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Rodo Ramos: “El teatro debe ser amoroso y despertar sensaciones”

Rodo Ramos, actor y autor de "La casa de los caballos". (Foto Gentileza Rodrigo Brunelli)

La definición de la palabra sensación en el diccionario de la RAE es la siguiente: “Impresión que percibe un ser vivo cuando uno de sus órganos receptores es estimulado”. Y Rodo Ramos, con La casa de los caballos, bien que lo logra.

Todos los sentidos se despiertan al presenciar la obra que viene de ganar las distinciones más importantes de los premios provinciales del teatro, el pasado 20 de abril. Se quedó con el “Siripo” a Mejor obra del año, Mejor Actuación y Mejor Dramaturgia.

Ramos es el actor y el autor de la pieza que, a través de palabras como “equilibrio”, “revelación” y “lágrimas”, entre otras, hace viajar al espectador hacia la infancia de una persona descubriendo su identidad. También, lo transporta al mar para hablar de los duelos como momentos constitutivos de la vida. De hecho, el título completo es La casa de los caballos. Estudio sobre la muerte y las pérdidas de las cosas.

“Sensible, profunda y encuentro, son las palabras con las que defino la obra”, dice en una conversación con ENREDACCIÓN.

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¿Qué sentís con los premios?

No los esperamos. Más que como premios, lo tomamos como un reconocimiento al trabajo. Es una forma de agradecimiento y nosotros también estamos muy agradecidos. Y la verdad, es que al día siguiente nos levantamos igual. Está buenísimo porque, si bien le iba bien a la obra, esta distinción nos trajo mucho público que se acerca a la sala. También la prensa demostró interés y eso nos ayuda. Es repercusión.

¿En qué momento de tu vida la escribiste?

La obra está divida en capítulos. Al primero lo encontré en plena pandemia revisando los archivos de la computadora. Es el cuento inicial de un niño que encuentra los zapatos y se los lleva a su casa. Pensé que lindo esto para desarrollar y, como estábamos encerrados, empecé a escribir y a escribir y salió la obra. Fue un proceso de pandemia y de duelos.

¿Que sea un texto propio exige otra entrega como actor?

De mi parte están los duelos, que no es sólo el duelo de la muerte, uno hace duelos todo el tiempo, de vínculos, de amistades. Por supuesto que hay cosas de uno cuando estás actuando, sino sería imposible. Además, le presto el cuerpo a este ser que se presenta en La Casa de los Caballos y le doy toda mi bitácora de vivencias y emociones para que pueda suceder lo que sucede. No obstante, hago lo mismo cuando el texto es de otra persona, la entrega es igual, me encanta actuar. Al ser un texto mío, hay otras materialidades que empiezan a sucederle al cuerpo que me parecen muy ricas. En cada función descubro nuevas sensaciones y empiezo a destrabar cosas, como los procesos de duelo, “ah pasó por esto, hice esto”.

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¿Qué has aprendiendo con el correr de las funciones?

Me sorprendió encontrarme en otro código que no había transitado en la actuación. Si bien ya había hecho un unipersonal, Un país hermoso de Rodrigo Cuesta, éste es lo opuesto, cositas más internas, más pequeñas. También aflojé en lo obsesivo que soy del control, como estoy solito en el escenario tengo que hacerme cargo de lo que pasa en escena. Entonces, aprendí a relajarme con cuestiones técnicas, por ejemplo sí el sonido o las luces entran tarde. Aprendo un montón del trabajo grupal.

“La obra se completa en la reciprocidad con el público”.

¿Qué importancia tiene el texto en un unipersonal?

El texto es importantísimo, más allá de que sea un unipersonal. Es lo que me sostiene y yo lo sostengo, y así sucesivamente. Los actores y escritores le damos identidad a ciertas cosas que a veces pasan desapercibidas en la vida, como una palabra, que toma otro significado en la escena, está ahí y tiene ese peso, que viendo la obra habilita al público a que se le despierten cosas. Cuando la gente se empieza a adueñar del texto y se despierta algo en los espectadores, ahí se termina de completar la obra, en esa reciprocidad.

¿Sos cuidadoso del lenguaje?

Me gusta el diccionario para la escritura, porque es la certeza, no hay margen de error. Aunque después nos apropiemos del lenguaje, el diccionario te dice “es esto”. Hay algo de verdad en esas definiciones, porque nadie cuestiona una definición de la RAE, lo damos por hecho.

¿Cómo definís el teatro?

Lo dije en la entrega de premios, lo sostengo y es nuestro eje de trabajo, el teatro tiene que ser y es amoroso. Hay que fomentarlo a eso y desconstruir ciertos mecanismos que hemos aprendido, visiones que tenemos del teatro bajo la tiranía, los maltratos o el ninguneo. No ganamos dinero, nunca seremos ricos haciendo teatro y tenemos que tenerlo en claro. Hoy ganamos esté premio, pero seguimos laburando igual. Tampoco es nuestro objetivo hacernos ricos, si no estaríamos trabajando en una multinacional y cobrando en dólares. Entonces, si esa no es nuestra meta, el teatro tiene que ser amoroso, si no para qué lo hacemos. El amor es la base.

¿Cuál es el objetivo?

El objetivo es habilitar los universos de los que nos vienen a ver. Nosotros tenemos el trabajo de profundizar nuestros universos, meternos en los ajenos y ponerlos en escena. Pero la intención es que a la persona que sale de la comodidad de su casa para sentarse en una grada, le suceda algo con su propio universo, que se sienta reflejado con el nuestro, que se le despierte algo. El teatro es eso, que al espectador se le despierten sensaciones.

SINOPSIS

Unos zapatos verdes escondidos bajo la cama, un niño de la costa enamorado del mar, la soledad de una casa perdida entre medio de dunas y árboles que silban y se hablan unos a otros.

Tal vez esa tarde cambie todo. Cuando el tiempo se detiene, los cuerpos se aquietan, el mar se estanca, el silencio se instala y todo alrededor de uno parece dejar de tener sentido. A veces es necesario ver la vida de los dos lados, para darse cuenta que no sabemos nada en absoluto de ella.”

Un adulto hoy, un niño en el pasado. Este adulto nos cuenta cómo fue encontrarse con la muerte de pequeño, cómo fue perder cosas, encontrarlas. Ahora trata de entender que es lo que paso cuando era pequeño.

Una obra atravesada por los duelos, la familia, el amor, el encuentro y los recuerdos.

Voz en Off: Tomás Leaño.

Diseño y Operación de iluminación: Rodrigo Brunelli.

Diseño y realización escenográfica: Rodo Ramos y Rodrigo Brunelli.

Diseño de sonido y video: Horacio Fierro.

Operación de video Raquel Ambrosino: Raquel Ambrosino.

Vestuario: Lucas Mana.

Fotografía y Diseño gráfico: Rodrigo Brunelli.

Dirección: Gastón Mori.

PARA AGENDAR

Sábado de 7 mayo, a las 22 horas; domingo 15, sábado 21, viernes 27 y sábado 28, a las 21 horas; en El Cuenco Teatro, Mendoza 2063.

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