Imágenes y testimonios exclusivos que demuestran las precarias condiciones en la que muchos guardiacárceles desempeñan su labor. La semana pasada falleció un empleado de un paro cardio-respiatorio, sin que nadie pudiera asistirlo. Hay malestar en el personal por la falta de respuestas y acompañamiento.

El trabajo de guardia de altura es uno de los más sufridos dentro de las cárceles. En Cruz del Eje, dos empleados fallecieron en sus puestos de trabajo en los últimos 14 meses.

El año pasado fue la muerte de Marcos Nieto. Se disparó el 11 de enero con su arma reglamentaria en una torreta de vigilancia, luego de que las autoridades del Servicio Penitenciario de Córdoba lo obligaran compulsivamente a regresar a su puesto de trabajo, pese a que no contaba con el alta psiquiátrica.

Este año fue la muerte de Emanuel Ramos. Falleció el lunes posterior al Día del Padre en un puesto de vigilancia, el más alejado y recóndito de todo el complejo. En el lugar donde estaba al momento de sufrir un paro cardio respiratorio, no contaba con los medios de comunicación interna para pedir ayuda. Su cuerpo sin vida fue encontrado 40 minutos después de la descompostura.

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Ambas muertes sirvieron para poner de relieve de manera tan palmaria como trágica las precarias condiciones en las que se vive y se trabaja en las cárceles de Córdoba.

Por un lado, presos hacinados en pabellones rebasados en su capacidad de alojamiento, pese a las cifras que el gobierno de Córdoba informa para disimular la repetición de aquellos viejos errores que terminaron en el estallido de 2005.

Por el otro, una dotación de empleados que no ha crecido conforme a la población de presos, lo que implica que todos los servicios se deben “estirar” para poder hacer lo mismo (o algo parecido) con igual cantidad de empleados. Esto no sólo abarca la seguridad, sino también el personal administrativo y los planteles profesionales, que son los encargados del tratamiento, es decir, de la parte más importante y la verdadera razón de ser de las cárceles.

 

CÓMO ES TRABAJAR EN SITUACIONES INDIGNAS

Si a todo ello se le suman condiciones edilicias, de equipamiento y de infraestructura que son indignas, los episodios que les costaron la vida a dos empleados del SPC no deberían sorprender.

Precisamente, tras la muerte de Ramos, cronicada por ENREDACCIÓN la semana pasada, en un informe que contó los pormenores del episodio, un grupo de guardiacárceles se contactaron con este medio para documentar las condiciones bajo las cuales se ven obligados a cumplir sus funciones en las guardias externas.

Para ellos, la de Ramos “no fue una muerte natural como la quieren hacer pasar desde la Jefatura. Estamos trabajando en situaciones indignas, con recargos, sin equipamiento, con un total olvido de los empleados por parte de la superioridad”, se quejaba un suboficial que se desempeña en esa cárcel.

“Trabajamos en torres de vigilancia a las que le entra agua con la primera lluvia, cajas con las llaves térmicas rotas y que están yapadas con las correas de la escopeta, materiales cortantes que son un peligro para cualquiera que trabaje en ese lugar”, detallaron algunos empleados.

Tales denuncias fueron acompañadas por imágenes que acompañan esta nota, y en la cual se aprecia la precaridad de los lugares donde desempeñan su labor.

“Tenemos tres inodoros para 60 subalternos, todo en mal estado, y además lo que se rompe no se repara, porque nosotros no tenemos nadie que nos defienda”, dijo el mismo dependiente.

Pero hay cosas aún más graves, como “torres de vigilancia a las que le entra agua con la primera lluvia, cajas con las llaves térmicas rotas y que están yapadas con las correas de la escopeta, materiales cortantes que son un peligro para cualquiera que trabaje en ese lugar”, detallaron.

Todas estas cuestiones pueden ser constatadas con las imágenes y también con un video que fue grabado por un empleado.

 

En una de las fotos “se pueden ver desde la torreta las bolsas y botellas con materia fecal y con orina que deben arrojar los empleados, porque durante sus turnos no pueden ir al baño”, según apuntó otro de los empleados, graficando la precariedad de las condiciones en las que se desempeñan.

Recién tras la muerte de Ramos, aseguran, volvieron a entregarles colchas a los empleados, para que mitiguen el frío que se hace más crudo en los puestos de altura.

También denuncian que los intercomunicadores no funcionan (“hace tiempo”), y que tampoco cuentan con handies, lo que plantea serios interrogantes sobre la utilidad real que puede tener apostar guardias en altura que no pueden comunicarse con sus centrales en caso de una fuga o una emergencia.

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PERSONAL SOBRECARGADO

“Acá hay bronca en todo lados en la tropa, porque esto es consecuencia de la falta de atención de parte de los jefes”, comentó un excompañero de Ramos, todavía consternado por la muerte de la semana anterior. “En todo momento lo minimizaron al decir que era una muerte natural, pese a que murió dentro del establecimiento mientras prestaba servicio y sin que nadie lo pudiera asistir”, comentó el mismo empleado.

El malestar generado entre los subalternos también apunta a la falta de cuidado sanitario, la ausencia de controles médicos  psiquiátricos, y el “estado de abandono” en el que desempeñan su función, según coinciden los trabajadores.

“Acá hay bronca en todo lados en la tropa, porque esto es consecuencia de la falta de atención de parte de los jefes. En todo momento lo minimizaron al decir que era una muerte natural, pese a que murió dentro del establecimiento mientras prestaba servicio y sin que nadie lo pudiera asistir”, comentó un excompañero de Emanuel Ramos.

“El abandono en el que nos tienen no es sólo por el lado económico. Es en todos los aspectos, el humano sobre todo”, apuntó otro guardiacárcel, con más de 16 años de servicio. “Como el personal no alcanza, acá te dejan recargado para poder cumplir con lo mínimo. Antes éramos 35 empleados por guardia. Ahora con casi el doble de internos no llegamos a 26. Imaginate cómo está forzado el personal”.

A esta situación se le agrega el hecho de que los empleados no tienen adónde recurrir cuando están padeciendo este tipo de situaciones. Porque cualquier tipo de queja implicaría un acto de subordinación, penado muy gravemente desde que se aprobó en Córodoba la llamada Ley antimotines. Y es por eso que, lamentablemente, los empleados consultados para esta investigación pidieron expresamente no ser mencionados ni identificados, porque si así fuera recibirían represalias.

“Hoy los empleados tienen prohibido hablar con la prensa. Eso no debería ser así, porque el trabajador tiene la obligación de defender su salario y defender sus condiciones de trabajo”, evaluó Zabala, titular del gremio policial penitenciario.

“Es parte del maltrato y de la falta de derechos a los que están sometidos los empleados de la Policía y del Servicio Penitenciario, que pareciera que no tenemos derecho a nada”, analizó René Zabala, titular de la Unión de Policías y Penitenciarios Argentina Córdoba, sindicato que pretende ejercer la representación gremial de las fuerzas de seguridad de la provincia.

“Hoy los empleados tienen prohibido hablar con la prensa. Eso no debería ser así, porque el trabajador tiene la obligación de defender su salario y defender sus condiciones de trabajo”, evaluó Zabala, en momentos en que se encontraba de viaje hacia la ciudad de Belo Horizonte, adonde fue invitado por el Parlamento del Estado de Mina Gerais para exponer sobre la experiencia de agremiación policial-penitenciaria en Córdoba.

Desde su perspectiva, “el poder político está ejerciendo un totalitarismo, al negar derechos laborales y negándonos a los trabajadores de la seguridad pública el derecho mismo a ser trabajadores y el derecho a ser ciudadanos”.

Mientras esa negativa sigue vigente, en las frías torretas de la cárcel de Cruz del Eje, también en la de Bouwer y en otras cárceles provinciales, los techos siguen lloviéndose cuando hay tormenta, el frío entra por las hendijas, los handies no funcionan, y es muy probable que cuando el empleado termine su semana de trabajo, le avisen que no se puede ir, porque ha quedado recargado.

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