalización ascendió al  53,8% y en contra, el 46,2%. Muchas expresiones en contra del proyecto de despenalización se verifican en posteos de grupos afines a la iglesia, y se encuentra concentrado.

En Twitter, también a nivel nacional, hubo 2.284.748 menciones totales, con 1.968.470 usuarios únicos. Se registraron y analizaron 20 hashtag a favor y en contra de la despenalización del aborto. A favor, 86,7% y en contra, 13,3%. En Twitter, la conversación sobre el tema se dio prácticamente en todo el país, con excepción de La Pampa y Santiago del Estero, que son provincias con actividad nula en esta red. Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Tucumán y Mendoza, son las provincias más activas.

Y no es poco

Pero no debemos perder la perspectiva. La falta de apropiación del tema por parte de los funcionarios y representantes políticos, muestra nuevamente que la clase dirigente mira para otro lado. Si el proyecto no es aprobado, pasará un año hasta que pueda ser tratado nuevamente. Esto no debe solapar el resto de los “issues femeninos” que importan y mucho.

* Paola Zuban es politóloga y maestranda en Comunicación Política en la Universidad Austral. Actualmente realiza la tesis sobre comunicación política y género. Directora de Investigación en Gustavo Córdoba & Asociados.