Tiene 14 años y hasta hace 10 meses tomaba 16 pastillas diarias para controlar el síndrome de West. El aceite de cannabis le ayudó a reducir las convulsiones de 1.400 a 700 diarias. Un juez le devolvió el aceite invocando su derecho a la salud.

La mamá de Magalí, Nancy Ávila de pie, en un despacho de Tribunales Federales. Foto Sebastián Salguero.
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Cuando Nancy Ávila vio en los diarios de Catamarca que la Policía de Córdoba había secuestrado plantas de cannabis y aceites de la propiedad de la cultivadora Brenda Chignoli, en Villa Esquiú, a las afueras de Córdoba, supo que se venían días difíciles para su familia. Su hija Magalí, de 14 años, usa el aceite de cannabis elaborado por Brenda desde hace 10 meses para controlar las convulsiones que le provoca el síndrome de West, diagnosticado cuando era una beba. E su mesa de luz, ese 29 de marzo, a Nancy le quedaban pocas gotas. Así que agarró sus cosas, preparó a su hija, pidió plata prestada y viajó a Córdoba.

VER LA JUSTICIA RESTITUIRÁ EL ACEITE DE CANNABIS A MAGALÍ.

VER QUÉ DICE LA RESOLUCIÓN DEL JUEZ.

“Vengo a entregarme a la justicia. Soy una narcotraficante”, dijo en la puerta del Juzgado Federal N°2 de Córdoba. Pedía algo que parecía imposible: que el Poder Judicial le entregue el aceite, que formaba parte de la prueba de una causa por infringir la ley nacional de estupefacientes. Uno de los frascos incautados llevaba un rótulo con el nombre de su hija. “No me importan que me tilde de narcotraficante, voy a revisar a cada policía hasta que me den el aceite”, decía furiosa.

El lunes Magalí pasó una mañana entera con su familia en la Torre de Tribunales Federales. Ese día, la Justicia miró a la cara a las personas que buscan un paliativo para sus dolencias, cuando la medicina tradicional fracasa, y sin embargo quedan en la ilegalidad, pagando su salud con causas o cárcel. En el piso 12 de Tribunales, Magalí pidió dos tazas de leche, las tomó con voracidad y no hizo caso a ninguna de las liturgias judiciales de ese edificio. Hasta quiso entrar a la oficina de Sánchez Freytes.

La Defensora Oficial Ante la Cámara Federal de Córdoba, Mercedes Crespi, tomó el caso invocando el derecho a la salud de la niña, y pidió que el juzgado restituya los aceites. Algo que la Justicia nunca había hecho. Este viernes, el Juez Federal Sánchez Freytes decidió entregar el frasco con aceite rotulado a la familia. Se trata de una medida inédita, ya que la Ley nacional de Cannabis, que habilita el uso medicinal de sus derivados, aún no fue reglamentada. Y significa un avance cultural importante en la Justicia que pone, por fin, el derecho a la salud de un niño por encima de los intereses punitivos de la ley de drogas, declarada inconstitucional en 2009 mediante el fallo Arriola.

El juez hizo lugar al pedido de la madre, “atendiendo al interés superior del niño”, aunque aclaró que “no se puede soslayar que el autocultivo de cannabis con cualquier fin ha quedado excluido de la Ley N° 27.350 (cannabis medicinal)”. Por eso, trata el caso como excepcional. Mientras, siguen a la espera el pedido de otros 100 pacientes de Chignoli, que también hicieron presentaciones similares.

ACEITE PARA MAGALÍ

Magalí es alta, robusta y fuerte. Cada vez que sufre convulsiones, Nancy necesita de otra persona para sostenerla. Según su historia clínica, el síndrome de West (un tipo de epilepsia refractaria) le fue diagnosticado cuando era una beba de tres meses. “Nuestra vida cambió para siempre, imagínese”, cuenta Nancy. Desde entonces, su hija fue conejillo de indias en diferentes hospitales, no sólo de Catamarca. “Probó tantos remedios que un día dejó de tolerarlos”.

En mayo del año pasado la niña tomaba 16 pastillas diarias y un jarabe, a pesar de lo cual, vivía en un estado de convulsiones casi permanente: sufría más de 1.400 por día. “Era un animalito, no lo podíamos controlar”, recuerda su madre. Fue entonces que decidió acudir al aceite de cannabis y se acercó a Brenda Chignoli. “Yo tenía prejuicios. Pensaba que con la marihuana iba a ver pajaritos de colores y esas cosas. Pero a mi hija le devolvió la conexión con la vida y a mí la posibilidad de disfrutar de ella”, dice ahora. Desde entonces, las convulsiones bajaron a la mitad.

Según la resolución del juez, basado en la evolución clínica de la niña, el aceite tuvo “beneficios” en la vida de la niña, ya que “le permitió mejorar la calidad de vida al disminuir el consumo de fármacos, con todas sus contraindicaciones, y a disminuir las convulsiones”.

Magali es una de las cien personas que Brenda Chignoli atiende en Catamarca. Además tiene pacientes en otras provincias. Como Nancy, el resto de los pacientes hizo un pedido que aún sigue en análisis.

“Acá en Catamarca no sabemos cultivar, hay que tener conocimientos para hacer una medicina de calidad. Brenda puso el cuerpo por nosotros, ella es nuestro ángel guardián. Ni si quiera nos cobra la medicina, la ayudamos como podemos”, resalta Nancy. Pide que de alguna manera se avance sobre la posibilidad de reglamentar el autocultivo o el cultivo solidario.

El 29 de marzo, mientras en el Senado de la Nación se aprobaba por unanimidad la Ley de cannabis, la Policía de Córdoba ingresó a la casa de Brenda y se llevó 215 plantas, flores ya cosechadas, aceites y extractos. Según Chignoli, también “arruinaron el trabajo de siete años, porque mezclaron las semillas de diferentes cepas”.

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