No hubo piedad de la institución policial con un efectivo pasado a retiro quien imploraba desde hacía un año que le habilitaran el pago de los montos que le adeudaba la fuerza, para así poder afrontar los costos del tratamiento oncológico de su mujer, también policía. Falleció el 28 de julio.

Marcela esperó en vano una señal positivia de la Policía. Falleció a la espera de que su marido cobrara lo adeudado. Foto: Gentileza

Hace un mes, ENREDACCIÓN ponía a la luz las serias dificultades que estaban enfrentando los policías retirados para poder cobrar los fondos adeudados que les correspondían al dejar el servicio activo.

Fue cuando una investigación de este medio logró documentar demoras de al menos cinco años para cobrar montos adeudados que deberían haber sido liquidados al momento del pase a retiro. Valiéndose de esa mora, la jefatura de la policía ofrecía habilitar los pagos a cambio de que sus efectivos renunciaran “de manera espontánea” a la mitad de sus acreencias y aceptaran cobrarlas en seis cuotas. Era eso, o esperar años.

Vuelva en 2020

Uno de los casos más emblemáticos fue el de Jorge Quinteros (45). Pasado a retiro forzoso por desavenencias con el jefe de las Departamentales Sur (Martín Ladrón de Guevara, actualmente procesado por peculado), Quinteros se vio obligado a dejar la actividad en abril de 2016.

Al momento del retiro le adeudaban tres meses de licencias anuales que durante su etapa activa no le habían permitido tomarse. Luego de mucho insistir, recién cuatro meses después de su salida logró que el Departamento de Finanzas le cuantificara el monto a su favor: $81.358,35.

No se trataba de una mera especulación. Ese dinero le era muy necesario para afrontar los costos del tratamiento de su esposa, Marcela Papini (49), también policía y madre de cuatro hijos, quien atravesaba un complicado cáncer. “Estamos viajando dos veces por semana desde General Roca hasta Córdoba para hacer la quimioterapia, y esto nos implica enormes costos”, explicaba.

Mientras ambos presentaban batalla contra esa enfermedad, Quinteros intentó por todos los medios que el gobierno reconsiderara su política de dilación de los pagos a sus policías fuera de servicio.

En la expectativa de hacerse de esos fondos que le hubieran facilitado afrontar el tratamiento, presentó un pedido de pronto despacho ese mismo mes, solicitando la liquidación del monto.

Pero la respuesta de la institución resultó lapidaria. El 13 de mayo de este año, el jefe de Personal, comisario Carlos Caminos, le informó que su trámite estaba en espera, que en virtud del estrecho cupo que manejaba la institución, recién se estaban abonando los trámites iniciados en 2013. Es decir, postergaba a cuatro años la posibilidad de pago: 2020. Salvo que aceptara la quita del 50 por ciento.

Por escrito, la Policía le informó a Quinteros que recién se estaban pagando trámites de 2013.

Sin piedad

La espera resultaría letal. El 28 de junio Marcela Papini dejó de existir. Una neumonía letal se apoderó en pocos días de su organismo debilitado por la quimioterapia. “El desenlace que terminó en la muerte no tiene relación directa con la enfermedad de ella, pero sin dudas estaba débil, no sólo por el tratamiento sino por cómo le afectaba toda esta situación”, contaba una semana después Jorge Quinteros, con el ánimo todavía quebrado.

El día anterior, con su mujer agonizando en la clínica Romagosa de la ciudad de Córdoba, sonó su celular. Un oficial del departamento de Recursos Humanos lo llamaba para consultarle por el estado de su mujer. Enterado de la gravedad del cuadro, el administrativo le pidió tiempo para intentar destrabar el pago.

Horas más tarde volverían a comunicarse. “Me hicieron el mismo ofrecimiento. Que renunciara al 50% de lo que me correspondía y que me lo pagaban en seis cuotas”, contó.

“Realmente, dudo que todo esto que hemos debido atravesar con mi familia los haga que se dignen a pagar lo que nos corresponde. No sé cuánto tiempo más voy a tener que esperar para cobrar lo que es mío. Pero sea cuando sea, ya va a ser tarde”.

Preso de una situación límite, no tuvo chances ni de analizar ese mendaz ofrecimiento. Al mediodía del miércoles, el cuerpo de Marcela decía basta. Era el peor final para un proceso muy desgastante que vivió esta familia.

Hoy Jorge Quinteros es pura resignación: “Realmente, dudo que todo esto que hemos debido atravesar con mi familia los haga que se dignen a pagar lo que nos corresponde. No sé cuánto tiempo más voy a tener que esperar para cobrar lo que es mío. Pero sea cuando sea, ya va a ser tarde”.

Él mejor que nadie ha sido testigo de todo el desgaste que significó el trámite para intentar hacerse de un dinero que hubiera permitido sobrellevar el trance de la enfermedad con algo más de tranquilidad. “Imaginate todas las dificultades económicas que hemos tenido. Y no hay forma de cubrirlas con los dos sueldos de policías. Para pagar todos los gastos hemos tenido que pedir prestado a mi cuñado, a mi suegro, a mi viejo, y aún así no alcanzaba -explicó-. Ellos no me apuran para que se los devuelva, pero lo voy a hacer a medida que me vaya enderezando”.

Si bien elige la prudencia cuando se le consulta por los motivos de la muerte de su mujer, no duda en señalar que “todas estas dificultades no ayudaron en nada” para que al menos pudiera enfrentar la enfermedad con tranquilidad. “Si bien el desenlace fue por una neumonía, ella anímicamente estaba muy afectaba por todo esto que nos tocó vivir. De eso no te quepa la menor duda”, señaló. “Sabiendo la institución que ella también era personal policial y que podían dar una mano con algo que nos correspondía, no hicieron nada. Eso es lo que te duele”.

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