La plaza de los pañuelos verdes fue superior a la de los pañuelos celestes. Las grandes ciudades y el sur fueron verdes y el centro y el norte del país, celestes.

Una imagen del “pañuelazo” ayer en Córdoba. Foto: Gentileza @yaami_flores.

Como una ola verde, la despenalización del aborto excedió el resultado de la votación de la Cámara de Diputados, no por falta de importancia del Congreso, sino porque el tema ha superado las instituciones y a la vez, las ha incluido al esperar su expresión. Argentina muestra que no se parece a muchos otros países del mundo, el fervor y pasión popular con la que se vivió el debate, a favor y en contra, es muy difícil de encontrarlo de esta manera en el 95% del resto del planeta. Los argentinos decimos, gritamos, expresamos, nos exponemos, interpelamos. No es tan fácil encontrar esta cultura en otras latitudes, porque la expresan desde su pensamiento, los conservadores y los populistas; los trabajadores y las clases medias “independientes”; los desempleados y los “caceroleros” de barrio Norte, en la capital argentina. Somos así.

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En la libreta de anotaciones figura que adolescentes y jóvenes de las escuelas secundarias y universidades terminaron de mostrar ayer el país verde, luego de que los movimientos de mujeres y el #NiUnaMenos abrieran la conciencia social a la realidad. Sin duda una realidad connotada por el patriarcado y su dominio. Después de los crímenes de decenas de mujeres de toda clase social y cultura, muchísimas se rebelaron contra este modelo cultural, social y político. Se destaparon los ojos de miles y ese cambio es el que llevó este proyecto al Congreso. Las encuestas, como la de Gustavo Córdoba & Asociados realizada en mayo de este año, revelaron que seis de cada diez personas apoyaban la Interrupción Voluntaria del Embarazo. La primera de todas las irrupciones de este fenómeno, es la incorporación plena de las mujeres como actores de su propio destino. Probablemente la agenda de género ganará un espacio protagónico a partir de ahora.

Adolescentes y jóvenes de las escuelas secundarias y universidades terminaron de mostrar ayer el país verde, luego de que los movimientos de mujeres y el #NiUnaMenos abrieran la conciencia social a la realidad.

Otro terremoto se produjo en el planeta Twitter: la conversación en favor del aborto excedió las prácticas militantes o de activismo tradicionales, ya que miles de cuentas aportaron sus imágenes y puntos de vista contra la repetición de las consignas en contra del aborto que quedaron en manos de pocos. Aquí también quedó en exposición la irrupción política de un nuevo actor: los nativos digitales.

Esta visto que la ola verde hizo temblar partidos políticos; religiones; familias; clases sociales; jóvenes y adultos. Nadie salió indemne de este shock político y social. Pero a su vez, las muchas veces denostadas instituciones democráticas no fueron empujadas al abismo, tuvieron su espacio y su tiempo para decidir. Al igual que con la Ley de Medios Audiovisuales, el debate previo, intenso y ecuánime, las nutrió de una relativa “legitimidad” al momento de expresar el veredicto democrático. Es un valor la resultante de este proceso, una demostración de que las erupciones sociales se conducen con política y no con decretos. En este sentido fue importante, además, la transversalidad de los sectores políticos que la impulsaron.

Reinó en este tema lo que no suele reinar en otros campos, que es la disposición a expresar las demandas populares en lugar de reprimirlas. También es cierto, que como sucedió con Cristina Fernández de Kirchner con la ley de matrimonio igualitario, Mauricio Macri con la ley que despenaliza el aborto no gana ni pierde de modo determinante en términos políticos. Por eso, el/los debates avanzaron y tuvieron lugar.

Reinó en el debate del aborto lo que no suele reinar en otros campos, que es la disposición a expresar las demandas populares, en lugar de reprimirlas.

Aborto sí, aborto no, mostró otra cuestión: los sistemas políticos del Sur (Río Negro -5 de 5-, Santa Cruz -4 de 5-, Tierra del Fuego -4 de 5-, La Pampa -4 de 5- y Neuquén 3 de 5-) y las dos grandes provincias argentinas (Buenos Aires -49 de 68) y Ciudad de Buenos Aires (16 de 25) sostuvieron e impulsaron el proyecto abortista; mientras que los del Norte, Cuyo y el Centro del país expresaron al país conservador y moralista. Santa Fe pudo haber ido al bolsón del sí, pero la extraña posición del socialista Luis Contigiani, que decidió votar en contra (del aborto y de la historia de su partido) dejó el resultado 10-9 para los no abortistas.

Fueron también los sectores progresistas (ubicando en esta franja a los liberales y los nacionales y populares) de los dos grandes movimientos políticos del siglo XX los que terminaron dándole volumen y expresando esta potente demanda social del aborto legal, seguro y gratuito hacia el interior de las instituciones: la mayoría del bloque de la UCR, hoy integrante de la alianza Cambiemos, por un lado; y la casi totalidad del bloque del kirchnerismo más algunos diputados peronistas que se soltaron de las posiciones socialcristianas del PJ más tradicional, expresadas en el Frente Renovador y Argentina Federal -el grupo legislativo de los gobernadores-, por el otro.

Tienen que tomar nota de lo sucedido todos los protagonistas: las causas justas también tienen destino y es evidente, que la sociedad decidió resolver sus dramas a partir de su propia acción.

Una nueva Argentina mostró su cara. Más compleja, más diversa, con nuevos actores y profundamente democrática. Tienen que tomar nota de lo sucedido todos los protagonistas: las causas justas también tienen destino y es evidente, que la sociedad decidió resolver sus dramas a partir de su propia acción.

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