Anoche, con el 98% de los votos escrutados, obtenía 46,2% de los sufragios. Competirá en la segunda vuelta con Fernando Haddad (PT). Una mirada sobre el impacto local.

el ultraderechista, Jair Bolsonaro, el candidato más votado en la primera vuelta de las elecciones de Brasil.

Más de 49 millones de votos obtuvo el ultraderechista Jair Messias Bolsonaro, que se impuso con un 46,2 por ciento las elecciones presidenciales celebradas ayer en Brasil. Con el 98 por ciento de las urnas escrutadas, Bolsonaro quedó al borde de una victoria en primera vuelta, para lo que necesitaba el 50 por ciento de los votos.

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Su contrincante en segunda vuelta será el candidato del proscripto ex presidente, Luis Ignacio Lula Da Silva, Fernando Haddad (PT, izquierda), que conseguía  29,07 por ciento. En tercer lugar se ubicó el laborista Ciro Gómez con 12,49 por ciento. Mientras que casi un 20 por ciento de los electores no concurrió a las urnas.

Bolsonaro, un candidato xenófobo, misógino, homofóbico, apologista de la dictadura militar y un ultra-liberal en economía, tiene grandes probabilidades de convertirse en presidente del país más grande Sudamérica el próximo 28 de octubre cuando se dispute el ballotage de las elecciones. Si bien Haddad tiene posibilidades matemáticas de remontar la diferencia, los 17 puntos que los separan serán una cuesta muy empinada para el candidato izquierdista en términos políticos. Su perfil radical, alejado del centro, no lo hace, en principio, un candidato que pueda expresar a las clases medias urbanas del centro y sur brasileño, que le dieron la espalda en esta primera instancia. A su favor tiene el miedo que genera Bolsonaro en vastos sectores democráticos del país vecino y los potenciales errores que pueda cometer a partir de su agresiva verborragia.

Fernando Haddad, el candidato del PT.

Sin embargo, el resultado de primera vuelta revela que el amplio triunfo del candidato ultraderechista fue transversal a sectores sociales, y es una expresión anti-sistema político, anti-corrupción, anti-inseguridad y anti-Partido de los Trabajadores (PT), en cuanto a su condición de representante de los “pobres”, de los “trabajadores” brasileños y de un sistema económico populista y redistributivo. Es además un candidato que se levanta en medio de la crisis política y económica y que Atilio Borón calificó como el nacimiento de monstruo en el diario Página/12.

El resultado de primera vuelta revela que el amplio triunfo del candidato ultraderechista, es una expresión anti-sistema político, anti-corrupción, anti-inseguridad y anti-Partido de los Trabajadores (PT), en cuanto a su condición de representante de los “pobres”, de los “trabajadores” brasileños y de un sistema económico populista y redistributivo.

Para tener una referencia, la economía brasileña aún sigue estancada y así es percibido por los brasileños. Luego de una de sus más fuertes recesiones de la historia, cuando cayó casi un diez por ciento entre fines de 2014 y mediados de 2016, y dejó una tasa de desempleo de más del doce por ciento, se espera que crezca poco más de uno por ciento este año, repitiendo el pobre desempeño de 2017. La situación fiscal es crítica con un déficit nominal de 7,5 por ciento del PBI, y la deuda pública llega a 77 por ciento del PBI. Tiene algunos datos positivos: la inflación parece estar controlada en alrededor del cuatro por ciento anual, y el sector externo muestra un déficit en cuenta corriente del balance de pago del uno por ciento del PBI, combinado con un elevado monto de reservas internacionales.

A Bolsonaro se lo compara erróneamente con el presidente Donald Trump. Son equiparables en sus formas y representación anti-sistema político clásico, pero en política y economía tienen diferencias. El candidato brasileño es literalmente un fascista y el presidente norteamericano, más allá de algunos puntos de contacto, pertenece a la derecha política conservadora y no es un ultra de pensamiento fascista. Posee también algunas diferencias en su pensamiento económico, al menos en lo que se conoce hasta ahora. Mientras el brasileño es un ultra-liberal que ha recibido el apoyo del establishment paulista y aun no se ha expresado respecto del grado de apertura de su economía, el estadounidense es un populista de derecha que alimenta medidas proteccionistas de la economía y de desarrollo del mercado interno de su país. Trump es un crítico del establishment financiero y globalizador norteamericano y por eso ganó las elecciones. Bolsonaro triunfa por el hastío con la corrupción y la clase política tradicional de Brasil. Es probable que, a partir de su vinculo con los industriales de Sao Paulo, re-genere el sueño de locomotora industrial regional de Brasil. En principio, podría tratarse de una autonomía relativa, no competitiva con Estados Unidos, sino colaborativa. Según se ha conocido en el transcurso de la campaña, incluso podría aceptar una base militar norteamericana en su territorio.

Si llega a presidente, el ex capitán del Ejército, ya adelantó que tratará de achicar drásticamente al Estado reduciendo su prestación de servicios públicos como educación, salud y jubilaciones, a las que considera áreas de rentabilidad potencial para el sector privado; y privatización de empresas estatales. También ha planteado que instrumentará una profunda flexibilización laboral y el recorte de derechos del trabajo (aguinaldo, vacaciones, etc.), contendrá los aumentos salariales y aplicará una reforma tributaria regresiva. La rebaja de los costos laborales y del Estado apuntan a crear condiciones de competitividad internacional de la industria y los servicios brasileños sin ampliar el mercado interno propio, esto es alcanzar escala con el de los países vecinos. La diferencia con el golpista Michel Temer, es que tendrá un enorme poder político para llevar adelante las reformas pro-mercado.

En Argentina, la incidencia política que puede tener una eventual victoria del candidato ultra-derechista, es el peso de las demandas anti-sistema político, anti-corrupción y contra la inseguridad en el electorado de los distritos más desarrollados.

En Argentina, la incidencia política que puede tener una eventual victoria del candidato ultra-derechista, es el peso de las demandas anti-sistema político, anti-corrupción y contra la inseguridad en el electorado de los distritos más desarrollados -el ex militar ganó justamente en las regiones más ricas y urbanizadas-. Un triunfo de Bolsonaro le daría la razón a Jaime Duran Barba de fortalecer el electorado propio de derecha del president Mauricio Macri y tensar al máximo con la oposición populista.

Tendrá influencia en la economía, porque si logra imponer las reformas radicales en el mercado laboral, la integración regional que significa el Mercosur quedará fuertemente desequilibrada, salvo que aquí ocurriera algo similar a Brasil.

Tendrá influencia en la economía, porque si logra imponer las reformas radicales en el mercado laboral, la integración regional que significa el Mercosur quedará fuertemente desequilibrada, salvo que aquí ocurriera algo similar a Brasil. La segunda consecuencia del fin del ciclo populista brasileño en la economía, es el regreso a la tesis de los industriales de ese país, de que Sudamérica es una especie de mercado cerrado para sus productos. Con menores costes productivos la industria buscará inundar a la región con el “Made in Brasil”. Si esto sucede, tendrá consecuencias desastrosas en el limitado entramado industrial argentino a partir de las políticas aperturistas que lleva adelante la administración Cambiemos.

La producción industrial cordobesa tiene como socio principal a Brasil, fundamentalmente el complejo automotriz. Un escenario como el planteado condicionará la sustentabilidad de mediano plazo de este sector. Hasta ahora, la especialización productiva permitía que las fábricas se ubiquen a uno y otro lado de la frontera, si los costos laborales del gigante auriverde bajan en consonancia con este planteo, la franja de provisión de insumos -las autopartistas- tendrán escaso futuro aquí. Mientras que algunos productos de gama media de las terminales también podrán sobrevivir según la ecuación costos-calidad, pero otros terminarán migrando. La clave política es saber si habrá armonización pro-mercado de las fuerzas laborales para que eso no ocurra o si los trabajadores argentinos lograrán frustrarla.

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