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¿El amor vence al odio?

Una guillotina frente a la Casa Rosada. (Foto: Gentileza).

El intento de magnicidio contra Cristina ha encendido la mecha de la reacción de una buena parte del pueblo. Y no podía ser de otra manera, ya que ante el ataque desembozado de los poderes fácticos encabezado por la justicia y los medios hegemónicos y la impotencia de un gobierno que no está dando respuesta a las necesidades populares, es la última carta para parar a la derecha que está sedienta de sangre.

Está bien, es sensato y civilizado, hacer un llamado a bajar los decibeles del discurso político, a intentar encauzar las diferencias políticas por los canales democráticos e institucionales, pero es una ingenuidad creer que todo se resuelve apelando a la buena voluntad de los interpelados. En todo caso eso pone en evidencia a los odiadores, pero se debe saber que no es una cuestión de buenas maneras lo que está en juego, sino de intereses de clase, de modelo de país. Tampoco se arregla con una ley contra el odio que debe aplicarla una justicia que es parte de ese mecanismo odiador y que sería letra muerta como tantas otras leyes.

Por eso no se trata solo de Cristina, como ella lo ha dicho: vienen por lo mejor del peronismo, vienen por nuestros derechos y lo que queda de democracia. Detrás de este juicio y en todos los que está involucrado el partido judicial, en contra de los dirigentes nacionales y populares y encubriendo al macrismo y a los dueños del poder, está la consolidación de un sistema de expoliación de los recursos nacionales, de superexplotación y pérdida de derechos de los trabajadores y sectores populares y entrega de la soberanía. En definitiva consolidación del neoliberalismo y la subordinación a los intereses geopolíticos de los EEUU. Fueron muy claras las expresiones del embajador norteamericano Marc Stanley quien expresó -apenas se hizo cargo de la embajada- su preocupación al notar que el actual Gobierno no se acopló a los Estados Unidos y a otros países que exigen el respeto de los derechos humanos en países como Venezuela, Cuba y Nicaragua y afirmó: “Si se confirma mi nominación, planeo dialogar con líderes de todos los niveles para lograr que en el hemisferio se honren nuestros ideales”. Pero luego, redobló la apuesta cuando exigió en el marco del encuentro anual del Council of Americas la formación de una coalición, dejando las diferencias políticas de lado, oficialismo y oposición, – la vieja Unión Democrática- no solo para gobernar, sino también para explotar las riquezas naturales con el gran país del norte como socio.

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Y para eso necesitan sacar a Cristina y al kirchnerismo del medio.

Y no se trata de una retorcida mirada conspirativa sobre el origen de nuestros males. La historia de Latinoamérica y el mundo está plagada de ejemplos de la intervención norteamericana en los países para que se “honren sus ideales” que no son otra cosa que los intereses imperiales que operan a favor de sus empresas y sus negocios y que siempre contaron con la anuencia y complicidad de las clases dominantes hoy conmovidas en su tilinguería y cipayismo con la muerte de la pirata más grande.

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Por esto, no alcanza con una marcha o una misa “por la paz y la democracia”, que al igual que “el amor vence al odio”, son consignas hippies si no se ponen arriba de la mesa los intereses de clase y los proyectos de país que se ponen en juego y cómo ese antagonismo se manifiesta. No se resuelve poniendo ante el agravio, la otra mejilla, como debemos enfrentar el odio de las clases dominantes hacia cualquier expresión nacional y popular y que viene desde los albores de la Independencia nacional, porque nos van a seguir pegando hasta que caigamos de rodillas, sino con políticas de gobierno que respondan a las expectativas populares y preparándonos para resistir, organizándonos.

Y ya que volvimos a la calle, no dejarla más. Si queremos la paz, preparémonos para la guerra, decían los romanos; si queremos más democracia y mejor, vamos al combate para dejar atrás esta democracia deshilachada que es una fachada de la dictadura del capital. Y el amor reservémoslo para los compañeros y compañeras que luchan y como aspiración para que reine en una sociedad con justicia social, independencia económica y soberanía política. Es hora de hacer lo que no se ha hecho hasta aquí: organizarse, movilizarse y prepararse para una larga lucha. Es hora de que la dirigencia del Frente de Todos, la sindical y social, se pongan a la altura de las circunstancias históricas y dejen las especulaciones sectoriales o electorales de lado. Si no, no habrá Patria que defender. Como decíamos en notas anteriores, la democracia será maradoniana o no será, sera combativa o no será.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Josefina Piana

    20 septiembre, 2022 a 19:18

    Muy buen análisis.

Comentario:

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