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Cultura

Carlos Alonso en una histórica exhibición de 67 obras que homenajea su trayectoria

Carlos Alonso. (Foto: Gentileza).

Una muestra de Carlos Alonso que recorre la extensa trayectoria de uno de los pintores argentinos más importantes del siglo se exhibe en la galería Witcomb de la Ciudad de Buenos Aires, al cumplirse 67 años de la primera exhibición que en ese espacio cultural realizó el artista, de 93 años, cuya producción se ha desplegado en los museos más importantes del país y el mundo.

El compromiso político, las mujeres que lo acompañaron en su vida, los diabólicos niños de la serie “El juguete rabioso” -la célebre obra de Roberto Arlt- y hasta cuadros realizados a cuatro manos con Guillermo Roux integran la muestra que esta galería, la más antigua del país, realiza en homenaje a Alonso, con la exhibición de 67 obras para celebrar la misma cantidad de años transcurridos desde la primera puesta que el artista realizó en ese lugar.

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Todo el arco artístico y la vasta temática del pintor, a través de técnicas mixtas, acuarelas, tintas, serigrafías y litografías, así como láminas que pertenecen a la serie de “La divina comedia”, inspirada en la obra de Dante Allighieri, forman parte de la exhibición que se podrá visitar en octubre.

La descarnada mirada crítica de Alonso impacta desde la vidriera de la galería, con una serigrafía que evoca el infierno de Dante de esa obra mítica: figuras satánicas que demuestran que los horrores siguen replicándose y alimentando las imaginaciones actuales aparecen en esta obra, de las que Alonso “produjo 60 ejemplares”, según cuenta a Télam Jorge Calvo, propietario de la galería, quien mantiene un contacto habitual con el artista.

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Ese cuadro, recuerda Calvo, llegó a formar parte de la película “El ángel” en la que su director, Sebastián Ortega, cuenta la vida de Robledo Puch, el asesino serial más famoso de la historia criminal argentina. En el film, Puch y otro joven que lo acompaña matan a una de sus víctimas y le roban ese cuadro, sobre el que el protagonista fija su mirada al otro día, cuando se despierta, en una síntesis de horror y sensibilidad que caracteriza al personaje.

Otra de las serigrafías sobre la vidriera de la galería evoca la dictadura chilena, con “El estadio”, una obra que muestra el Estadio Nacional de Chile, el sitio al que eran llevados los detenidos por ese régimen, y en el que aparecen, con figuras en negro, desde peones rurales, artistas, trabajadores y empleados con traje y corbata; “una serie muy buscada”, según Calvo, en la que Alonso da cuenta de que nadie salió indemne del horror represivo de Pinochet.

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“Siempre entendí cuál era mi suerte: desentrañar la relación entre la pintura y la gente y la sociedad”, manifestó alguna vez el artista, que así como se caracterizó por ser un pintor de obsesiones, que volcó en sus obras hasta agotarlas, también pintó una única vez el rostro del Che Guevara, enmarcado en la bandera argentina, cuando tomó conocimiento del asesinato en Bolivia.

En el interior de la galería, las mujeres con las que Alonso convivió a lo largo de su vida se hacen presentes con tres cuadros de “Ivonne”, madre de Paloma, su hija desaparecida en 1977, a los 21 años, por la dictadura argentina, que llevó al artista al exilio en Roma, su posterior mudanza en 1979 hacia Madrid, y el regreso al país en 1981 para instalarse en Córdoba.

“La espontaneidad con la que retrató a Ivonne, refleja la influencia de Picasso en su obra, regida por la espontaneidad, la pura pasión de la pincelada, donde no hay nada corregido y da por resultado una obra maravillosa”, dice Calvo, acerca de una de las imágenes.

La misma Ivonne, en un dibujo en carbonilla, pero al desnudo, plena de sensualidad, integra el recorrido donde también aparece “la actual mujer de Alonso, Elena, con la que tuvo dos hijos”, señala el galerista.

“La mujer es uno de los temas más excitantes y más amorosos que he tenido en mi vida desde que empecé a pintar”, dijo el artista alguna vez, lo cual se refleja en estas y otras imágenes que integran la muestra.

Por otra parte, “Niña con trenzas”, testimonia el trabajo infantil que se observa en una mirada profundamente triste y en las grandes manos de una nena, vestida con poncho, vestimenta típica del ámbito rural.

La influencia de su maestro de arte Lino Spilimbergo se hace clara en la penetrante mirada de otra niña, dibujada en carbonilla. Con Spilimbergo tuvo su primer contacto en la Universidad de Tucumán, y ese vínculo lo marcó desde la calidad estética y desde la amistad que forjó con el artista, a quien retrató en una oportunidad.

Una pintura del año 56, donde reproduce una escena circense, también forma parte del recorrido de la galería, donde vuelve a aparecer la influencia de Picasso, así como una serie de obras firmadas con Guillermo Roux, un gran amigo, al que conoció durante su exilio en Europa.

Una de esas obras está ambientada en el Central Park de Nueva York, con una avenida sobre la que circulan una serie de vehículos -hechos por Alonso- y por delante, el rostro imponente del artista, que semeja una escultura, realizada por Roux, para plasmar la grandeza de su amigo y artista.

Otra de esas bellísimas obras junto a Roux, tiene a Alonso, de perfil, junto a una mujer que acerca sugerentemente uno de sus dedos a los labios del artista.

Un especial lugar ocupan las litografías de la serie de Dante Alighieri. “Son seis y pertenecen a la última exposición que tuvo lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes. Hizo 250 ejemplares de cada una, respondiendo a su idea de democratizar su obra, en cuanto al costo, a la accesibilidad, algo muy importante en Alonso”, destaca Calvo.

La serie “El juguete rabioso”, donde aparecen bebés diabólicos despiertos en sus cunas, también está presente en la muestra de 67 obras, del centenar con las que cuenta esa galería, algunas aún sin enmarcar y cuidadosamente guardadas en carpetones que Calvo abrió para mostrar los originales del artista llegados desde Unquillo.

Algunas de esas obras son geniales autorretratos del propio Alonso, hechos en pintura pero también en lápiz, y reflejan la creatividad constante del artista, de quien el galerista tiene un Dante original, hecho en birome.

Esas carpetas también albergan una pintura en témpera negra que vislumbran los rostros desenfrenados de dos mujeres trenzadas en una pelea o en un trance amoroso, que data de 1997.

Alonso nació en 1929 en la zona de Tunuyán, Mendoza. Además de recibir numerosos premios, en Argentina y el exterior, participó de muestras individuales y colectivas en todo el mundo, entre ellas el Museo Nacional de Bellas Artes (México), Museo de Arte de La Habana (Cuba), las galerías italianas Giulia de Roma y Eidos de Milán, incluyendo la Bedford Gallery de Londres.

Entre sus ilustraciones más importantes se puede mencionar Don Quijote de la Mancha y Martín Fierro, Romancero Criollo, Antología de Juan, La divina comedia, Juguete rabioso, Lección de Anatomía, Mano a mano, además de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda.

DÓNDE VISITAR LA MUESTRA

LUGAR: Galería Witcomb (Avenida Santa Fe 1161, CABA).

CUÁNDO: De lunes a viernes.

HORARIO: De 11:00 a 19:00.

ENTRADA: Libre y gratuita.

> Con información de TÉLAM.

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