Las frutas son importantes para una alimentación saludable.

Escuchamos hablar sobre la necesidad de llevar una alimentación saludable y a menudo lo relacionamos con perder peso. Sin embargo, comer sano va más allá de evitar unos kilos de más; se trata de prevenir enfermedades relacionadas con los malos hábitos alimenticios.

Hoy en día muere más gente por mala alimentación que por no tener alimentos. Es una afirmación que puede sorprender o parecer exagerada, sin embargo, no es más que la realidad actual. Cada vez son más los expertos que advierten de esta situación, como el investigador de la Universidad de Columbia en Estados Unidos Walter Baethgen, quien afirma quecerca de 800 millones de habitantes del planeta se van a dormir con hambre cada noche, pero al mismo tiempo conviven con 2.000 millones de personas que tienen sobrepeso, y la mitad son obesas, lo que contribuye a aumentar la prevalencia de enfermedades como la diabetes o las dolencias cardíacas”.

Hay más personas en el mundo con obesidad de las que hay con desnutrición severa. Pero el exceso de peso no es el único problema. La mala alimentación hace que se produzcan carencias que provocan que, por ejemplo, cada año fallezcan unas 300.000 mujeres en el parto por falta de hierro.

No es exagerado señalar que una buena alimentación nos puede salvar la vida o, al menos, cambiárnosla a mejor. La conciencia sobre este problema está creciendo, aunque todavía queda mucha pedagogía por hacer. Vemos ejemplos de grandes estrellas que han optado por cambiar radicalmente sus hábitos alimenticios no por una cuestión estética, sino de salud. Es el caso de la famosa presentadora estadounidense Oprah Winfrey, quien no sólo ha cambiado su forma de comer sino que intenta compartirlo con los demás con acciones como apoyar organizaciones como Weight Watchers o con su propia línea de comida sana que se puede preparar en el microondas, para que no haya excusas.

CUERPO SANO Y MENTE SANA

Hay casos mucho más cercanos, como el del cordobés Pablo Tavitián, un profesional de poker entre cuyos éxitos está el haber ganado el LAPT Chile de 2013 y que, como buen jugador, bajó radicalmente de peso por una apuesta con otros colegas; sin embargo, lo que empezó como un juego se tornó en un cambio de mente que le transformó físicamente pese a encontrarse en un mundo especialmente ligado al sedentarismo y la comida chatarra hasta hace bien poco. Pero incluso en este mundo del poker se está cambiando la mentalidad, porque la buena alimentación no sólo mejora nuestro aspecto físico y salud sino también nuestro cerebro, afectando a la memoria o los niveles de atención y concentración.

Existen varios estudios que confirman que hay alimentos que nos hacen más listos, o que por lo menos evitan que se nos atrofie el cerebro. Del mismo modo que mantener una alimentación equilibrada ayudará a que nuestro cuerpo se mueva mejor, también hará que nuestra mente funcione mejor.

Tenemos asumido que los deportistas de élite necesitan llevar una dieta determinada para poder rendir al máximo nivel, pero también los profesionales de los nuevos tipos de deporte, como los “deportes electrónicos”, cuidan su alimentación como parte de su entrenamiento. Los jugadores de videojuegos, quienes trabajan principalmente con el cerebro, incluyen como parte fundamental de su entrenamiento el deporte y la buena alimentación.

ENFERMEDADES PROVOCADAS POR LA MALA ALIMENTACIÓN

No es necesario ser un deportista de élite, sea de deporte físico o mental, para cuidar la alimentación. La falta de frutas y verduras en nuestra dieta o el exceso de sal, azúcar o carne, nos hacen vulnerables a enfermedades que se cuelan entre las principales causas de mortalidad en el mundo.

La diabetes, hipertensión, obesidad, osteoporosis, alto nivel de colesterol, cáncer, gota o caries son dolencias que se relacionan directamente con la alimentación. Existe la predisposición genética a padecerlas pero la mala alimentación juega un papel fundamental en su desarrollo. Un cambio en nuestra dieta puede ayudar a prevenirlas. Para muchos nutricionistas, el factor ambiental es mucho más determinante que el genético.

A menudo ni siquiera somos conscientes de tener malos hábitos alimenticios. Se trata de un problema estructural, de deficiencias nutricionales que se pasan de generación en generación por mala praxis. Es por eso que voces como la del ex presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, el doctor Edgardo Ridner, abogan porque enfermedades como la diabetes, la obesidad o la hipertensión se consideren contagiosas. Es un mal social. En la Argentina, como en muchos otros países, se produce comida en exceso, suficiente como para alimentar 10 veces la nación. Sin embargo, hay carencias nutricionales. Casi la mitad de los argentinos tiene sobrepeso y alrededor de un 30% anemia. Se piensa de manera equivocada que el sobrepeso y la anemia, provocada por la falta de hierro, no son compatibles, pero sí se pueden dar de manera conjunta.

LOS ENEMIGOS DEL ESTÓMAGO

Hay tres grandes “enemigos” de una buena alimentación: sal, azúcar y grasa. Entrecomillamos la palabra enemigo porque no queremos decir que haya que eliminar estos elementos de nuestra dieta. El sodio, la glucosa o las grasas, igual que los hidratos de carbono y las proteínas, son necesarios para nuestro cuerpo. Pero en su justa medida.

El desarrollo industrial ha hecho que los hábitos alimenticios hayan cambiado en las últimas décadas, incrementando el consumo de carne y productos industriales. Esto ha provocado que estemos consumiendo muchas más calorías, azúcar o sal de las que necesitamos.

En México, uno de los mayores exportadores de sal del mundo, ya se está empezando a tratar el alto consumo de sal y los problemas derivados de ello como una cuestión de Estado; a través de la campaña “Menos sal, más salud” se intenta concienciar sobre los efectos que el exceso de sal provocan en nuestro organismo.

Ocurre lo mismo con el azúcar, a menudo “escondido” en otros alimentos de consumo habitual. Organizaciones como SinAzúcar nos muestran de manera muy gráfica la gran cantidad de azúcar que consumimos, muchas veces sin ser conscientes de ello.

Como decíamos, no se trata de suprimir el azúcar o la sal, salvo que sea por prescripción médica, sino de consumirlos de manera consciente y equilibrada.

Estos son algunos de los enemigos de la alimentación sana, pero ¿cuáles son los aliados? Sin ninguna duda, el mejor aliado sólo tienen un nombre: ejercicio físico diario.

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