Se presenta como asaltante. Denunció que fue tentado por jefes policiales para robar un banco. Dijo que era una práctica habitual. Dos meses después, todavía se discute la competencia de la causa.

Martín “Dillinger” Acosta. El hombre que denunció a la Policía no encuentra fiscal que investigue sus dichos. Foto: Mariano Paiz.
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La Galatea

Con fotos tomadas en una exclusiva oficina de la Jefatura de Policía, Martín Acosta, quien en las redes se hace llamar “Dillinger”, denunció en abril pasado que era usado como mano de obra delincuencial por efectivos de la fuerza, que le liberaron zonas para cometer atracos. Concretamente denunció que fue robado por dos uniformados y llevado hasta la Jefatura donde, según sus dichos, fue tentado para asaltar un banco en Nueva Córdoba.

“Dillinger” es un personaje complejo, con una planilla prontuarial de una carilla y media en la que constan 21 causas judiciales en su contra. Se presenta como “cabecilla de una banda de asaltantes”, pero tiene el perfil público de un panelista de televisión: desde que denunció a la Policía, dio varias entrevistas. Su última aparición, fue durante el paro de choferes, cuando fue detenido con bulones en los bolsillos y pasó una semana preso.

Aunque muchos quitan crédito a sus palabras, lo cierto es que en poco más de dos meses, su denuncia no tuvo grandes avances en la Justicia. Ni para confirmarla ni para ser desacreditada.

La denuncia pasó algunas semanas en la fiscalía del Gustavo Dalma, del distrito 1 Turno 5, quien tomó algunos testimonios y se llevó documentación y filmaciones de las cámaras de seguridad del edificio de Jefatura. Dalma la envió al fuero Anticorrupción por entender que debía investigarse los delitos de “abuso de autoridad” e “incumplimiento de los deberes de funcionario público”. El expediente tuvo la mala fortuna de aterrizar en la fiscalía Anticorrupción de segunda nominación, que no tiene fiscal ni secretario desde que Gustavo Hidalgo asumió como juez.

El único fiscal del fuero, Hugo Amayusco, firmó ayer una resolución de “planteo de competencia”, en el que sostiene que, si existe un delito, no debe ser investigado por el fuero Anticorrupción. Eso quiere decir que ahora la denuncia no cuenta con un instructor que la investigue, hasta tanto el fiscal de la Cámara de Acusación, Jorge Leiva, resuelva de quién es la competencia.

Fuentes de la fiscalía Anticorrución dijeron a ENREDACCIÓN que “no se advierte pruebas de delitos que sean de esta competencia”. Los empleados que estuvieron analizando la causa sostiene que el “abuso de autoridad” y el “incumplimiento” son delitos accesorios. “Si hay delitos más graves, como puede ser la complicidad ante una tentativa de robo de un banco, prima ese delito”, dijo la fuente.

La versión oficial de la Policía dice que “Dillinger” llegó hasta la oficina de Planificación y Diseño de la Jefatura, un área del tercer piso del edificio restringido para jefes, porque denunció que había sido robado por uniformados. En un descuido de los jefes que lo interrogaban, se puso la gorra de uno de ellos y tomó las fotos. La versión suena, al menos, muy inocente. Para el fiscal Gustavo Dalma, “mínimamente, eso constituye un incumplimiento de los deberes de funcionario público”. En diálogo con ENREDACCIÓN, Dalma explicó que los efectivos “no realizaron ninguna diligencia para investigar lo que Acosta denunciaba. Ni siquiera informaron al Tribunal de Conducta Policial”.

El propio Acosta planteó la duda en una entrevista que dio a este medio: “¿Cómo es posible que un hombre con mis antecedentes, con 21 causas penales abiertas, cinco robos calificados, enfrentamientos con la Policía, esté libre? ¿Cómo es posible que yo esté sentado en la oficina de Jefatura, sacándome fotos y jugando con una gorra de un cana pesado? Porque me liberan la zona, hermano, hace años que lo hacen…”

Sobre la posibilidad de que Acosta haya llegado allí para tramar un robo, Dalma dice: “No descarto ninguna hipótesis. Por más desacreditada que pueda ser una persona, su denuncia tiene que ser investigada. Y todavía no hay pruebas, ni siquiera para desechar su denuncia”.

MUCHAS CARAS

Martín Acosta es un personaje de muchas caras. Cuando fue detenido en medio de la protesta de choferes, dijo ser un experto en artes marciales que trabajaba para un sindicalista “pesado”. “Llegue a la UCA y ya me estaban esperando los abogados del gremio, como habíamos arreglado”; contó a este medio, sin querer develar de qué gremio hablaba. Ayer, al mediodía fue citado a declarar por esa causa a la fiscalía del Distrito 1 Turno 3, que tiene a su cargo todo lo relacionado con la protesta de choferes. Desde la fiscalía, lo desmienten: “Acá no vino ningún abogado a dar la cara por él. Es más, los choferes lo están buscando para hacerlo cagar”, dijo una calificada fuente de ese despacho. Esa expediente fue remitido a la fiscalía de Eugenia Pérez Moreno, dónde está siendo investigado por robo calificado.

En Jefatura, creen que su denuncia obedece a “una interna policial” ya que Acosta decidió comprometer sólo al Jefe de Robo y Hurtos, Miguel Capdevila.

Esos detalles hacen de “Dillinger” un personaje complejo. Aunque puede decirse que no es el único: oficialmente, la Policía dio a conocer información falsa sobre él, para desacreditarlo. Concretamente, lo acusaron de tener causas federales por quemar una bandera chilena, por usar una cruz esvástica y  por falsificación de documentos. Esa información fue desmentida por fuentes del Juzgado Federal N°3, donde supuestamente figuraban las causas.

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