El viernes pasado murió Fabián Tomasi, un entrerriano de Basavilbaso, a causa de una neuropatía tóxica química contraída por su exposición a agroquímicos.

Fabián Tomasi. Foto: Facebook.

Por Medardo Ávila Vázquez*. Fabián Tomasi de chico fue banderillero para aviones fumigadores en Entre Ríos y lo fumigaban encima, siguió trabajando, como tantos trabajadores rurales, en una empresa de aplicaciones aéreas preparando los caldos tóxicos, limpiando los tanques de los aviones, etc. Eso le provocó una terrible enfermedad, neuropatía tóxica química,  que hubiera sido invalidante de no ser por su voluntad y su espíritu guerrero. Su hermano, también operario en este ramo murió prematuramente de enfermedad pulmonar.

Fabián viajó de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, llevando el testimonio en su propio cuerpo para que sepamos, para que no olvidemos, para que continuemos la lucha. Fabián no dudó en exponer ante las cámaras de todo el mundo sus llagas, su dolor, su tormento, siendo testimonio vivo de la agricultura tóxica. Siendo lo que él se llamaba: la sombra del éxito. Porque los agrotóxicos enferman y matan, porque no se debe seguir produciendo así, porque hoy, quizás en este momento hay una escuela que está siendo fumigada, hay una comunidad Wichí que está siendo fumigada… lo que le pasó a Fabian Amaranto Tomasi sigue pasando. Todo el tiempo, cada vez más.

Estuvo en cientos de pueblos y abrió su puerta de casa a todos los que hasta Basalvilbaso se llegaron: periodistas de todo el mundo, de Brasil, de EEUU, de Alemania, de Francia, de la BBC, de China, de Japón, de Rusia, para que pudieron conocer la prueba científica viviente de daño en humanos por agrotóxicos.

A Fabián le toco el empleo más tóxico y riesgoso de todo el modelo, manipular los venenos en empresas de aplicaciones aéreas, el grupo más agresivo e indolente de toda la agricultura tóxica. Fue soldado de la Fuerza Aérea Sojera que después de destruirlo a él y a su familia, lo echó como perro sin indemnización, ni reconocimiento.

El rostro de Tomasi con las huellas de su enfermedad.

En estos días acaba de terminar el 27º Congreso Mercosur y Latinoamericano de la Aviación Agrícola en Villa María, Córdoba en su Aeropuerto, donde se volvió a escuchar el reclamo ofuscado de los empresarios de la diseminación masiva de agrotóxicos que exigen que los Estados nacionales impidan que los municipios sigan dictando ordenanzas y leyes locales que prohíben las aplicaciones aéreas en sus jurisdicciones. En Argentina, ya más de 400 pueblos y ciudades los quieren muy lejos. Desde Brasil llegó el gerente de la cámara de aeroaplicadores, Gabriel Colle,  quien denunció que esta situación crece en su país y manifestó que con su Fuerza Aérea Sojera de 2100 aviones “están sufriendo mucho” porque los pueblos fumigados les prohíben esparcir sus venenos a su antojo (1), aunque los médicos de la Asociación Brasileña de Salud Colectiva  (ABRASCO) aseguran que los que sufren son miles y miles de personas contaminadas y enfermas por las derivas incontrolables de estas aeronaves cargadas de venenos.

En Argentina existe una Fuerza Aérea Sojera de casi 1500 aviones, con 500 más en Uruguay, Paraguay y Bolivia conformando una amenaza a la salud y al ambiente de nuestra América de 4100 aviones, cuyos vuelos deberían ser inmediatamente prohibidos porque generan una deriva o dispersión de los agrovenenos incontrolable. Esta situación acaba de ser confirmada al demostrarse como en esta parte del mundo llueve glifosato junto con el agua de lluvia. Un medio muy respetado de USA, el Science of the Total Environment publicó un estudio del CONICET donde se demuestra la creciente contaminación del agua de lluvia en la zona pampeana argentina, contaminación que es generada principalmente por las fumigaciones aéreas y la cantidad enorme y creciente de agrotóxicos que se aplican año a año sobre las mismas hectáreas (2).

Fabián junto a su madre. Foto: Facebook.

En Europa, la UE prohibió hace años esta práctica criminal, que acá, en el sur del mundo se sigue protegiendo por parte de los gobiernos provinciales y nacionales (3).

El reclamo inicial de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados fue prohibir las fumigaciones aéreas como primera recomendación sanitaria (lo que no produciría ninguna quiebra del modelo) para limitar los daños ambientales y sanitarios más evidentes, como los que ocurrieron en Fabián Tomasi.

Fabian en el 3º Congreso de Médicos de Pueblos Fumigados en 2015, facultad de Medicina de UBA

Fabián Tomasi fue asesinado por el agronegocio, este crimen comenzó en 2005, pero el muerto siguió vivo denunciando el carácter criminal de la agricultura tóxica. Fue una víctima más del combate contra las malezas y la naturaleza que lleva adelante el agronegocio, como publican las portadas de sus diarios transgénicos (4).

El 7 de septiembre de 2018, Fabián, nuestro compañero, termino de ser asesinado por el agronegocio, pero su lucha continua en todos los pueblos que se están organizando para defender su derecho a la vida y cuestionar la ética que organiza la sociedad según el valor económico y subalterniza los derechos humanos a la vida y al ambiente sano. No dejaremos que su dolor haya sido en vano, seguimos su lucha, ese será el mejor homenaje. Y hasta la Victoria siempre Fabian Tomasi, la sombra del “éxito”.

1- AgroVoz, Los aeroaplicadores, entre el servicio y la demanda social. 24/08/2018.

2- REDUAS: El aire y el agua de lluvia contaminados con Glifosato 2.

3- REDUAS: Avión fumigador provocó un desastre en Guichón.

4- AgroVoz: El combate a las malezas ya se hace “cuerpo a cuerpo”.

* Medardo Ávila Vázquez es médico, experto en salud ambiental.

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