Ayer llegó al trabajo y descargó su revólver 32 sobre dos compañeros de trabajo. A otro le clavó una tijera en el cuello. Luego llamó a la Policía. Era hosco, malhumorado y había amenazado a las víctimas. Sus compañeros lo definen como “Un loco de mierda, un aislado”.

La Policía luego de la masacre monta guardia frente a la fábrica de hielo, en San Vicente. Foto: Mariano Paiz.
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Cuando Gabriel vio en las noticias que un hombre había asesinado a tiros a sus compañeros de trabajo de la fábrica de hielo Polarcito, de la calle Argandoña al 2900 de San Vicente, pensó: “Es Cabrito”. “Era un tipo aislado, sin amigos, que ya nos había amenazado a varios”, contó.

“Cabrito” es Juan Gustavo Suárez, el hombre de 41 años, flaco de cara chupada y pelo ensortijado que ayer las 11, una hora después de haber entrado a su turno laboral, descargó su revólver calibre 32 sobre dos compañeros de trabajo, Ramón y Damián Rojas (padre e hijo), y le dejó una tijera clavada en el cuello al encargado de la planta, Hugo Herrera, de 60 años.

Después de matar, Suárez llamó a los empleados de la sucursal de San Francisco y les contó lo que había hecho. También llamó al 101 para entregarse: “Vengan, acá tiene dos muertos y un herido. Yo lo hice”, dijo. Luego fue al baño, se retocó el pelo, se afeitó y salió a esperar a los uniformados.

Dentro de la fábrica dejó un cuadro de terror. El Cuerpo de Damián, de 28 años, yacía con tres balazos en la espalda dentro de la cámara de frío, un espacio del tamaño de una habitación que funciona a 4 grados bajo cero.

Ramón, de 59, quedó tendido en el estacionamiento techado del lugar, donde habitualmente cargaba los vehículos para repartir el hielo. Tenía un tiro en la cara, otro en el brazo y una herida profunda de arma blanca. El rigor mortis de su cuerpo es un indicio que hace pensar a los investigadores que alcanzó a defenderse y sospechan que la herida mortal fue la causada por la puñalada.

Los efectivos encontraron a Hugo Herrera, el encargado de la planta, con una tijera clavada en la parte posterior de su cuello y así llegó al hospital de Urgencia, donde fue intervenido de inmediato. Su vida no corre peligro, pero seguirá dos días en observaciones intensivas.

Ayer, para los investigadores, la duda a resolver era cómo se había desarrollado la mecánica del crimen. Ni los peritos balísticos ni los forenses pudieron determinar cuál fue la primera víctima. De qué modo procedió el asesino. “Es posible que primero haya matado a Damián, cuando entró a la cámara a buscar hielo y que su padre haya reaccionado. No descartamos que la herida mortal de Ramón sea la ocasionada con un arma blanca”, dijo una fuente.

En el lugar encontraron ocho vainas servidas. La hipótesis de que Hugo Herrera salvó su vida porque “se hizo el muerto” fue descartada: el mismo homicida llamó avisando que había “dos cadáveres y un herido”.

EL MÓVIL DEL BULLYNG

Algunos empleados de la fábrica conversan en la entrada de la fábrica. Foto: Mariano Paiz.

“Una vez vino un tipo a amenazarlos de parte de Cabrito. Era un tipo musculoso y les dijo que era amigo o pariente suyo, y que no lo molestaran. A mí también me amenazó”, contó Gabriel a ENREDACCIÓN. Ayer él también debía entrar a trabajar a la planta en el turno del mediodía. Se estaba preparando cuando vio las noticias. Ahora piensa que, de haber estado en el lugar, su suerte sería similar a la de sus compañeros.

“Yo he tenido varios problemas con ‘Cabrito’. Hace poco por un lío de trabajo fue hasta la parada de colectivo a hablarme. De repente me metió una trompada y nos agarramos a las piñas. Después vino el tipo ese que amenazó a los Rojas y me amenazó a mí”, cuenta.

Cuando se entregó, Suárez le dijo a los policías que los mató porque estaba cansado de que se burlaran de él. “Dijo que le decían ‘puto’ porque vivía solo y no tenía ni pareja ni hijos. incluso contó que se había peleado con un hermano que no hablaba hacía dos años, por lo mismo”. Desde hace unos meses, Suárez se estaba haciendo tratar por un problema de próstata y eso, según dijo, acrecentó las burlas. Ayer, en su bolso, los investigadores encontraron los estudios médicos.

Cristóbal Lazaro, dueño de la planta, llegó ayer al edificio cerca de las 14. Se mostró consternado y dijo:“Acá nadie molestaba a nadie”. “Era un tipo callado, no hablaba con nadie”. Los familiares de las víctimas también negaron las burlas. “Era un loco de mierda”, aseguraron.

Suárez ingresó a la empresa hace más de 10 años y, según sostuvo el dueño, no había antecedentes psiquiátricos. Las pericias psicológicas serán claves para determinar si el homicida está en sus cabales y comprende sus actos. Por ahora el fiscal Alfredo Villegas lo imputó de homicidio reiterado por el uso de arma de fuego.

Ayer, entre los curiosos que se juntaron frente a la fábrica, había más de uno que conocía a Suárez. Entre ellos, Daniel Flores, cuñado de Ramón Rojas, la víctima, y otros ex empleados que trabajan por temporada. Todos coincidieron en que “Cabrito” era un tipo raro, hosco y agresivo: “Varias veces nos mostró el arma dentro de la riñonera. La traía”, confesó uno. “Conmigo se llevaba bien, pero era especial”, dijo Daniel, que dejó de trabajar en la fábrica en 2005.

“A veces venían los clientes a comprar hielo. Él los miraba desde adentro sin contestarles, los ignoraba, ni los atendía”, dijo otro.

LOS ROJAS

Ramon Rojas era el empleado más viejo del lugar. A sus 59 años, llevaba casi la mitad de su vida trabajando en ese lugar. Incluso, comenzó antes de que Cristóbal Lázaro, quien llegó a ser representante de la Cámara de Fabricantes de Hielo en 2010, comprara la planta.

Los Rojas tenían dos hijos; Carolina, de 31, quien ayer abrazaba a su madre desconsolada, y Damián, que iba a cumplir 29 a fin de mes. Cuando Ramón comenzó a trabajar, toda la familia vivió durante varios años en el mismo edificio donde ayer encontraron la muerte. “La dueña les prestaba el espacio y cuando se hicieron la casa en La Calera, recién se fueron”, contó Daniel.

Damián había entrado a trabajar hacía poco tiempo, como repartidor. “Ramón le insistía que se buscara otro trabajo: ‘No quiero que te mueras en la fábrica de hielo, como yo’, le decía. Y mirá vos, se murió en la fábrica”, remató.

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