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Análisis del editor

Guerra en Ucrania, día 8: La pelea por el relato

El presidente ruso, Vladimir Putin. (AFP / Télam).

La invasión rusa en Ucrania deja ver, en su octavo día, una serie de datos significativos que señalan líneas de cómo puede ser el futuro y el comportamiento de los intereses en juego en este conflicto.

En la pelea por el relato, Estados Unidos y sus aliados han convertido a Volodímir Zelenski en un héroe global de la resistencia y a Vladimir Putin en la nueva representación del mal a escala planetaria (“dictador”, “loco”, “terrorista”, “oligarca”, etc.).

Con el habitual y efectivo “simplismo” hollywodense, Zelenski pasó de comediante en la remota Ucrania a presidente primero, y a representante mundial del bien, después. De simple peón del tablero geopolítico general a ser el David del Siglo XXI frente al Goliat ruso.

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Llama la atención, en esta disputa, el modo en que los gobiernos y medios de Occidente nombran a los empresarios rusos como “oligarcas”. Dentro de su propio territorio, para los propietarios de sus países, la denominación es la de “empresarios”. Incluso, hasta el 24 de febrero, día de la invasión, por ejemplo, los rusos dueños de clubes de futbol en el Reino Unido eran simples “magnates”. El ataque militar los convirtió en cuestión de horas en “oligarcas”.

Al igual que en la primavera árabe, las redes sociales juegan un papel central como herramientas disruptivas frente al orden anterior. Potencian, de este modo, la acción de quienes promueven la estrategia del poder de Occidente y adquieren legitimidad en su rol de difusores de la “verdad” y la “democracia” frente a la propaganda de las dictaduras. Puede mencionarse en esa tarea a Twitter y YouTube que, entre otras, bloquearon los contenidos rusos o los etiquetaron de modo de deslegitimarlos frente a la opinión pública. Para ello, se afirma que se trata de “medios estatales”. Significa, como hecho, la sanción de una definición que podría escribirse de este modo: El mercado no es dictadura; las dictaduras son todo aquello que no es mercado.

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También puede decirse, que estas plataformas actúan en sintonía con los países de “Occidente” y las corporaciones principales de la globalización financiera y económica. Por cierto, las plataformas forman parte del club de las corporaciones y sectores más dinámicos de la economía mundial.

Por eso, en sintonía con ello, las empresas y finanzas globales hacen punta en el aislamiento económico y financiero a Rusia.

Ejemplos, como el de Amazon, que decidió donar 5 millones de dólares a ONGs ucranianas, indican su rol como parte del bloque de países occidentales. “Durante los últimos días, hemos trabajado en Amazon para comprender cómo podemos ayudar mejor a las personas afectadas por la violencia. Es difícil para cualquier empresa sin presencia local –no está en Ucrania- brindar apoyo directo en una zona de guerra, por lo que estamos donando US$5 millones a organizaciones que brindan apoyo crítico en el terreno”, publicó la empresa de Jeff Bezos, con base en Estados Unidos. Bezos es propietario del Washington Post, uno de los grandes medios de comunicación de EE.UU.

O el de la alemana Adidas, que ha roto el contrato de patrocinio de la selección rusa de fútbol, expulsada del Repechaje para ingresar al Mundial de Qatar 2022 por parte de la FIFA.

Se puede inferir, por lo tanto, que la decisión de Rusia de frenar la expansión de la OTAN al Este europeo y la guerra en Ucrania, ponen en juego intereses económicos del proceso de globalización, no sólo de Estados Unidos o de las naciones europeas como Estados soberanos.

Epec

Putin y Rusia parecen haber tenido en esta batalla por el relato, un intento valido: Definir como “desnazificación” a la invasión a Ucrania. Es decir, tratar al gobierno ucraniano de pro-nazi. Sostienen esa definición en la denuncia de crímenes para estatales y estatales en las regiones en las que habitan hablantes rusos, como Lugansk y Donetsk, repúblicas que se declararon autónomas de Kiev. Ese golpe inicial es uno de los motivos que disparó la potente andanada simbólica contra Rusia.

Vale una aclaración: En toda guerra, la primera víctima es la verdad, dado que los contendientes deben justificar sus acciones pese al sufrimiento, dolores y muertes que genera el horror de una guerra.

También porque desde Carl von Clausewitz, que expresó que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, lo que sucede en el conflicto es subordinado por las partes a su interés, esto es, que no alcanza sólo con “ganar” una guerra en el terreno militar, sino que esta situación debe trasladarse al plano del relato. Se puede agregar, según von Clausewitz, que la guerra es un hecho excepcional en el tiempo.

El relato es, por otra parte, un plano particular de todo conflicto, dado que la producción de sentido es la que permite construir la percepción e interpretación de lo sucedido.

Sin embargo, desde que Toni Negri y Michael Hardt escribieron “Imperio”, hay una salvedad determinante al apotegma de von Clausewitz. Los teóricos de la nueva fase del capitalismo global señalaron hace dos décadas que, ahora, “el imperio” está en guerra permanente. De acuerdo a este planteo sólo puede esperarse que la “verdad” esté sumida en una constante tensión, ya no sólo frente a dictaduras clásicas, sino también frente al poder global que ejerce el mercado y sus corporaciones.

Justamente, la guerra en Ucrania está mostrando esa fuerte intimidad entre las corporaciones globales y los Estados occidentales, que se contrapone al rol geopolítico y económico de China y Rusia, como otros actores relevantes, y en ese orden.

Otra parte del entramado de los discursos, es el de los ataques a civiles. Ninguna guerra, más allá de la evolución tecnológica y las declaraciones oficiales, es inocua. Siempre hay víctimas civiles y, por eso, una parte sustancial de la estrategia en el tablero militar, es resolver el escenario en el que se desenvolverá la guerra.

Sobre este punto chocan dos planteos: el de Ucrania que “infla” el número de víctimas civiles por encima de los reales en los partes diarios (se contrapone con los de la oficina de Derechos Humanos de la ONU), y la definición estratégica de Rusia de no atacar blancos civiles, sino militares y de infraestructura, en ese orden. Si bien el humo de las bombas no permite observar aún con claridad lo que efectivamente sucede, ya se puede observar que hay víctimas civiles, pero que la estrategia del invasor no es “atacar” a la población. En esa línea, la decisión de abrir corredores humanitarios antes de bombardear objetivos en las ciudades y la decisión de miles de ucranianos de huir antes de la llegada de los rusos, está generando dos consecuencias:

-Una fenomenal crisis humanitaria que deberá afrontar Europa, en abierta contradicción con lo sucedido con sus propias políticas en las crisis migratorias desde África por el Sur; y de Siria, durante la guerra civil a fines de la década pasada.

-Y que el peso de la maquinaria militar rusa se desplegaría a partir de la salida de los civiles. En este punto, se revela cierta debilidad de la estrategia europea para proteger a Ucrania, que se asienta en las sanciones económicas y diplomáticas y en la tardía provisión de armamento al Ejército de Zelenski.

De ahí, que “la batalla” del relato adquiera una significación superior en el resultado final de esta guerra.

>> MÁS ANÁLISIS

VER La guerra de Ucrania y el peligroso juego de los análisis ideológicos.

VER Trabajar seriamente para la Paz.

VER Rusia, EE.UU. y una nueva arquitectura de seguridad mundial.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Eduardo Mondragon

    29 agosto, 2023 a 12:23

    Antes de escribir tonterías sobre la expansión de la OTAN, no estaría mal que leyeran los estatutos de la OTAN, sobre todo, los que conciernen a la adhesión de países con conflictos territoriales (como sucede en el caso de Ucrania). Tampoco estaría mal abrir un libro de historia medianamente decente para entender el comportamiento de los países de Europa Oriental y su justificado temor al imperialismo ruso.
    Ya sé que pido mucho, pues el junta-letras que escribió este texto tiene el (¿)cerebro(?) carcomido por la propaganda rusa.
    Por último, mejor ni abordar la crápula lambosconeria del homunculo cuando escribe que Rusia sólo ataca objetivos militares.
    Agradezcan que alguien se toma el riesgo de leer estas patrañas; peor aún: se atreve a perder el tiempo.

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