Pablo “Paco” García fue hallado en una reposera con un tiro en la cabeza. Durante meses la justicia investigó un suicidio o un accidente. Hast que uno de los tres acusados rompió el pacto de silencio.

La familia de Paco García promovió varias marchas en demanda de justicia. Foto: Gentileza Redacción Alta Gracia.
Luminarias Río Cuarto

La siesta del 27 de agosto de 2015 Néstor García pasó media hora a solas con al cadáver de su hermano. Él, arrodillado en el pasto seco de un campo “El Tala”, cercano a Anisacate, llorando, maldiciendo, y mirando cada detalle de la escena que tenía enfrente: Su hermano, Pablo “Paco” García, empresario de 37 años, sentado en una reposera, el rifle en la mano izquierda y la linterna en la derecha, y en la cara un orificio de salida de una bala que había ingresado por su nuca. “Paco” había salido a cazar chanchos del monte la noche anterior. Era una noche de luna llena; clara y silenciosa.

“Lo que vi esa media hora me alcanzó para darme cuenta de que no había sido un suicidio, ni un accidente: a mi hermano lo habían matado y habían acomodado el cuerpo”, dice ahora Néstor. Desde Alta Gracia, dónde vive, habla animado, pero dice que no se siente en paz. “Ni mi hermano ni nosotros descansamos en paz”, insiste.

Espera comenzar a sentir algo de alivio mañana, cuando en la Cámara 12 del Crimen, integrada por Jurado Popular, comienzan a ser jugados los tres sospechosos de liquidar de un tiro a “Paco”: Carlos Malter, acusado de “homicidio doblemente agravado por alevosía y concurso premeditado de dos o más personas” y “agravado por el uso de arma de fuego”, más su hermano Julio Malter y Gustavo López como “partícipes necesarios”.

Durante los primeros seis meses la investigación, a cargo del polémico fiscal Enrique Drazile, siguió las hipótesis de un suicidio o un accidente, pese a que el tiro había entrado desde atrás. “Era una vergüenza: yo había visto la escena. Todo era evidente”, dice Néstor a ENREDACCIÓN.

¿Qué había visto? Néstor es cazador. Compartía el hobby con su hermano. Era, dice, un cable a tierra. Tirarse en una reposera mirando el cielo oscuro y profundo del campo a esperar que lleguen los animales. “Cuando estás así, estás relajado, pero atento al mismo tiempo, esperás la presa, no podés, por ejemplo, tener el arma con la mano menos hábil”, cuenta.

“Paco” era derecho, y sin embargo el rifle estaba empuñado en su mano izquierda. En su mano hábil tenía la linterna, apretada. La bala estaba en su hombro, pese a que había salido por la boca, y a unos metros, los pastos del campo estaban aplastados.

PACTO DE SILENCIO

A los meses del crimen, Drazile detuvo a uno de los tres acusados, e imputó a los otros por homicidio simple: la hipótesis era de que había ocurrido un accidente manipulando un arma.

La familia de la víctima, integrada por 8 hermanos, organizó movilizaciones hasta los tribuales de Alta Gracia, hasta que el fiscal fue removido y en su lugar asumió el caso Alejandro Peralta Otonello. El nuevo funcionario escuchó la versión de Néstor: que hubo una pelea, que dos de los acusados sujetaron a su hermano mientras otro lo ejecutaba de atrás, y que luego movieron el cuerpo. En las fotos a color que constan en la causa, Néstor señaló el pasto aplastado como el lugar donde habría sido, para él, el crimen.

El juez Peralta Otonello. Foto: Gentileza Sumario (Alta Gracia).

El fiscal, entonces ordenó una inspección al lugar. A media hora de llegar, dónde Néstor había señalado, encontraron un diente de “Paco”. Otros dos aparecieron al poco rato. “Seis meses de investigación para nada y en sólo media hora encontramos la prueba”, dice.

El hallazgo hizo que Gustavo López, que trabajaba como guía de caza y changarín de los hermanos Malter, pidiera declarar. el hombre quebró el pacto de silencio.

¿Qué dijo López? Al parecer, todo fue por un chancho. Según López, los hermanos Malter seguían el rastro de un animal y vieron a “Paco” cazando. “Querían ser los únicos en el campo, y fueron a increparlo. Ya habían hecho lo mismo con otras personas. Eran tipos violentos, los  únicos que podían llevar armas cuando salían a cazar,” explicó López. “Paco” los vio venir y se paró. López dice que nunca sacó el arma. Que comenzó a discutir fuerte con uno de ellos y que, aprovechando la distracción, el otro fue por detrás y lo ejecutó con el rifle. “Agarramos el cuerpo en el aire y lo sentamos”, agregó en su declaración. Para el fiscal, esa parte del relato no cierra del todo.

LUNA LLENA

“Paco” y Néstor eran dos asiduos cazadores. Pedían la llave del campo “El Tala” y se internaban en el monte en las noches. Esa noche irían juntos. “Mi hermano salió de trabajar, pasó por el dentista y a esa de las ocho de la noche fue hacía el campo. Yo pensaba ir cuando me desocupara”, cuenta. Néstor es bombero. Esa noche, a las 21, tuvo que salir a sofocar un incendio. Volvió cansado y se acostó. A la medianoche se escribió por WhatsApp con su hermano: “Paco” le dijo que le dejaba la llave escondida en el portón, por si quería ir, y que si cazaba algo grande lo llamaría para pedirle ayuda. Después Néstor se durmió.

A las 00.27 “Paco” contestó el último mensaje de su novia. Al día siguiente no fue a trabajar. En la empresa no lo echaron de menos. Solía llegar tarde cuando cazaba. “Al mediodía, su novia me llamó y me dijo que no le contestaba las llamadas. Me preocupé  y salí a buscarlo”, recuerda Néstor.

La primera vez que se quebró y se tiró al suelo a llorar de miedo fue cuando llegó al campo: la llave estaba en el escondite del portón. Eso significaba una cosa: su hermano nunca había salido del campo. Caminó y vio la camioneta. Otra vez lloró. A 400 metros divisó un bulto: distinguió a su hermano sentando. Supo que algo insospechado había pasado. Corrió y se dio con el cuadro más terrible que vio en su vida. Se tiró a llorar por tercera vez y llamó a los bomberos. La siguiente media hora se dedicó a tomar fotos mentales, las que ahora espera empezar a borrar.

waldo.cebrero@enredacción.com.ar

@Cebrerowaldo

Cómo comunicarse:

Redacción: hola.enredaccion@gmail.com

Lectores: hola.enredaccion@gmail.com

Equipo de Investigación: afondo.enredaccion@gmail.com