Lo dice el cordobés Guillermo Pfening, a quien se lo verá a partir de hoy en los cines del país con Nadie nos mira. Mientras salen los pochoclos, conversamos con el actor que se afianza en la pantalla grande.

Guillermo Pfening en una escena de Nadie nos mira.

En la casa de Guillermo Pfening se instalaron los albañiles por unos días, porque el actor quiere tener listos unos arreglos en su casa  en Buenos Aires. Hoy se estrena Nadie nos mira, la película de Julia Solomonoff que lo tiene como protagonista, y desde Córdoba llega su familia para acompañarlo.

Tiene 38 y nació en Marcos Juárez, al este de la provincia de Córdoba. “Extraño el olor a la lluvia, el campo, el poco ruido, ver más cielo, las cosas más naturales. Pero a nivel sociocultural prefiero las ciudades grandes”, confiesa. Se fue a Buenos Aires a los 18 años “para satisfacer el apetito artístico”, sin embargo estudió otras carreras, hasta que luego de unos siete años de incertidumbres, se decidió por la actuación. “Un punto de inflexión fue Nacido y criado, después de esa, hice unas siete películas”.

Entre su filmografía se encuentra Wakolda, XXY, Tiempo muerto y La valija de Benavidez. También se lo vio mucho en la pantalla chica, en ficciones como Los Sónicos, Condicionados, Farsantes, y recientemente en Cromo y Supermaxx.

A fines de abril, ganó el premio de Mejor Actor de film extranjero en el Festival de Tribeca. Fue por su papel de Nico en el film de Solomonoff. “Me acuerdo que prendí el teléfono para filmar, siempre antes dicen el por qué, dijeron una palabra y pensé en el personaje, y ahí nomás dijeron mi nombre… Sentí mucha emoción, no podía creerlo”. Esa tarde, despreocupado, cuenta que había dedicado sus últimas horas en Nueva York a comprar encargos de familiares y amigos. El personaje también es actor, pero luego de una crisis personal, viaja a los Estados Unidos para probar otra suerte. Todo será lo suficientemente complicado como para que Nico no encaje y empiece a sentirse cada vez más solo.

Cuando atiende por primera vez el teléfono, Guillermo Pfening está en un parque de Buenos Aires, con su hija Asia de 2 años y medio. Como ella llora, la entrevista pasa para otro día. Casi que podría ser una de las escenas de Nadie nos mira, porque Nico cuida un bebé y como parte de la rutina diaria va a la plaza, donde comparte charlas con mujeres inmigrantes.

¿Qué sentiste al recibir el premio? 

Fue muy emocionante, muy grande, había algunos indicios de que algún premio iba a tocar o que había gustado mi trabajo. Pero nunca esperás que sea así, por eso cuando escuché mi nombre, fue un escalofrío por el cuerpo, difícil de describir en palabras, no podía creerlo. Es un reconocimiento, además, a los cinco meses en Nueva York, porque se me hizo muy difícil, no es todo dorado. Y a la vez, siento que es un reconocimiento por un montón de películas, porque parece que si no estás en la tele no estás en ningún lado. Esto es como un bálsamo.

¿Por qué fue difícil?

Estás muy solo, lejos de todos. Una sociedad muy difícil, no me cabe cómo viven o se relacionan. Notaba que no encajaba en lugares, no podía mucho sincerarme, relacionarme, nadie quiere escucharte allá. Si un domingo estás bajoneado no podés ir a visitar a nadie, son re pesados –se ríe-.

¿Qué crees que premiaron de tu actuación?

Uno gana un premio a mejor actor, pero hizo seis personajes diferentes, tiene que ver con pegarle, estar en tono con la peli. Nico es sincero, transparente, estás viviendo con él lo que le pasa. Una actuación tiene que atraparte.

¿Qué te gusta de actuar en cine?

Tratar de ser un eslabón más de ese cuento, no desentonar. Un actor es un eslabón de una cadena, sumarse al tono, no ir a hacer lo que uno quiere. Entender, aportar,  proponer, enriquecer la película, potenciar el guión que es el germen, para que crezca de la mejor planta posible. Hice una metáfora –y vuelve a reírse-.

¿Qué consejos te dio Julia Solomonoff para hacer a Nico?

La vulnerabilidad del personaje. Empieza arriba y en su interior se va socavando y lo va volviendo más vulnerable. Tenía miedo de actuar en inglés y me dijo que confíe en mí, porque ella sabía que lo podía hacer.

¿De dónde sale la autoconfianza?

De haber hecho más de 30 películas, siento que tengo un instrumento medio afinado. Hay cierto tipo personajes, los míos en general son más naturalistas, tengo un registro para lo que me llaman. En esta peli, me sentí re bien de principio a fin. Ya hace 4 o 5 años que me siento más afianzado por la experiencia.

Actuar tiene que ver con estar presente, estar tranquilo y seguro. Concentrado con tu compañero, la mirada, la cámara, y si no estás en eje, no podes dominar.  Es como sentir que estas arriba de la ola, pero te subís y te caes, ahora siento que al actuar voy a arriba de la tabla dominando la cosa y disfrutando. Antes no.

EN PRESENTE Y FUTURO

Hace unos meses estuvo en San Marcos Sierras rodando El otro verano de Julián Giulianelli. Además, a principio de este 2017 terminó de grabar Mi mejor amigo de Martín Deus.

Guillermo y su hermano Luis, “Caíto”.

Por otra parte, ya tiene en sus planes su segundo largometraje como director, el cual tiene como punto de partida la historia de su mamá. “Aborda la temática de  la adicción a las cirugías estéticas. Si bien es el disparador, hay un juego de ficcionalización”, explica. Su madre se suicidó a raíz de dicha problemática. El primero fue Caíto y parte de la vida de su hermano Luis que tiene Distrofia Muscular de Becker.

Asegura que como director sos “el capitán del barco, estás en todo.  Es un desafío tan grande… ponés la primera palabra de la idea sólo en la intimidad de tu casa, y eso se convierte en un proyecto de 4 años con 100 personas. Es como generar una estética, un discurso, desde tu palabra. Es una cadena muy fuerte”.

El papel que más le gusta es el de papá. La paternidad fue planificada con una amiga, con quien decidieron concebir sin ser pareja. Hoy confiesa que la vida de padre “es muy agitada, muy divertida, muy comprometida. Cuando estoy con mi hija estoy cocinando, lavando, jugando, yendo a la plaza, criándola”.

NADIE NOS MIRA

Nico, abandona una prometedora carrera actoral en Argentina, luego de la ruptura amorosa con su productor, quien está casado, y  se va a la ciudad de Nueva York lleno de fe en sí mismo y atraído por la idea de que su talento le ayudará a encontrar el éxito por su cuenta y recuperar su autoestima. Pero eso no es lo que descubrirá.

Demasiado rubio para hacer de latino y con un acento demasiado fuerte para hacer de cualquier otra cosa, Nico no encaja y se ve obligado a hacer malabares para sobrevivir. Se niega a volver a casa fracasado y logra mantenerse a flote gracias a su habilidad de pretender ser algo que no es. Sin embargo, termina perdiéndose en sus propias mentiras. Theo, el bebé que cuida pasa a ser su único vínculo amoroso. Su frágil mundo se sacude cuando recibe la visita de su ex productor y amante.

Nadie nos mira ofrece una mirada fresca e inesperada al relato de la inmigración, en el cual el verdadero periplo no es conseguir la ciudadanía, sino confrontar las verdaderas razones de su partida y definir su identidad de forma personal.

¡Mirá el trailer!

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