El gobernador Juan Schiaretti quiere modificar el Convenio Colectivo de Trabajo de los trabajadores de la electricidad enfrentándose con Luz y Fuerza. Es una acción similar a la de Ramón Mestre con la UTA y los municipales de Ruben Daniele, y a la del presidente Mauricio Macri con la ofensiva contra los gremios que resisten las políticas neoliberales en curso.

“La única verdad es la realidad” supo decir Juan Domingo Perón. Los hechos revelan que el gobernador Juan Schiaretti busca con su decisión de reducir la incidencia relativa del costo laboral en la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC) dos cuestiones centrales: enfrentar y derrotar a un gremio como Luz y Fuerza, con elevada imagen negativa en los sectores medios y conservadores de la provincia; y ajustar las erogaciones de EPEC, que, como consecuencia del tremendo tarifazo de 1500% aplicado por el gobierno nacional en apenas dos años, queda expuesta ante los usuarios como responsable de sus males.

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Schiaretti es peronista como el famoso creador del movimiento y como muchos de los dirigentes que conducen a los distintos sindicatos de Luz y Fuerza que actúan en la provincia y tienen afiliados en EPEC. Sin embargo, está claro que unos y otros responden a un ideario diferente frente a la coyuntura en desarrollo, al rol del mercado y los trabajadores en la economía, y a la función de las empresas públicas.

Con la decisión de limar derechos convencionales alcanzados por los trabajadores de la electricidad, el gobernador procura aparecer del lado de la opinión pública conservadora y anti-populista que le dio mayoría a Mauricio Macri. Enfrentar a los sindicatos es para este sector de la sociedad un bocado gustoso. Por eso lo hace el intendente Ramón Mestre con el SUOEM y Rubén Daniele, su histórico secretario general; y con su posición “Talibán” en el conflicto de la UTA de 2017 (a la que también se sumó el gobierno provincial, que fue artífice de una ley que condiciona el derecho de huelga de los colectiveros). También lo hace el presidente. Hay que tener en cuenta en este punto que no se trata sólo de una sobreactuación electoral o con la mira puesta en 2019, pone en evidencia la decisión del sistema de poder político de avanzar sobre la participación de los trabajadores  en la renta de la clase trabajadora. Es decir, el péndulo se ubica ahora del lado del capital.

Tiene expresión hasta en el lenguaje: lo que antes eran derechos, ahora son privilegios. Lo que antes era virtuoso, porque el salario se volcaba al consumo interno y alimentaba la demanda, ahora es retardatario de las inversiones porque “el costo laboral es elevado” y no hay empresarios dispuestos a “poner plata” en esas condiciones. Los eufemismos nacen como hongos para diluir el valor simbólico de la realidad.

Mauricio Macri y Juan Schiaretti (antes de sacarse el bigote), durante una visita del presidente a Córdoba.

En el caso EPEC además toma forma otro factor: la alianza de Schiaretti con Mauricio Macri supera las conveniencias políticas y se adentra en la sintonía ideológica, en este momento, con la restauración neoliberal en marcha. Por ese motivo, es que en lugar de avanzar sobre otras variables del costo de la energía, se intenta avanzar exclusivamente sobre el eje laboral. Algunos hombres del oficialismo razonan que no se puede enfrentar la política tarifaria que impone la Nación, que lo único que queda es “adaptarse o perecer”. Es decir, EPEC debe adecuarse o “aggiornarse”. Esta nueva especie, de “peronistas darwinianos”, obvia que el pragmatismo es sólo una de las vías existentes de la acción política e ideológica. Es en general, también, un modo de justificar (personal y colectivamente) decisiones incomodas y anti-populares. Es parte de lo que está sucediendo. La otra parte, es la influencia del nuevo contexto: la economía marcha aceleradamente con los ajustes y reformas a un modelo neoliberal, en ese ecosistema EPEC es una especie de dinosaurio. La renta de las empresas públicas desde hace dos años se focaliza en dejar galopar libremente a las tarifas, produciendo una brutal transferencia de ingresos desde los usuarios y el sistema productivo a “la caja” de las compañías (gas, electricidad, agua, etc.); y en la valorización financiera. EPEC es integrada (reúne generación, transmisión y distribución) y estatal y su rol es relevante en tanto y en cuanto debe apoyar el desarrollo económico, entendido este como de mejora de las condiciones de vida de la población y de crecimiento de la produccion industrial y de servicios. No es ese el momento histórico, porque es una etapa de apertura económica, en la que comenzarán a ganar espacio las empresas extranjeras. Muchos de los que se fueron entre 2003 y 2015 comenzarán a volver si continúan estas condiciones. Allí es donde aparece el segundo valor de EPEC: su valor como activo. Más allá de que Schiaretti esté dispuesto plenamente o no a hacerlo, algo que nadie en la administración provincial ha explicitado, el paso que está dando apunta también a optimizar el atractivo a mediano plazo de la empresa. Eso es lo que indica el contexto.

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