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Zombies, identidad y pensamiento
La ciudad donde caminamos.

El teólogo de la liberación brasilero conocido como Frei Betto construyó un decálogo de consejos para los activistas sociales. Entre unos de los puntos dice: “La cabeza piensa donde los pies caminan” y aclara (palabras más, palabras menos) que no se puede uno comprometer con la realidad, sin caminar allá donde el pueblo vive, lucha, y sufre. Se debe tener alegría compartiendo las creencias y festejos del pueblo, porque teorizar sin practicar, es hacer el juego a los que reniegan y quieren someterlo.

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¿Cuánto tiempo dedicaste la última semana, mes, año a pensar en Córdoba? ¿Cómo pensás que será la ciudad que le dejemos a nuestros hijos? Vos tendrás tu respuesta y valoraciones a esta indagación. Por momentos tengo la sensación que asistimos a tiempos donde mayoritariamente lxs Cordobesxs nos encontramos transitando por la ciudad, pero con la cabeza en otro lugar, en esos espacios idílicos que vemos en la serie de moda a la que accedemos desde nuestra computadora, celular o smart tv. Parece que nuestras cabezas están en una ciudad imaginada y que, “por desgracia”, no se corresponde con la Ciudad que tenemos.

Desde hace unos años, en el mes de Octubre, se desarrolla en el centro de nuestra ciudad la Zombie Walk Córdoba (que en cordobés sería “la Caminata Zombie”). La misma se encuadra en la celebración del Día de los Muertos. En la cultura anglosajona, se denomina Halloween, y en la extensa proliferación del subgénero cinematográfico, amplificado en la literatura (entre otros dispositivos culturales), consiste en una manifestación sociocultural de personas (por lo general adolescentes y jóvenes) que caminan con ropas rotas, sus rostros sucios, ensangrentados, peinados revueltos y movimientos descoordinados simulando personas muertas, sin sentimientos, pero con un instinto insaciable de alimentarse de otros que caminan por la ciudad.

Esta caminata que se ha convertido en un éxito cultural y comercial; es (lo que Ángel Ferrero y Raúl Roas de la Universidad Autónoma de Barcelona, denominan) una metáfora socialcultural que representa la crisis social, política, institucional y económica de estos tiempos. “(…) La figura del zombi se ha adaptado mejor que otros monstruos a nuestra realidad. Entre otras cuestiones, (…) el zombi no representa exclusivamente nuestro miedo a la muerte o a lo desconocido, sino el miedo a ser controlado y actuar de forma inconsciente. Más que la representación de un monstruo, el zombi es la representación de un alienado, de una víctima que no es consciente de lo que sucede, y que aún así infringe el mal, lo perpetúa y lo contagia” (1).

La metáfora parece aplicarse a la realidad cordobesa. Los zombies pueden ser los excluidos, los linyeras que duermen en la plaza, son los inmigrantes que habitan los barrios marginales del ejido municipal y caminan por la peatonal, son todas esas personas que no visten, no se comportan y no se mueven como los estereotipos culturales de moda lo indican en un contexto político de “cambio”. No parecer europeo, no ser “clase media”, no vestir, ni interactuar “a la moda”, es una manera de estar muerto, no existir para los que si están “adentro”.

Los zombies pueden ser los excluidos, los linyeras que duermen en la plaza, son los inmigrantes que habitan los barrios marginales del ejido municipal y caminan por la peatonal, son todas esas personas que no visten, no se comportan y no se mueven como los estereotipos culturales de moda lo indican en un contexto político de “cambio”.

La metáfora nos muestra un reverso similar, ligado a la dependencia de la pantalla del celular y aunque vestidos con “mejores” ropas, transitan por la ciudad de manera autómata, sin vínculo visual, ni sensorial, ni empático con los Otros y el ambiente de la ciudad. Una víctima que no parece entender lo que sucede.

La construcción imaginaria de la realidad cordobesa, parece estar hegemonizada por una sociedad que piensa en una ciudad ideal, con transporte ágil y moderno, calles empedradas de espacios abiertos con bares y gente vestida con las marcas de los shopping más exclusivos y espacios verdes limpios y equipados como el Central Park de New York. En la contracara, la polarización social producto del neoliberalismo económico y cultural, nos presenta a la Córdoba mestiza, india y negra; y se manifiesta en el vendedor ambulante; en el kiosquero; el verdulero; en la feria de los barrios; en los trabajadores de servicios públicos; en la música de cuarteto que sale de los autos; en su historia que está en cada calle con manifestaciones y reclamos de trabajadorxs con estandartes de Agustín Tosco; la Universidad que se muestra en sus estudiantes; en edificios y sus iglesias que nos llevan constantemente al pasado colonial; y en las sierras que envuelven su oeste invitándonos a sus ríos y montañas llenas de cultura comechingona y nos muestra su monte nativo, único en el mundo que nos presenta nuestros orígenes.

La construcción imaginaria de la realidad cordobesa, parece estar hegemonizada por una sociedad que piensa en una ciudad ideal, con transporte ágil y moderno, calles empedradas de espacios abiertos con bares y gente vestida con las marcas de los shopping más exclusivos y espacios verdes limpios y equipados como el Central Park de New York.

El ambiente cordobés, es una construcción sociocultural que ha pasado por periodos temporales de fuerte identidad local, y por momentos (como el que vivimos) que parece reducir su identidad a cuarteto, fernet y choripán. La distribución territorial de la ciudad y  su desarrollo urbanístico expulsa a los “zombies” que no gustan a la cultura neoliberal, cayendo en injusticias ambientales y de acceso a la ciudad; imponiéndose la Córdoba de los “zombies” que imaginan o desean vivir en una ciudad “casi europea  o norteamericana”, siendo inconscientes de que no estamos muertos y todxs habitamos, nuestra Ciudad.

Córdoba es nuestro lugar en el planeta, repleta de contradicciones y necesidades, pero como nos sugiere Frei Betto, necesitamos pensar en ella, porque es acá donde caminamos todos los días. Pensar por donde caminamos para no caernos en una fosa que nos mantenga con vida, pero que como los zombies del cine, no tengamos identidad ni sentimientos, que  sólo busquemos comer y contagiar nuestra condición de muertos en vida. Pensar por donde caminamos, para observar lo que está pasando y en ese observar en movimiento reproducir la vida sociocultural e identificarnos con nuestro ecosistema urbano.

1: Ferrero- Roas. El zombi como metáfora (contra) cultural. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 32 (2011.4) . © EMUI Euro-Mediterranean University Institute | Universidad Complutense de Madrid | ISSN 1578-6730 Publicación asociada a la Revista Nomads. Mediterranean Perspectives | ISSN 1889-7231. http://webs.ucm.es/info/nomadas/32/ferrero_roas.pdf

* Darío Gómez Pucheta es Doctor en Políticas Públicas.

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