Además de llevarse a la tumba miles de verdades, el excomandante del Tercer Cuerpo de Ejército había encontrado la manera para contener a su tropa e impedir, de por vida, que revelaran detalles del plan macabro de aniquilamiento que desplegó en Córdoba y en las provincias bajo sus designios. Hasta el último día de su vida, sus subordinados cumplieron ese pacto de sangre. ¿Qué pasará ahora, sin la intimidante mirada del (ex) general? Hablan tres especialistas que estudiaron su vida al detalle.

[MURIÓ EL GENOCIDA MENÉNDEZ] ¿Cómo hacer para que las atrocidades cometidas por la dictadura no se filtraran de boca de alguno de los tantos que participaron de ellas? ¿Cómo lograr que el espíritu de cuerpo primara sobre la misma verdad, sobre la ética, sobre las conciencias de la gente que de cerca o de lejos había estado al tanto de los más horrendos crímenes? ¿Cómo asegurase de que no habría delaciones ni acusaciones cruzadas, que nadie señalaría a los verdugos, que no habría chicanas, tensiones ni pases de factura que hubieran hecho crujir la estructura y el espíritu del más salvaje aparato represor de nuestra historia?

“Muy sencillo”, se contestó Luciano Benjamín Menéndez, cuando todavía estaba lejos de su ocaso y aún convencido de haber estado librando en tierras gauchas la tercera guerra mundial. Sabía que la única manera de evitar que sus subalternos lo denunciaran era manchando de sangre las manos de todos. Por eso resolvió obligarlos a todos a participar de las atrocidades que ordenaba. Ni uno sólo podía quedar a salvo. Aunque fuera una sola vez. Así, nadie podría acusar sin ser acusado. Nadie podría señalar sin ser señalado. Nadie podría testimoniar sin caer bajo la misma trama de su relato.

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Así fue como nació el pacto de sangre, pergeñado por Luciano Benjamín Menéndez. Un mezquino plan cuyo único y perverso objetivo era salvar el “honor” militar, evitar cualquier tipo de acusación y garantizar que nadie rompería el silencio.

Ese pacto, ese perverso y cobarde pacto, ha tenido vigencia hasta hoy.

SIN FISURAS

En épocas de las leyes de impunidad, se pensó que los llamados “Juicios por la Verdad Histórica”, que sólo pretendían conocer lo sucedido, aunque sin posibilidad de establecer condenas, podrían volver abstractos esos pactos para garantizar la impunidad. Pero no fue así.

Tras el primer juicio y condena a Menéndez, por la causa Brandalisis juzgada en 2008, en vista de que se hicieron públicas y se comprobaron fehacientemente todos los crímenes atroces de la banda del Tercer Cuerpo de Ejército que comandó Menéndez, se volvió a pensar que el pacto de silencio ya sería innecesario. Pero el “general” y su corte permanecieron abroquelados.

Ni una sola palabra. Ni un mísero detalle del destino de los desaparecidos. Ni la menor expresión sobre aquéllos de los que todavía ni si quiera se sabe adónde los llevaron. Ni el más leve atisbo de humanidad para indicar adónde fue a parar el hijo de Sonia Torres, arrancado de los brazos de su madre en la Cárcel del Buen Pastor.

Nada.

El espíritu de cuerpo, castrense, vertical e inamovible, ha mantenido hasta nuestros días cerradas las memorias y los labios de los “dignos subordinados”, del ex general, a quienes él defendió en cada una de las audiencias en las que tomó la palabra, y sobre cuyos actos una y otra vez insistió en hacerse cargo como último y principal responsable. Todos para uno y uno para todos, salvo que en este caso, ese digno lema era para garantizar la impunidad e impedir a los familiares conocer la verdadera historia.

Hubo sólo algunos atisbos de intentar abrir esa puerta de lo pactado con sangre. El primero de ellos fue protagonizado por el cabo Miguel Pérez, autor del tiro de gracia que acabó con la vida de Raúl Paco Bauducco en el patio de la Cárcel de San Martín, en el invierno de 1976. Durante las audiencias del juicio, en el año 2010, Pérez sostuvo que el Ejército le “arruinó la vida”, admitió ser el autor de ese disparo, y pidió perdón a la familia de su víctima. Su actitud, que exhibía un dejo de humanidad, fue rechazada y condenada tanto por Menéndez como por Jorge Rafael Videla, condenado también bajo esa causa. Videla usó sus palabras finales para agradecer a su tropa, “salvo” al cabo Pérez, por haber pedido perdón.

Quien también amagó con romper ese funesto pacto de sangre fue Ernesto Barreiro, jefe de inteligencia de La Perla, quien durante una de las audiencias por la Megacausa de La Perla, en diciembre de 2014, anunció que detallaría el destino de algunos de los desaparecidos. Al final su declaración fue un fiasco, más bien una operación psicológica sobre quienes él aún considera “el enemigo”.

Y finalmente queda el caso de Héctor Pedro Vergez, el primer jefe de La Perla, quien en una entrevista con EnRedacción aseguró que los cuerpos de los desaparecidos fueron retirados por máquinas, sus restos triturados y luego utilizados para el relleno asfáltico de una ruta entre Córdoba y Santiago del Estero. Si bien impactantes, sus declaraciones no fueron conducentes a nada, al menos por el momento.

Camilo Ratti, periodista y autor de “Cachorro, vida y muertes de Luciano Benjamín Menéndez”, la más acabada biografía escrita sobre el exgeneral.

EXPECTATIVAS, AUNQUE CON CAUTELA

¿Qué pasará, ahora que no está Menéndez, con ese pacto de silencio? “Siempre las muertes tienen efectos inesperados. Generan reacciones, cambian los escenarios. La muerte de Menéndez puede llegar a habilitar un nuevo capítulo para que se conozca la verdad histórica de lo sucedido”, respondió Camilo Ratti ante la consulta de este medio.

Ratti es el autor de “Cachorro, vida y muertes de Luciano Benjamín Menéndez”, la más rigurosa biografía jamás escrita sobre este personaje. “Es algo sagrado en el mundo militar: el espíritu de cuerpo y la solidaridad frente a todo. Mientras sus subordinados estuvieron procesados y condenados, y el jefe de todo este aparato permaneció vivo, nadie se animó a hablar y se respetó la jerarquía. Pero tal vez la muerte cambie el escenario”, se ilusionó.

En visión del biógrafo de Menéndez, “tal vez esta desaparición permita que algunos de esos subordinados se animen a hablar o busquen algún provecho de ello, ahora que el jefe no los está mirando. Lo veo difícil, pero es una posibilidad”.

“Siempre las muertes tienen efectos inesperados. Generan reacciones, cambian los escenarios. La muerte de Menéndez puede llegar a habilitar un nuevo capítulo para que se conozca la verdad histórica de lo sucedido”, respondió Camilo Ratti, autor de la más completa biografía de Menéndez.

“Yo no tengo muchas esperanzas”, contestó ante la misma pregunta Jorge Vasalo. Especialista en coberturas judiciales y desempeñándose desde hace décadas en Radio Universidad, Vasalo ha sido el único periodista que ha cubierto la casi totalidad de las audiencias de juicios por delitos de lesa humanidad que tuvieron lugar en Córdoba. Lo ha visto a Menéndez callarse, hablar, dormirse, declamar, retar a sus subordinados con una simple mirada. Lo ha visto mascullar bronca y también estuvo en el momento de cada una de sus condenas.

Desde su punto de vista, el momento histórico no ayuda demasiado. “No lo veo muy posible, mucho menos ahora, un momento en el que el país parece estar mirando para otro lado”, le respondió a este medio. “No lo veo a Barreiro, a Chubi López o a Vergez contándole a la Justicia lo que pasó, por más que ya no esté Menéndez presente, no me imagino que alguno se quiebre”, sostuvo el periodista.

Incluso sobre el caso Sonia Torres y su nieto aún desconocido, Vasalo remarcó que “sobre ese caso hay una cadena de encubrimientos que ha quedado demostrada en el juicio y que abarca desde las monjas del Buen Pastor hasta la Justicia Federal”. Por eso se mostró pesimista a que pueda surgir algo luego de la desaparición del autor del pacto de sangre.

“No lo veo a Barreiro, a Chubi López o a Vergez contándole a la Justicia lo que pasó, por más que ya no esté Menéndez presente, no me imagino que alguno se quiebre”, sostuvo el periodista Jorge Vasalo, quien viene cubriendo los juicios contra Menéndez desde el año 2008.

Alejo Gómez, autor de La Perla, una gigante investigación periodística sobre ese campo de concentración.

En el sentido opuesto se expresó Alejo Gómez, uno de los autores del libro La Perla, con certeza la obra de investigación periodística más detallada sobre lo que fue el segundo campo de exterminio más grande del país, y que estuvo bajo el mando de Menéndez. “Creo que es una expectativa que se da, y ojalá que sea así”, señaló.

“Muerto el creador del pacto de silencio, no es absurdo pensar que algún militar pueda sentirse liberado de ese compromiso”, razonó el escritor, aclarando no obstante que esta posibilidad debe ser manejada “con muchísima cautela”.

No obstante, consideró que “si se actúa con inteligencia, puede darse el caso de alguno de los militares busque acceder a algún beneficio a partir de aportar información real sobre lo sucedido”. Esta aclaración la hace para diferenciarse de lo que sucedió con Barreiro, “que generó mucha expectativa y terminó siendo una vil manipulación psicológica y una burla a la sociedad”.

CÓRDOBA, LA OBRA DEL CHACAL

Alguna vez alguien dijo que para destrozar una Córdoba con un Agustín Tosco, hacía falta una Córdoba con un Menéndez. Dos modelos antagónicos de una provincia que históricamente penduló entre lo rebelde y contestatario por un lado, y lo conservador y autoritario por el otro.

Por esa razón, los mismos tres especialistas fueron también consultado sobres el carácter cultural y político que Menéndez le imprimió a la provincia de Córdoba, territorio del cual fue amo y señor durante años trascendentales de nuestra historia.

Era necesario un Menéndez con toda su brutalidad para destrozar esa Córdoba que había sabido generar la Reforma Universitaria y el Cordobazo. Sólo un nivel de represión tan atroz podía destrozar aquellas semillas. Y lo hizo”, argumentó Alejo Gómez.

“Es así. Era necesario un Menéndez con toda su brutalidad para destrozar esa Córdoba que había sabido generar la Reforma Universitaria y el Cordobazo”, argumentó Alejo Gómez. “Sólo un nivel de represión tan atroz podía destrozar aquellas semillas. Y lo hizo”. Para el autor, Menéndez es el que “abre las puertas a un modelo ortodoxo, conservador y de poder concentrado, que desde entonces viene gobernando esta provincia”.

Desde la visión de Camilo Ratti, “Menéndez abortó, truncó, aniquiló, destrozó el proyecto de una Córdoba revolucionaria, y se encargó de poner en marcha un proyecto neoliberal autoritario, retomando las raíces de esa Córdoba clerical profunda, e impidiendo la construcción de una sociedad diferente”. Por eso el autor de Cachorro no duda en confirmar que el exgeneral fallecido ayer, “fue una de las piedras basales de esta sociedad actual”, e incluso lo consideró “el padre de la Córdoba de los últimos 40 años”

Jorge Vasalo. Es periodista de los SRT, y desde el comienzo de los juicios por delitos de lesa humanidad en Córdoba, prácticamente ha estado en todas las audiencias.

También para Jorge Vasalo, Menéndez y su impronta tienen mucho que ver con lo que hoy sucede en Córdoba. “La nuestra es una de las provincias que todavía no se ha recuperado de aquella barbarie. Menéndez tenía reservado un lugar en los palcos de los gobierno radicales de Angeloz y de Mestre, algo que felizmente ha quedado registrado en las fotos”, respondió el hombre de los SRT. En ello explica que en la actualidad Córdoba esté “inundada de ideología de derecha, muchos con las mismas convicciones que tuvo Menéndez, cimentadas por los mecanismos de los medios de comunicación, que se encargan de sostener desde hace años esa misma postura”.

Hay señales de una Córdoba que en cada 24 de marzo lleva más de 100 mil personas a las marchas, muchos de ellos jóvenes. Una Córdoba que se expresó en contra del dos por uno a los genocidas, y que se apropia también de los espacios públicos para sostener las luchas gremiales y por los derechos”, se ilusionó Jorge Vasalo.

Pese a ello, Vasalo se mostró optimista ante las señales de “una Córdoba que en cada 24 de marzo lleva más de 100 mil personas a las marchas, muchos de ellos jóvenes. Una Córdoba que se expresó en contra del dos por uno a los genocidas, y que se apropia también de los espacios públicos para sostener las luchas gremiales y por los derechos”.

Se fue Menéndez, quedó por ahora el silencio, y una Córdoba bastante parecida a aquel modelo con el que el (ex) general alguna vez soñó.

[MURIÓ EL GENOCIDA MENÉNDEZ]

Con la muerte del hombre que lo pergeñó ¿muere también el pacto de silencio?.

Mackentor, el caso que conecta a los militares con un sector del poder económico.

“Cachorro”, el dictador que murió en soledad y sin poder cumplir su sueño de perpetuidad.

El represor que amaba las flores.

Murió el genocida Menéndez, uno de los jerarcas de la última dictadura cívico-militar.

El general no estuvo solo, tuvo como socios a muchos jueces y empresarios argentinos.

El cuchillo del general.

La Corte confirmó la condena a perpetua de Menéndez por el crimen del obispo Angelelli.

Para el tribunal, Otero Álvarez no estaba obligado a denunciar violaciones a los derechos humanos.

Murió Víctor Martínez, el hombre que negociaba con la dictadura y terminó siendo vicepresidente.

Murió Eduardo César Angeloz, el radical que hizo campaña con un lápiz rojo.

Complicidad civil con la dictadura: dos condenas y dos absoluciones de funcionarios judiciales.

Juicio de los Magistrados: En 1990 la CIDH ya hablaba de complicidad entre Justicia y dictadura.

En Inglaterra murió Charlie Moore: Requiem para un hombre invisible.

Los Jueces del Poder.

Yanicelli cobra una jubilación de $52.335,31 y sigue siendo policía.

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