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La psicóloga Diana Hunsche sobre “El estafador de Tinder”: “Es un psicópata y no tiene cura”

Simon Leviev, conocido como "El estafador de Tinder", por usar esta plataforma para encontrar a sus víctimas.

El documental El estafador de Tinder se convirtió rápidamente en lo más visto de Netflix y abrió el debate en torno a una problemática no solo real, sino muy común.

La historia de Simon Leviev, como se hacía llamar en la app de citas, dejó al descubierto que las estafas a través de internet pueden tomar cualquier color, incluso el del amor. Sin embargo, en rojo solo quedaron las cuentas de las mujeres que fueron engañadas por un hombre que las enamoraba y luego de un tiempo, les robaba su dinero. Se calcula que, a través de sus fraudes, acumuló más de 10 millones de dólares. Actualmente las víctimas están endeudadas e intentando rehacer sus vidas, mientras él está libre y con un perfil abierto en otra red social.

La psicóloga Diana Hunsche. (Foto Gentileza)

“¿Qué pasaría si a cada una de nosotras se nos acercara un estafador que nos dijera exactamente lo que queremos para nuestra vida o lo que esperamos de nuestro futuro?”, se pregunta la psicóloga Diana Hunsche. La especialista, al ser consultada por ENREDACCIÓN, sostiene que para muchas sería muy difícil no caer en la trampa porque tiene que ver con las aspiraciones individuales. Tampoco un engaño es algo que depende de la autoestima de una persona, ya que las garras de los estafadores están muy afiladas para hacerla entrar en la mentira. “En el caso de él, es una personalidad, como todo psicópata, fría, calculadora, operativa en cuanto sabe lo que tiene hacer. Es un horror, produce espanto, se asemeja a una máquina”, explica desde su consultorio, en una pausa entre pacientes.

Hunsche es psicoanalista y se especializó en psicogenealogía. Trabajó con con el Dr. René Favaloro en el Sanatorio Güemes y, actualmente, es recomendada por las Embajadas de Alemania y de los Estados Unidos, ya que atiende en cuatro idiomas: castellano, alemán, inglés y portugués. Además, dirige la revista online PsicoHerencias y acaba de publicar el libro A terapia ¿yo?.

¿Cómo es la personalidad de un estafador?

Es calculador, misógino, cruel; es muy meticuloso, seductor, todos rasgos que coinciden con el diagnóstico del psicópata. Un psicópata es alguien que no tiene empatía, que no sufre por el dolor del otro, que no tiene conciencia en como lo hiere o lo lastima.

A su vez un estafador es una persona muy concentrada en lo que el otro necesita, de tal modo que ofrece todo lo que la otra persona quiere escuchar o vivenciar. Sabe que hay gestos o actitudes, como regalar un enorme ramo de flores o tomarse un avión para compartir un momento, que son interpretadas por el imaginario colectivo como demostraciones de amor o amistad. Entonces, él se monta sobre eso para crear un escenario en el cual la víctima empieza a creer. Además, el estafador cuenta con cómplices que, frente a la víctima, lo colocan en el lugar de alguien admirado, confiable, accesible y generoso. Esa es la primera etapa de la estafa, la víctima encuentra en el discurso y la conducta del estafador lo que ella desea para su vida, porque él no solo le promete lujos, sino un matrimonio, una familia, hijos; y en el caso de la amistad, una ayuda y cariño incondicional. Él explota dos valores fundamentales para la vida del ser humano: el amor y la amistad, porque no todas son novias. Una vez que se instala en el psiquismo de la víctima como pareja o amigo, empieza a victimizarse y a decir que necesita ayuda porque otros lo están persiguiendo injustamente.

¿Estos son rasgos comunes a cualquier estafador o solo para quienes engañan en el plano del amor?

En este caso, él usa esos valores para tener niveles de vida alto, la estafa es financiera, emocional y moral. El psicópata lo que hace es generar todo lo necesario para cumplir sus metas, o sea que hay algunos que tienen otros objetivos, por tanto utilizarán otros instrumentos. Eso dependerá de la personalidad de cada psicópata.

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¿Un estafador es alguien “demasiado” inteligente?

Suelen ser brillantes, muy inteligentes. Cuando ellos detectan lo que la otra persona quiere, no es para cumplir el deseo y hacerla feliz, sino para manipularla, para digitar estratégicamente ciertos comportamientos que después logren que la víctima haga lo que él quiere. El otro es un objeto, no es un fin, es un intermediario entre él y sus objetivos.

¿Por qué caían en la trampa estas mujeres? 

Sus víctimas, quizá, lo que querían era un nivel de vida económico alto, una familia o una amistad, con las características del estafador. Sin embargo, a otras mujeres, la propuesta de este estafador no les mueve la aguja. Pero qué pasaría si viene alguien que plasma exactamente el futuro que queremos, va más allá del género, edad o nacionalidad, si nos propone un estilo de vida que es el queremos lograr, sería muy difícil abstraerse de ese espejismo. Además, una estafa es un proceso, no es algo que se da de un día para otro. Si bien él tiene todo digitado, tiene un andamiaje ya preparado, un modus operandi en el que repite el mismo mensaje para todas, va pasando por los mismos casilleros con cada una de las historias. Y cada víctima es la que financia la escena para la próxima. Es decir que es una estafa serial.

¿Las víctimas tienen baja autoestima o poca confianza en sí mismas?

No necesariamente. No podemos inculpar a las víctimas. Existen mujeres inteligentes que pueden caer en la trampa, porque tiene que ver con lo que cada una quiere de la vida, de repente encontrarse con alguien que quiere lo mismo, es maravilloso. En una estafa es algo fabricado para producir un engaño. En este caso, es importante saber que Simon, tenía este nivel de vida en realidad, o sea no es que él inventa con Photoshop algo que no tiene, tiene el avión privado, va a restaurants de lujos. Pero él necesita nutrirse de nuevas víctimas para seguir sosteniendo este nivel de vida.

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¿Qué hacer si uno duda o reconoce el engaño?

Estar en contacto con nuestros deseos y con lo que nos va pasando a lo largo del proceso. Cuando tengamos ciertas señales o una intuición que nos hace sentir que algo no está bien o se está dando de modo exagerado, ahí reaccionar. Lo que le pasa a la víctima es que ella quiere creer, desoye las advertencias de su familia y amigos. Hay que admitir que una se puede estar equivocando y estar siendo funcional al deseo del otro. Por eso, es importante recuperar el propio deseo, porque ellas se vuelven instrumentos de él y dejan de ser sujetos, no le pueden poner límites ni decirle que no. Fijarse si lo que se está haciendo es lo que una realmente quiere o se actúa en función de promesas. Todas creen que esto va a ser temporario, pensando que va a durar poco tiempo, cuando en realidad no es así, y esa es una de las estrategias.

“No hay que culpar a las víctimas, tampoco a las apps”.

¿Las redes sociales son el escenario ideal para este tipo de engaños?

Depende, así como no hay que culpar a las víctimas, tampoco a las apps, porque no tienen nada que ver, no se puede acusar el instrumento, sí a su mal uso. Antes de las app, los celulares e internet, el acoso y los engaños ocurrían de otro modo o pasaban por otro lado. En una fiesta o en un bar, donde se podía conocer a una persona nueva, se iba con lo mejor que se tenía, porque todos queremos seducir, ser amados, llegar al otro y conseguir en la vida, las metas que nos hacen felices.

¿Las apps como Tinder desvirtúan los vínculos reales?

Todo depende de quien postea. Algunos de mis pacientes empiezan un vínculo a través de Tinder y, después cuando sienten que es exclusivo, muchos se desilusionan porque el otro sigue estando en la red. O ve una foto y luego en persona no es nada que ver, porque la gente se muestra como un objeto deseable. En ese sentido, hay que tener cuidado. Las redes sirven de pantallas, pero hoy se puede googlear a una persona y, sin embargo, esta estafa se dio, aun con esa posibilidad. Entonces, depende de la intencionalidad o hacia donde uno quiere direccionar lo que va a hacer.

¿El amor se puede encontrar en una red social?

Sí. Son los pasos que se pueden dar también conociendo alguien en forma presencial. Con lo presencial uno tiene activado ciertos radares, que tienen que ver con la mirada del otro, ciertos gestos. Con Tinder o estas aplicaciones, uno ya parte desde un nivel más avanzado, ya sabe de que le gusta al otro. Puede ser  para mejor o peor. Antes o ahora, de modo presencial había que llegar a esa conclusión de que el otro gustaba de una, para eso tenía que activar ciertos radares vinculados a la intuición. Con estas aplicaciones ya se da cierta garantía, pero puede ser un match engañoso, como en el caso de este estafador, que ellas creían que gustaba de ellas, pero no era así. Cuando no lo es, ya se puede pensar que hay una mínima coincidencia entre los dos.

“Es fundamental que la víctima no se sienta avergonzada y pueda hablarlo”.

¿Qué pensás de que esté libre y tengas redes sociales?

Es un espanto. Es siniestro que él esté libre y que las víctimas sigan pagando las deudas que contrajeron a su nombre por salvarlo a él. Por otro lado, hay un tema importante: muchas veces, la victima se siente tan humillada que no habla. Ellas son tres de las muchísimas que también fueron estafadas y no hablaron. Es fundamental que la víctima no se sienta avergonzada y pueda contarlo. Esta vergüenza tiene que ver con la sensación de que ella falló, que no detectó la estafa anticipadamente, entonces se silencia. Otras veces quedan calladas por la extorsión del estafador que las amenaza. Las víctimas tienen que hablar y difundir lo que les pasa o pasó. Por eso, lo del documental está muy bien. Es importante que la víctima reaccione y que haga terapia porque eso la va ayudar a tramitar la ira, a generar nuevos proyectos, apostar nuevamente al amor y alinearse con sus deseos.

¿Simon Leviev o un estafador, es imputable?

Sí, totalmente imputable. A nivel legal, habría que encontrar una figura que avale que tenga un escarmiento. Igual, el psicópata aunque lo metan en la cárcel, sentirá que es una injusticia, él no va admitir nunca un error y no tiene capacidad de arrepentimiento. Si tiene un castigo, no lo va a relacionar con lo que él hizo, es tremendo. Por eso, es que tampoco pueden ser modificados a través de la terapia, no tienen cura.

  

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