¿Cuánta fortaleza física poseían las primeras agricultoras? La respuesta la ha obtenido un equipo de científicos de la Universidad de Cambridge al comparar sus huesos con los de atletas de élite modernas.

Foto: Gentileza Agencia Sinc.
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El trabajo ha comparado los huesos de atletas modernas con los de las mujeres centroeuropeas que vivieron durante los primeros 6.000 años de inicio de la agricultura. El estudio demostró que la mujer agricultora prehistórica tenía, de promedio, los brazos superiores más fuertes que las campeonas de remo de hoy en día.

Los científicos del departamento de arqueología de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), que lideran la investigación, dicen que esta destreza física probablemente se obtuvo mediante la labranza del suelo y la cosecha manual. También como resultado de moler el grano durante horas para hacer harina.

Hasta ahora, los estudios bioarqueológicos del comportamiento prehistórico de las mujeres solo se habían hecho en comparación directa con el de los hombres. Los científicos de Cambridge señalan que este hecho se debe a que se ha subestimado la naturaleza y las demandas físicas que tuvieron que soportar las mujeres durante la prehistoria.

“Este es el primer estudio que compara los huesos femeninos prehistóricos con los de las mujeres vivas”, declara Alison Macintosh, autora principal del estudio publicado en la revista Science Advances. “Al interpretar los huesos de las mujeres en un contexto específico femenino –añade– podemos comenzar a ver cómo fueron de intensivos, variables y laboriosos sus comportamientos, mostrando una historia oculta sobre el trabajo de las mujeres durante miles de años”.

El estudio, que forma parte del proyecto titulado Adaptación, dispersiones y fenotipo, ADaPt, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, utilizó un pequeño escáner CT en el laboratorio PAVE de Cambridge para analizar los huesos del brazo (húmero) y pierna (tibia) de mujeres que participan en un rango de actividad física del nivel de corredoras, remeras y futbolistas, con estilos de vida más sedentarios.

Después, la fuerza de los huesos de las mujeres modernas se comparó con la de las mujeres de épocas agrícolas neolíticas tempranas hasta las comunidades agrícolas de la Edad Media. “Solemos olvidar que el hueso es un tejido vivo, que responde a los rigores a los que sometemos nuestros cuerpos. El impacto físico y la actividad muscular ejercen presión sobre ellos, lo que se denomina carga. El hueso reacciona cambiando de forma, curvatura, espesor y densidad para adaptarse a una tensión repetida”, explica Macintosh.

“Solemos olvidar que el hueso es un tejido vivo, que responde a los rigores a los que sometemos nuestros cuerpos. El impacto físico y la actividad muscular ejercen presión sobre ellos, lo que se denomina carga. El hueso reacciona cambiando de forma, curvatura, espesor y densidad para adaptarse a una tensión repetida” (Alison Macintosh).

“Al analizar las características óseas de personas vivas cuyo esfuerzo físico habitual se conoce y compararlas con las características de huesos antiguos, podemos empezar a interpretar los trabajos que realizaban nuestros antepasados en la prehistoria”, enfatiza la científica.

Durante las tres semanas que duraron las pruebas, Macintosh escaneó los huesos de las atletas de los equipos Open y Lightweight del Cambridge University Women’s Boat Club, ganadoras de la carrera de remo de este año, que rompieron los récords. Estas mujeres, la mayoría de poco más de veinte años, se entrenaban dos veces al día y remaban en promedio 120 kilómetros a la semana en ese momento.

Las mujeres neolíticas analizadas en el estudio (de hace entre 7.400 y 7.000 años) tenían una fuerza similar en los huesos de las piernas de las remeras modernas, pero los huesos de sus brazos eran entre un 11% y un 16% más fuertes que los de las atletas actuales, y un 30% más fuertes que la de los estudiantes tipo de Cambridge.

Las mujeres neolíticas analizadas en el estudio (de hace entre 7.400 y 7.000 años) tenían una fuerza similar en los huesos de las piernas de las remeras modernas, pero los huesos de sus brazos eran entre un 11% y un 16% más fuertes que los de las atletas actuales, y un 30% más fuertes que la de los estudiantes tipo de Cambridge.

La carga de las extremidades superiores fue aún más dominante en las mujeres de la Edad del Bronce (de hace entre 4.300 y 3.500 años), que tenían entre un 9% y un 13% de los huesos del brazo más fuertes que las remeras, pero un 12% más débiles las piernas.

CARGA ÓSEA

Una posible explicación a esta gran fuerza de sus brazos puede ser el triturado del grano. “No podemos decir específicamente qué comportamientos causaban la carga ósea que encontramos. Sin embargo, una actividad importante en la agricultura temprana fue la conversión de granos en harina, y esto probablemente lo realizaban las mujeres”, dijo Macintosh.

Durante milenios, el grano se molió a mano utilizando dos piedras grandes conocidas como silla de molino. En las escasas sociedades que todavía hoy utilizan este tipo de molinillos, las mujeres muelen grano durante cerca de cinco horas al día. “La acción repetitiva del brazo de moler esas piedras juntas durante horas pudo cargar los huesos de los brazos de las mujeres de una manera similar al laborioso movimiento hacia adelante y hacia atrás del remo”.

Sin embargo, Macintosh duda que el trabajo de las mujeres difícilmente se haya limitado a este comportamiento. “Antes de la invención del arado, la agricultura de subsistencia implicaba plantar, labrar y cosechar manualmente todos los cultivos. También es probable que las mujeres hayan ido a buscar comida y agua para el ganado doméstico, procesando leche y carne, y convirtiendo pieles y lana en textil”.

De hecho, la variación en la carga ósea encontrada en las mujeres prehistóricas sugiere que hubo una amplia gama de comportamientos durante la agricultura temprana. “Creemos que puede esta gran variedad de trabajos de las mujeres es lo que hace que sea tan difícil identificar el rastro de cualquier comportamiento específico en sus huesos”.

Jay Stock, autor principal del estudio y director del Proyecto ADaPt, agrega: “Nuestros hallazgos indican que durante miles de años, el riguroso trabajo manual de las mujeres fue un impulsor crucial de las primeras economías agrícolas. Además, demuestran lo que podemos aprender sobre el pasado humano a través de una mejor comprensión de la variación humana en la actualidad”.

Fuente: Agencia Sinc (www.agenciasinc.es).

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