Como si el tiempo no pasara, en agosto y octubre, el escenario electoral tendrá nuevamente enfrentados, como en 2015, al presidente Mauricio Macri y a la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Su impacto en Córdoba.

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Municipalidad de Río Cuarto 3

La historia se repite, al menos en los contendientes principales: Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri estarán frente a frente en los próximos comicios legislativos, ya sea que la ex presidenta sea candidata o que decida no participar porque el PJ de la provincia de Buenos Aires no se exprese unido. Son las dos opciones para ella y para el bloque nacional y popular, pero no para el presidente Macri, que la tendrá como contendiente -real o aparente- para polarizar un comicio en el que necesita obtener alguna victoria -general o parcial-. Hasta ahora nunca se enfrentaron directamente, pero esta puede ser la oportunidad.

Hoy todos los encuestadores miden que la ex presidenta crece, como mínimo, en imagen e intención de voto en el Gran Buenos Aires, donde lidera las preferencias electorales; y muchos de ellos también observan el mismo fenómeno en el interior, aunque sin liderar las cifras de adhesión electoral o imagen. El segundo condimento que surge es que en la provincia de Buenos Aires, tanto Florencio Randazzo como el ex gobernador Daniel Scioli serían muy buenos candidatos del peronismo y tendrían firmes posibilidades de victoria allí, aunque si lo consiguen les costaría bastante más trasladar ese efecto al resto del peronismo.

VER Elecciones: El 57,4% de los argentinos elige votar por un candidato opositor.

Todos estos datos ponen en cuestión, al menos, la mirada del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, que considera que se vive la etapa del post-kirchnerismo, y que el PJ se reordenará alrededor de la Liga de Gobernadores, donde el peso territorial de cada uno, puede ser determinante. Si fuera ese el sistema emergente de las elecciones, Córdoba podría tener un peso mayor al de otras provincias. El segundo supuesto que aparece en los análisis del gobernador, es que la sociedad cordobesa no rompió con el presidente Macri y que aquí será todavía un gran elector. Con esa guía en la mano siguió el manual del buen gobernador, esto es, no confrontar con el presidente, acompañar en lo sustancial las modificaciones estructurales de la economía, y discutir sólo algunos puntos del programa general, como por ejemplo, los subsidios que van al GBA y a la Ciudad de Buenos Aires. Aquí apela al “nacionalismo cordobés”.

Mientras que en política pide lo siguiente -no quiere decir que le retribuyan-: Los gobernadores garantizamos gobernabilidad y pedimos reciprocidad. Básicamente, no quiere que le suceda lo mismo que al radical Eduardo Angeloz a mediados de los ’90, cuando Domingo Cavallo, al margen de las inconsistencias de la gestión de la UCR, le soltó la mano y lo tiró a la hoguera de la crisis. Córdoba está mucho mejor que en ese tiempo, pero no puede vivir como sucedió durante el kirchnerismo, al margen del país. Seguiría perdiendo en cuanto a su desarrollo económico relativo y lo terminaría pagando el PJ.

La pregunta que no responde Schiaretti, es ¿por qué los cordobeses elegirían al candidato de Unión por Córdoba (UPC) en detrimento del aspirante de Cambiemos, si la estrategia del oficialismo provincial es una diferencia suave con el gobierno nacional? Lo lógico, es que el reingreso de Cristina en el escenario nacional, drene el plus que tenía UPC hacia Cambiemos. Schiaretti podría sufrir, si sucede esto, lo mismo que en 2009, cuando Eduardo Mondino, su candidato, perdió con Luis Juez y Ramón Mestre. Los estrategas señalan que son claves los candidatos y las gestiones, pero la aparición de “una necesidad política” cómo es preservar el gobierno del presidente puede volcar a muchos cordobeses a su lado en lugar de la gestión provincial. Si es así, la nueva generación de la que pregonan José Manuel De la Sota y el propio Schiaretti podría inmolarse en su primera batalla. Es, en definitiva, uno de los problemas de las terceras posiciones, sobre todo en momentos como este, donde el camino se hizo más angosto. Por eso, no es casual que Sergio Massa, el socio del ex-gobernador, pierda todos los días un kilo.

El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. Foto: Prensa Gobierno de Córdoba.

EN CAMBIEMOS

Ramón Mestre encaró los últimos diez días convencido de que si no juega fuerte, en 2017 puede nacer un problema grave para su futuro en 2019: Héctor Baldassi. Por eso, la UCR definió pelear a muerte por el primer lugar en la lista de diputados nacionales de la alianza oficialista nacional con su hermano como estandarte, y, por si fuera poco, metió la mano en el hormiguero municipal. No ha sido inocente su movida: sabe que cada vez que se enfrenta con los municipales crece su adhesión social. Los cordobeses consideran al SUOEM como una especie de Satanás aunque sea simplemente un gremio que sabe dónde apretar para mejorar los salarios y condiciones de trabajo de sus afiliados. Por ese motivo, cualquier personaje con una ristra de ajos en la mano es bienvenido y Mestre compró todas las que había en el Mercado. Lo dijo el intendente este fin de semana con todas las letras: “Estoy cumpliendo una ordenanza. La única forma (que dejen de publicarse los datos salariales y personales de los empleados) sería que la Justicia decida que tengo que bajar la información, o en su defecto, que el Suoem convenza a los concejales para que deroguen ese artículo de la ordenanza, y que se elimine la obligación de publicar”. Es decir, aunque pierda en la Justicia, gana en la opinión pública. Es lo que se denomina “una jugada ganadora”.

Como las valijas de las películas, hay un doble fondo: la confrontación directa con los municipales es una bomba de humo delante de los problemas de gestión que atraviesa. La idea de poner la ciudad patas para arriba con obras no puede ocultar las dificultades de infraestructura de Córdoba y el estancamiento de imagen que padece la capital provincial. Todo asociado a los índices de pobreza, que no son su responsabilidad, pero impactan sobre la situación general.

El intendente de Córdoba, Ramón Mestre.

Frente a ese esquema de radicalismo puro aparece el objetivo de Macri de seguir apropiándose del capital de su socio electoral. A sus operadores les planteó que debe haber consenso para las candidaturas, esto es que no haya que desangrarse en las PASO de agosto, en lo esencial porque el electorado base de la alianza gubernamental es refractario a las disputas y discusiones de la política. Lo asocia a “lo viejo” y no a “lo nuevo” y por lo tanto, es un problema para el relato, aun teniendo las mayores posibilidades de vencer. Cómo ha sucedido en los últimos 20 años, el PJ y el radicalismo son funcionales a intereses comunes, y esta vez, la pelea disimulada de Mestre con Macri y, sobre todo, si hubiera dos listas en las PASO, favorecen a Schiaretti y Martín Llaryora. Cuanto más dure o más intensa sea esta confrontación, más sumará a su cuenta el gobernador. Por el contrario, un buen cierre de esta interna le restará al gobierno provincial.

Aquí, lo probable es que se imponga la dinámica de las necesidades principales, esto es las de Macri, que son las de ganar las elecciones. Para eso empujó para que De la Sota se bajara -antes de subir- de las listas de UPC.

LOS OTROS

El Movimiento ADN, el FPV, la izquierda Trotskista y los vecinalistas pueden cosechar muy bien sin el ex gobernador en la arena electoral. La aparición del factor Cristina puede engordar al FPV también en Córdoba y si consiguen que el cura Mariano Oberlín lidere la boleta podrían obtener, como sucedió con Carolina Scotto, una ampliación de la base social del espacio nacional y popular en Córdoba. Durante la visita del ex ministro de Economía, Axel Kiciloff, el sacerdote estuvo presente en buena parte de sus actividades. Habrá que ver si es sólo una confirmación de su pensamiento político o un adelanto de su aceptación a representar a este espacio en las elecciones. También habrá que ver cómo evolucionan los contactos que intentan el FPV, el Partido Solidario y sectores del Movimiento ADN, que van en el mismo sentido de conformar un frente amplio.

Sin embargo, el Movimiento ADN también cosecha fuerte adhesión electoral si su candidato fuera Tomás Méndez. El periodista rompió, con su aparición, el sistema político de la capital y sin ser igual, es lo más parecido a la irrupción de Luis Juez luego de la crisis económica y política de 2001. En una sociedad donde el componente anti-política conservadora es fuerte, Méndez es una carta potente. El problema, es que el espacio que representó Juez ya no es tan ancho como antes y ha drenado hacia distintos lugares y con nuevas demandas. Es un diamante electoral en bruto, que habrá que ver cómo resuelve el dilema que le plantea esta elección, que en lo esencial consiste en lo siguiente: Agranda su espacio “jugando” o ve migrar a su electorado.

Por el mismo andarivel, aunque con un perfil de centro-derecha y sin un candidato de la misma fortaleza que Méndez, se puede parar el vecinalismo de Aurelio García Elorrio.

Finalmente, la izquierda trotskista tiene, probablemente, la mejor oportunidad electoral de muchos años a causa de las políticas del gobierno nacional y la debilidad de las opciones opositoras. A esto se agrega que Liliana Olivero es una referente probada y que sintoniza el humor social de los cordobeses por encima de su ideología, lo que ensancha su base de sustentación. La izquierda puede galvanizar también a parte del voto de clase media disconforme con el sistema político y que es anti-peronista, sobre todo si Méndez (o un candidato propio) no va a la elección. De su habilidad para adaptar su discurso a esas demandas -que no son menores a un cuarto del electorado- puede lograr una gran y sorpresiva elección o una elección importante, pero previsible.

fabian.garcia@enredaccion.com.ar

@garciadelapampa

Cómo comunicarse:

Redacción: hola.enredaccion@gmail.com

Lectores: hola.enredaccion@gmail.com

Equipo de Investigación: afondo.enredaccion@gmail.com