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¿Es posible un Bolsonaro argentino?

¿Es posible un Bolsonaro argentino?

El candidato neofacista, Jair Bolsonaro.

La dialéctica Orden/Caos es la que marca la tendencia del voto popular. Esta tesis ha sido desarrollada por Norbert Lechner de Clacso. Es claro que los conceptos de Orden y de Caos son dinámicos en la historia y responden en gran medida a los humores sociales.

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Alfonsín representó el Orden frente al Caos sangriento del Terrorismo de Estado. Menem representó el Orden en la década del '90. Y los Kirchner representaron el Orden luego del default de deuda soberana del 2001.

Las sociedades buscan siempre el Orden y escapan siempre del Caos. No hay ejemplos de un voto popular revolucionario. Las calles son revulsivas, pero no las urnas. Con más razón en el siglo XXI, donde el sujeto histórico revolucionario del Marxismo, prácticamente ha desaparecido. El proletariado urbano industrial no es más el del Siglo XIX del que hablaba Carlos Marx.

Con las sociedades de consumo actuales, han aparecido otros sujetos históricos asociados a los servicios y no a las industrias.

Es decir, que para analizar "el fenómeno Bolsonaro" en Brasil, se impone el análisis de este contexto sociológico y psicológico social. De manera muy particular, la tendencia al Orden que tienen todas las sociedades y el escape de las situaciones de Caos. Un orden político tradicional generado por las Democracias ha perdido confianza social por el incumplimiento de los mandatos populares por parte de las dirigencias surgidas del voto popular. Corrupción, pobreza, inseguridad y desigualdad social son marcas hoy en toda Latinoamérica. Y esas marcas han generado un desgaste social en su compromiso democrático.

En esa realidad aparece el fenómeno Bolsonaro como un actor de una política nueva que viene a denunciar los vicios de la vieja política.

Similar a lo que pasa con Trump, Marine Le Pen y Matteo Salvini.

Neofascismo vs. Falso Progresismo latinoamericano

Este es el gran debate de hoy en Latinoamérica. La aparición de un Neofascismo como reacción frente al falso progresismo.

El ex presidente brasileño, Luis Ignacio Lula da Silva.

Tanto el PT de Lula Da Silva como el Kirchnerismo en la Argentina, expresaron un falso progresismo, autoritario y distributivo. Ese falso progresismo asoció a los Derechos Humanos como un instrumento de acumulación de poder político. Y esa sociedad con los Derechos Humanos le permitió al Kirchnerismo silenciar y ocultar prácticas corruptas y comportamientos autoritarios.

Y debe saberse que la corrupción es una violación autónoma de los Derechos Humanos de la Convención Americana (art. 24, 25 y 26). Tal como lo dice la Comisión Interamericana en su Informe 1/18. No hay ningún progresismo real y auténtico sin un compromiso efectivo de luchar contra la Corrupción.

Las opciones políticas de Argentina del 2018

Incompetencia y soberbia parecen ser los rasgos más visibles del Macrismo en el 2018. Sin embargo, su nivel de rechazo social no es más alto en razón del miedo al regreso del Caos Kirchnerista. Ese miedo al Caos Kirchnerista es el que sostiene su gobernabilidad. El Kirchnerismo por su parte practica una oposición radical. Es decir a todo y por todo. Para el Kirchnerismo el incendio social y la sangre son riesgos colaterales que se deben asumir. Lo importante es evitar que Cristina vaya a la cárcel.

El peronismo racional y la centroizquierda existen políticamente, pero con miedos. No alcanzan a expresar novedades políticas o terceras posiciones por falta de definiciones y por falta de proyectos y programas. De tal manera que el argentino sigue encerrado, lo mismo que el brasileño, en opciones falsas. O bien el Orden que representa Bolsonaro, con balas y biblias, o bien el Caos distributivo y altamente corrupto que representa el Kirchnerismo en Argentina y el PT en Brasil.

El peronismo racional y la centroizquierda existen políticamente, pero con miedos. No alcanzan a expresar novedades políticas o terceras posiciones por falta de definiciones y por falta de proyectos y programas.

El ideal en Argentina y en todas las sociedades, es tener una opción política definida de centroderecha y otra de centroizquierda. Y son opciones que deberían generar adhesiones y rechazos no por su ideología, sino por su capacidad o no en el manejo de la cosa pública y la honestidad de sus dirigentes. En Argentina desgraciadamente eso no pasa. Porque las opciones políticas generan adhesiones y rechazos desde la ideología y no desde la capacidad de gestión. Y eso debe cambiar.

Nunca Más a la corrupción

Si queremos quebrar esa falsa opción, debemos partir de premisas diferentes. Y él Nunca Más a la Corrupción es lo diferente porque la lucha contra la Corrupción no es religiosa ni poética, sino que es básicamente económica.

El modelo económico argentino desde la época del Terrorismo de Estado, está centrado en la corrupción de la obra pública y luego en la corrupción de los servicios públicos. Pero siempre se trata de un modelo económico basado o impregnado de corrupción. Y debe saberse que ningún modelo económico basado en la corrupción aguanta demasiado tiempo.

El modelo económico argentino desde la época del Terrorismo de Estado, está centrado en la corrupción de la obra pública y luego en la corrupción de los servicios públicos.

El modelo basado en la corrupción (Terrorismo de Estado, Menemismo y Kirchnerismo) no le han dado a la Argentina ni crecimiento sostenido del PBI, ni disminución de la pobreza ni de la desigualdad social.

Esta es la realidad de los números históricos, más allá de los relatos políticos.

A su vez el modelo económico basado en la corrupción es acompañado siempre por un modelo cultural de “roba pero hace”. Y ese modelo cultural es el mayor aval que tiene la impunidad de la Corrupción que en la Argentina y en Brasil es la clave para entender la desconfianza social en la Justicia y en la política. Es decir la clave para entender el fenómeno Bolsonaro.

¿Cómo lograr el recupero de lo robado por la Corrupción?

Lo que pide el argentino hoy es que se devuelva la plata robada por la corrupción, cuyo monto estimativo es el monto del préstamo del FMI.

Lo que pide el argentino hoy es que se devuelva la plata robada por la corrupción, cuyo monto estimativo es el monto del préstamo del FMI.

Esa plata robada, al menos en un 50%, está en poder de las empresas que participaron en la red de Corrupción. Si bien ellas no tienen responsabilidad penal, tienen responsabilidad civil reparatoria. En sus balances públicos está el monto de lo robado. En esta línea, se debería investigar también la responsabilidad civil de los Estados extranjeros donde están radicadas esas empresas que participaron del saqueo. Los Tratados de Promoción y Protección de las Inversiones Extranjeras que fijan la jurisdicción de los Tribunales del CIADI sólo sirvieron para condenar al país en beneficio de los inversionistas. Esta es una oportunidad para  investigar  la responsabilidad de los Estado que protegen y protegieron a empresas extranjeras participes en la red de Corrupción. La Procuración del Tesoro y el Ministerio Publico son los órganos constitucionales que deberían ya haber avanzado en esta línea de responsabilidades.

La necesidad de una Concertación Social

Esto pasó en la Francia de la V Republica. Frente a la debacle de la IV República y después de la Guerra sucia de Argelia, los franceses maduraron como sociedad y decidieron un cambio profundo en su modelo político y en su modelo económico. Así nació la Concertación Social como una mesa de trabajo y acuerdos entre partidos políticos, sindicatos y empresarios.

Esa Concertación Social marcó a la Francia moderna. Fueron aproximadamente 15 políticas sectoriales que se comprometieron a cumplir todos los actores sociales. Y un plan intermedio con vigencia en los primeros tres años. Así nacieron las políticas estratégicas de Francia en Economía, Obras Públicas, Energía, Educación, Justicia, Ambiente. Allí nació el Mercado Común Europeo.

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El gobierno nacional debería ser el convocante a una Concertación Social que no es simplemente una foto, sino que es un compromiso sobre políticas públicas a desarrollar en 15 o 20 años.

Esto es lo que necesita imperiosamente la Argentina del 2018. El gobierno nacional debería ser el convocante a una Concertación Social que no es simplemente una foto, sino que es un compromiso sobre políticas públicas a desarrollar en 15 o 20 años. El debate sobre el déficit cero comprometido con el FMI debe ser analizado en ese contexto de Concertación. Del mismo modo que el objetivo de Pobreza cero y del mismo modo que la desconfianza social en la Justicia y la cíclica inflación argentina y el Nunca Más a la corrupción.

Estas son los debates centrales en la Argentina de hoy. Y las respuestas a estos debates sólo se logran desde una Concertación Social. Basta de creer en la mentira que el problema argentino es solo un problema económico y que lo puede solucionar un solo gobierno de un solo partido político.

Si no hay Concertación Social, estarán dadas las condiciones para que aparezca un Bolsonaro argentino. Y con ello el Neofascismo hará pie en la Argentina del Siglo XXI.

* Juan Carlos Vega es ex presidente de la Comisión de Legislación Penal de la HCDN.

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