El gobernador Schiaretti vuelve de sus vacaciones de Semana Santa fuera del país y las noticias no son buenas. Todo índica que deberá navegar dentro de la provincia. Por eso, apuntará a construir un peronismo de baja intensidad fuera de las fronteras de Córdoba, con el objetico de evitar el mal humor del gobierno nacional.

El presidente Mauricio Macri durante la reciente cumbre de ministros de Finanzas del G20. Foto: Presidencia de la Nación.
Municipalidad de Río Cuarto-Parque Sarmiento

Un viejo operador del radicalismo, mientras tomaba un café en uno de los bares que rodean el Congreso de la Nación junto a un diputado nacional de la UCR, hacia cuentas de las provincias que podía ganar la alianza oficialista en 2019. En el conteo ponía a Córdoba como una de las que se podrían vestir de amarillo en el próximo turno electoral.

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-Porqué Mauricio (Macri) dejaría que “el Gringo” gane en Córdoba si tiene posibilidades de hacerlo con tropa propia, razonaba este hombre que era uno de los jóvenes radicales cuando Raúl Alfonsín era presidente en los años ’80. -Si pensaba que por ser amigo del presidente iba a poder sacarse de encima a los candidatos con posibilidades, se equivoca. El gobierno tiene posibilidades de ganar ahí.

Miró la borra del café y disparó el último pensamiento, esta vez dirigido a las posibilidades de los candidatos radicales: -Tenemos una buena y una mala… La mala, es que el problema lo tenemos nosotros: ninguno de los nuestros mide tan bien como para asegurar una victoria. Así que necesitamos de Mauricio y, sobre todo, que le vaya bien en el gobierno, que la gente no siga caliente como hasta ahora. Y la buena, es que (Héctor) Baldassi mide lo mismo que Ramoncito (Mestre), por lo que todavía tenemos posibilidades de encabezar la fórmula. Hoy, Mauricio no tiene candidato propio”.

Justamente, la realidad es que el presidente no tiene un candidato que le asegure el triunfo en Córdoba, pero el contexto socio-político indica que Cambiemos tiene posibilidades de quebrar dos décadas de gobiernos peronistas y de una sociedad política exitosa como la que construyeron José Manuel De la Sota y Juan Schiaretti. Persiste una fuerte corriente de “cambio” en la sociedad y eso afecta las chances de todos aquellos que se encuentran en el poder. Sin embargo, las encuestas que se conocen hasta ahora señalan que el gobernador cordobés mantiene una elevada imagen positiva personal y de adhesión a su gestión y ninguno de los cuatro aspirantes que mostró Cambiemos logra representar el apoyo que el presidente tiene en la provincia. Mestre y Baldassi están empatados en los sondeos que maneja el oficialismo, pero detrás de Schiaretti. La opción del ministro de Turismo de la Nación, el radical-peronista, Gustavo Santos, le encanta a Macri, tiene buen perfil de funcionario y aparece con la imagen de un hombre que ha trabajado seriamente por Córdoba, pero definirán las encuestas, según señalan en cercanía de la Jefatura de Gabinete. Su desventaja, es que viene de la “vieja política” y que no es tan conocido como se creía en Buenos Aires.

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Dentro de ese mapa, la orden que bajó del equipo político que dirige Marcos Peña es apretar a Schiaretti, pero sin ahorcarlo, porque es un aliado importante para la gobernabilidad del Ejecutivo Nacional. ¿Cómo se traduce? En reclamarle los fondos coparticipables, en cuestionar la planta de personal, y en tratarlo como un gobernador que tiene las mañas de “la vieja” política y que al fin y al cabo, actúa igual que los Kirchner aunque reniegue de ellos. Obviamente, no lo enfrentarán ni los ministros nacionales, ni el presidente, esta es una tarea de los cordobeses.

Habla Juan Schiaretti, escucha el entrerriano Gustavo Bordet. Foto: Prensa Gobierno de Córdoba.

Schiaretti volvió de sus vacaciones a la defensiva en el territorio nacional e imagina pasar a la ofensiva tierra adentro. Si no pasa nada extraordinario, no irá a la cumbre que convocó el presidente del bloque del Peronismo Federal, el senador Miguel Pichetto en Gualeguaychú, Entre Ríos. Allí estará Carlos Caserio junto con otros dirigentes del PJ cordobés, pero no habrá olas porque tampoco iría ninguno de los gobernadores que han conformado ese bloque. El único que se daría una vuelta por el conclave, es el local Gustavo Bordet, pero dicen en la provincia litoraleña, que será una bienvenida formal y no habrá compromiso político. Ninguno quiere arriesgar la estrategia local, esto es, que haya problemas con los recursos económicos necesarios para llegar sin sobresaltos a los comicios del año que viene. En Córdoba serán entre abril y julio y en Entre Ríos, aseguran que en enero de 2019. A ninguno le sobra nada como para “tirar manteca al techo”.

El gobernador cordobés ya mandó a decir a los intendentes de UPC que la prioridad es la gestión y la unidad del peronismo. Que hay que trabajar para retener la provincia y que el resto, se verá. Todo indica que apretaría el acelerador para imponer la ley que habilite las dobles candidaturas en la provincia y que tratará de cortar cintas a diario. Para ello, no quiere sobresaltos a partir de sorpresas que provengan de la Casa Rosada. Por eso, salvo alguna novedad impensada, ni asomará por Gualeguaychú el próximo 6 de abril, y la orden que llevará Caserio será la de organizarse, pero sin incomodar. Esto es, sentar las bases de un peronismo de baja intensidad, más preocupado por la interna con el kirchnerismo en el Congreso y por ser un instrumento de presión en la negociación de los gobernadores con el gobierno, que por superar políticamente la etapa de conducción de CFK. Si eso funciona, las disputas en Córdoba serán de fuegos de artificio, porque tanto Macri como Schiaretti necesitan de una oposición dividida y, si es posible, sin candidatos potentes. Dicho de otro modo, un PJ dialoguista es poco probable que ponga en escena un candidato competitivo propio en 2019, porque aún no lo tiene y porque imaginan que la sociedad le dará al presidente una nueva oportunidad. Pero, sobre todo, la existencia de un PJ de estas características condiciona la aparición de un aspirante opositor con posibilidades reales frente a Macri. Es un juego de conveniencias mutuas.

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