Hace 40 años las Abuelas de Plaza de Mayo iniciaron un ingenioso trabajo para reunir información sobre el paradero de sus nietos apropiados. Con el último caso difundido la semana pasada, ya son 122 los nietos restituidos. ¿De qué manera realizan esa búsqueda?

María Belén Altamiranda Taranto, la nieta número 88. Contó cómo trabaja Abuelas para encontrar a los nietos robados durante  la dictadura. Foto: Mariano Paiz.
Municipalidad de Río Cuarto 3

Abuelas de Plaza de Mayo, uno de los organismos de derechos humanos más importantes del país y reconocido por su lucha y labor en todo el planeta, siempre persiguió el mismo objetivo: restituir la identidad de 500 nietos robados durante la dictadura militar. Y como su tarea es encontrarlos han desarrollado, en cuatro décadas, distintas estrategias de búsqueda. Los modos de entrar en contacto con un nieto se producen cuando alguien se presenta de manera espontánea tratando de averiguar sobre su identidad o mediante la aproximación a una persona que reúne una serie de condiciones para serlo.

“La mayoría de los casos provienen de la presentación espontánea”, explicó María Belén Altamiranda Taranto de Abuelas Córdoba a ENREDACCIÓN. La filial cordobesa está en el centro de la ciudad, a pocos metros del Palacio de Justicia y de la Municipalidad. Ubicado en un tercer piso, el organismo ocupa tres oficinas contiguas para desarrollar sus tareas.

Con el transcurso de los años, Abuelas fue formando distintas áreas para poder sistematizar la información y hacer más productivo el trabajo. “Las nuevas tecnologías nos ayudaron mucho”, explica Belén, quien además es la nieta número 88. “A través de los juicios, de testimonios y de bases de datos que nos hacen llegar, hay mucho trabajo, tenemos mucha información para hilar e ir atando cabos”.

El “Área P” o de Presentación Espontánea fue creada por Tatiana Ruarte Britos, la cuarta nieta encontrada en 1980. “Ella es psicóloga y su idea inicial era armar el área para conocer de cerca a los jóvenes que dudaban de su familia biológica y querían saber qué pasos debían seguir”, cuenta Belén.

Existe un protocolo de trabajo conjunto con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI). Cuando una persona se presenta le hacen una serie de preguntas, tiene que llenar una ficha, presentar el DNI y copia de su partida de nacimiento.  “Con esta información podemos leer entrelíneas si hay alguna sospecha, irregularidad, o si el médico que la firmó tiene antecedentes o vínculos con la dictadura”, describe Belén que coordina al área de Investigación.

Con toda la documentación recabada más la firma de un acta de conformidad del solicitante se arma una carpeta que luego se envía a CONADI en Buenos Aires, para que continúen la investigación y realicen las tramitaciones que luego permitan la realización de los análisis de sangre. “En algunos casos se encuentra documentación que puede llegar a dar con el origen biológico del joven y en ese caso no hay necesidad de hacer el análisis de ADN”, agrega la mujer que hace diez años acudió al organismo con dudas sobre su identidad.

No existen otras filiales de CONADI en el resto del país. Ellos vienen a Córdoba cuatro o cinco veces al año a realizar extracciones con un integrante del Banco Nacional de Datos Genéticos y luego mandan el resultado. Como máximo se realizan una 100 extracciones anuales.

CON LUPA

El Área de Investigación se divide en recepción de denuncias y aproximación. La aproximación es en realidad el último eslabón que surge del análisis a fondo  de un caso. Cuando los encargados de la investigación, que en Córdoba son cinco, reúnen denuncias,  indicios y pruebas documentales acerca de la posible identidad de un nieto les pasan el informe al área de Aproximación, donde hay cuatro colaboradoras que inician la tarea de contactar a esa persona.

“Al principio lo hacen de forma indirecta, después  tratan de establecer contacto directo con la persona buscada para hablarle y lograr que se transforme en una presentación espontánea y que se pueda hacer el ADN”, comenta Altamiranda. En caso de que el análisis dé positivo, comienza a actuar la Justicia para esclarecer qué pasó.

El tipo de trabajo que realiza Belén y sus compañeros es particular: pueden pasar años con casos abiertos, con dificultades para ubicar a algunas personas. Al mismo tiempo, los casos se van renovando, y los más antiguos se siguen revisando. “Es como un círculo y un continuo remover. A la vez, vamos digitalizando y armando bases para agilizar las búsquedas”.

Tanto el acercamiento como la presentación espontánea se realizan de manera confidencial y en forma directa con los interesados. Ambos procesos requieren tiempo para procesar la información. “Si algo aprendimos de las Abuelas es a tener paciencia. No todos corremos con los mismos tiempos, pero ya cuando llega a un límite y no hay forma de que el joven acceda, lo derivamos al área jurídica o a la unidad fiscal de investigación. Ellos tienen un protocolo para investigar y citarlos”.

LAS SIMULADORAS

El trabajo de aproximación y el que hacían las abuelas al principio es muy parecido. Dice Belén que “cuando las Abuelas empezaron eran una especie de detectives, que se juntaban en una confitería paqueta, simulaban que festejaban un cumple, se llevaban regalos y se pasaban papelitos con datos en clave sobre un posible nieto que podría ser el de ellas. Era una forma de trabajo de campo detectivezco. Pasaban por la cuadra donde vivía el niño o la niña e intentaban ver en sus rasgos si podían identificar a su hijo o a su hija. A veces, a partir de esos datos, llamaban a la puerta como si fueran vendedoras ambulantes u ofreciendo trabajos domésticos. Simulaban de muchos modos para tratar de averiguar algo más”.

NIETO 122

Estela Carlotto y Sonia Torres en la conferencia de prensa en la que anunciaron la recuperación del nieto 122. (Foto Twitter Abuelas Plaza de Mayo).

El 26 de abril apareció en Córdoba el nieto 122. El hombre que prefirió mantener en reserva su identidad fue contactado a través de los datos que llegaron a la filial cordobesa. “Él -relata Belén- todavía lo está procesando. Fue un caso especial, porque primero fue muy predispuesto y amable con el tema del acercamiento. Sabe que estamos acá para contenerlo y respetamos sus tiempos. No todos reaccionamos de la misma forma”.

LA HISTORIA DE MANUEL

En 1997 Manuel Gonçalves estaba en su casa en Buenos Aires cuando un hombre golpeó su puerta. Un rato antes había notado su presencia frente a la casa donde vivía porque estaba sentado en un auto leyendo el diario. Cuando Alejandro Incháurregui, miembro del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se presentó le dijo que tenía una abuela y una familia biológica que lo estaban buscando. Además, le contó que su abuela  quería saber si se encontraba bien. En ese momento no existían los grupos de aproximación tal como se los conoce hoy.

“Yo sabía que era adoptado pero ni pensaba que podía ser hijo de desaparecido. No lo asociaba”, contó Manuel Goncalvez, veinte años después de aquel episodio. “Al hombre le contesté que sí, que la quería conocer. Me puse contento, porque había crecido pensando que mi familia me había dado en adopción porque no me querían o que era por una cuestión económica. A los pocos días la fui a ver a su departamento. Además, tengo un hermano siete años más grande, por parte de mi papá, que no sabía de mi existencia.”

LAS CLAVES

-Los grupos de aproximación surgen en los últimos años a partir de que los nietos son adultos. Es un mecanismo previo al del accionar de  la Justicia. Genera un primer vínculo y acompaña y contiene al nieto.

-Aquí fueron encontrados ocho nietos, pero ninguno de ellos de los casos denunciados en Córdoba.

-Las Abuelas buscan a los hijos de todas las embarazadas del país y todavía se estima que hay 400 que no conocen su verdadera identidad.

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