La línea de decisiones del presidente Macri exceden la restauración neoliberal y avanzan en la fundación de un nuevo país.

El ministro de Defensa Oscar Aguad y el presidente Mauricio Macri.

Con meticulosidad, el gobierno nacional parece llevar adelante una política de fundación de un nuevo país, ya no sólo de restauración neoliberal de los años ’90. El decreto que modifica el rol de las Fuerzas Armadas indica un convencimiento que supera el solo alineamiento con la política exterior de Estados Unidos. La ex-ministra de Defensa, Nilda Garré señala que la administración Macri está implementando la doctrina de “las nuevas amenazas”, una política orgánica sugerida desde la gran potencia del Norte. En parte, es cierto. Sin embargo, esa medida se parece a una pieza de un plan mayor, que es conformar un núcleo social que le de sostén al ideario de derecha conservadora y a un modelo neoliberal en economía.

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La otra particularidad, es que ha logrado sumar “la asistencia” funcional y operativa del peronismo dialoguista o “racional”, como lo denomina una de sus principales figuras, el gobernador Juan Schiaretti. Quizá no habría que denominarlo de este modo, sino como un peronismo neoliberal, opuesto al PJ clásico, que en sus distintas variantes, abreva en matices del populismo. El de los “racionales”, “dialoguistas” o “neoliberales”, es un apoyo surgido de las conveniencias y también de los convencimientos, pero que evidencia -siguiendo el razonamiento del líder histórico del movimiento peronista, Juan Perón, cuando decía que “la única verdad es la realidad- el alineamiento de este grupo con las políticas del oficialismo.

Justamente, el decreto del presidente Macri y el ministro de Defensa Oscar Aguad, mete por la ventana la doctrina de las “nuevas amenazas”. Esto es, cambia la doctrina sin debate alguno. El modo elegido es tan grave como el contenido.

Ahora, los militares como parte del programa de seguridad interior, al incluir a las Fuerzas Armadas de modo permanente en el apoyo logístico y operacional de las fuerzas de seguridad en el combate al narcotráfico y el terrorismo y en la cobertura directa de “objetivos estratégicos” -que puede ser Vaca Muerta, los lagos del Sur, las estancias de los amigos del presidente en la Cordillera, o la sede del PRO- serán actores concretos de la seguridad interior.

Puede parecer una obviedad, pero es necesaria para entender lo que significa este cambio: los militares disponen de capacidad letal siempre, y las fuerzas de seguridad, en cambio, usan la capacidad de matar en última instancia.

Puede parecer una obviedad, pero es necesaria para entender lo que significa este cambio: los militares disponen de capacidad letal siempre, y las fuerzas de seguridad, en cambio, usan la capacidad de matar en última instancia. No es un debate menor, que el país pudo superar con claridad a partir de la derrota política de las Fuerzas Armadas como “partido político armado” de la derecha argentina en 1983. Fue necesario el desastre de Malvinas para empujar a los militares por la puerta de atrás y a las apuradas. Macri habla ahora de “superar aquel trauma” y “saldar una deuda histórica”. Directamente, significa tratar de alinear a las Fuerzas Armadas en un nuevo proyecto político, donde no serán el “partido político” como ocurrió entre 1930 y 1983, pero sí el sostén del “partido político de la derecha” que es Cambiemos. Por cierto, se condice más con la teoría del poder.

Desde ese punto de vista es más que un alineamiento con la política exterior y de seguridad de Estados Unidos.

Algo parecido sucede con cuatro decisiones económicas: la baja de retenciones agropecuarias y la apertura de importaciones; la “dolarización” de las tarifas de servicios públicos y las exportaciones de energía; el ajuste del gasto público social -jubilaciones y asignaciones- y la reducción del gasto público estatal para limar la participación estatal en la economía; y el pedido de asistencia financiera del FMI, que actúa como tutor del árbol torcido que sería la Argentina, pero que lleva al país a una nueva conformación con más desigualdad económica regional e injusticia social.

Para ponerle números al ajuste, basta observar la letra chica del acuerdo con el FMI. El recorte 2018-2019 será de 300.000 millones y el de 2020-2021 de otros 200.000 millones de pesos a valores de hoy. Habrá recorte en la obra pública, desarrollo social, educación y salud. En el rubro obra pública, la apuesta es el Programa Público Privado de obra pública que no es otra cosa que endeudamiento externo y, si se repite lo que sucedió en España y otros países, sobreprecios y futuras estafas. La reducción del presupuesto en desarrollo social comenzó con la reforma previsional que acotó la actualización de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y sigue ahora con la eliminación de subsidios familiares en la Patagonia y provincias del Norte. Educación y salud pública serán impactadas con el congelamiento de vacantes y una pauta salarial por debajo de la inflación.

La directora Gerente del FMI, Christine Lagarde. Foto: Gentileza.

Aquí es donde aparece la otra confirmación: el acuerdo de Macri con el FMI actúa como la crisis híper-inflacionaria de 1989, que tuvo como objetivo fundamental domesticar al peronismo que llegaba con una fórmula fuera de lugar para la época: el salariazo. Los capitanes de la industria habían doblegado el plan de Raúl Alfonsín y Bernardo Grinspun de restaurar el modelo de sustitución de importaciones y en ese momento, en alianza con el sector financiero internacional, no querían ningún nuevo experimento populista o de consumo interno. Lo lograron, el nuevo presidente, Carlos Menem convocó a Bunge & Born para armar el primer plan económico. Al final, las cosas se encaminaron cuando llegó Domingo Cavallo al Ministerio de Economía. Ese ciclo neoliberal fue uno de las fases más salvajes de la economía argentina. Hoy, el FMI cumple la tarea política de la crisis de la híper de 1989. Y con Christine Lagarde como guardaespalda, el gobierno está logrando instrumentar las reformas.

La intención no es otra que tratar de enterrar el ciclo populista. Da lo mismo que sea Cristina Fernández o cualquier otro nombre. Por eso, la política se reduce al decreto, al informe del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, en el Congreso como “entretenimiento”, y a las actuaciones teatrales de Jaime Durán Barba y Lilita Carrió. Lo verdadero está sucediendo y no es precisamente teatro.

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