El teatro de títeres es uno de los lenguajes de las artes escénicas más amados por los chicos. Nos sumergimos en el mundo que está detrás de estos personajes en el teatro La Chacarita.

Mónica Nazar djunto a “Oporto”, el pirata, en “Chacarilandia”. Foto: Gentileza La Chacarita

La calle es para los titiriteros una fuente inagotable de recursos para armar sus muñecos. Un mate, una cuchara, una rueda, un asiento, una chapita. Cualquier cosa puede convertirse en una parte de un títere o su escenografía. “Es puro ingenio. Lo podrías haber hecho de tantas cosas al personaje. Eso me gusta del teatro de títeres,  que está en el invento, en el deseo de levantar un universo al que le tenés que crear hasta el sol y la luna. Todo es  producto de la construcción de tus manos y la imaginación”, le dice Mónica Nazar a ENREDACCIÓN sentada en el patio de La Chacharita.

Ella es titiritera y suma en su historial miles de anécdotas extremas para encontrar el elemento buscado. Por ejemplo, una vez encontró el bandoneón para su Aníbal Troilo, en un fuelle chequera tirado y vio una palmera movediza en una víbora de madera. También es actriz, dramaturga y directora. La Paparrucha fue su primer grupo de títeres en la última mitad de la década del `90 y en el 2000 ya estaba instalada en La Chacarita, la sala de teatro que lleva adelante junto a su pareja Fernando Airaldo, como parte de la Fundación por el Teatro. Los dos  ponen en escena la obra Chacarilandia desde el año 2001. “Es muy común encontrar grupos que estén conformados por una pareja, es más fácil, es la misma olla”,  cuenta.

Mónica Nazar y Fernando Airaldo rodeados de sus títeres. Foto: Gentileza La Chacarita.

Al entrar, un pasillo repleto de frondosas plantas conduce hacia a la sala de teatro que se encuentra en el fondo de la casa chorizo de Barrio Pueyrredón. También es el hogar y el taller de Mónica y Fernando, quienes convirtieron las distintas habitaciones en taller y depósito. “Es un infierno”, dice para referirse a una de ellas, que al abrirle la puerta deja al descubierto pilas de objetos acumulados: Sombreros, papeles, telas y estructuras de hilos. Es lo más parecido a una chacarita. En toda la casa hay mesas donde descansan muñecos a medio hacer u elementos de su universo esperando encontrar una forma definitiva, custodiados por herramientas o tarros de pintura.

Piensa que los títeres son como el pan casero porque no hay dos iguales, por más que se utilice la misma receta nunca dos panes son idénticos. “Además, un títere es el proceso de creación. Vos ves el muñeco y ves el proceso, porque es una capa sobre capa. La creación va surgiendo de la inspiración, de la indagación y de la necesidad, y cuando se juntan las tres, decís que bien me salió. A veces sale una pata chinga, pero está en el artista seguir buscando”. Por eso, también hay que dejarlos leudar, porque el tiempo dedicado a su construcción se verá reflejado en el muñeco terminado: “Los objetos guardan el tiempo de trabajo”, asegura. Para sus títeres prefieren la técnica de la cartapesta, “porque le un efecto porcelana, dura y podes hacer cosas increíbles. Es una técnica compleja para hacer porque son muchos pasos y hay que esperar que seque”. Sin embargo, en su comienzos tallaba goma espuma, otra de las técnicas de armado, aunque sostiene que “existen miles, tantas como creadores”.

Más de quince valijas se distribuyen, una al lado de la otra sobre repisas que están en otra de las habitaciones. Son las obras que han puesto en escena. Algunas no se han vuelto a reencontrar con los espectadores, mientras otras aguardan que vuelva ese momento. “Todo el universo creado tiene que ser desmontable.  El teatro de títeres es itinerante”, entonces cuando hay que salir de viaje, sólo basta tomar la maleta correspondiente.

Mónica Nazar dice no tiene apego por sus muñecos: “Son hermosos, están cargados de recuerdos, son objetos súper usados. Pero no tengo ñoñez con ellos, no me gusta y también para desmitificar un poco, porque la empatía artística no es con el títere, es con el lenguaje”.

Este jueves 20, es la función despedida de Chacarilandia, y también es la última vez que Mónica se ponga detrás del retablo de una obra para niños y niñas. “Es un retiro consciente. Estoy grande y siento que no me alcanzan las energías que requieren los chicos para estar a su altura. A mí los niños me hicieron distinta, por eso respeto ese vínculo como una revelación”. Ella seguirá trabajando en teatro para adultos y sus títeres se harán un lugar entre otros muñecos, para lucirse en la vitrina de la imaginación de su creadora.

TIERRA DE PIRATA

Un pirata y su papagayo, irrumpen en el retablo de una titiritera que hará lo imposible para retenerlos allí, en Chacarilandia, contando sus historias de alta mar.

Duración de la obra: 55 min.
Autor: Mónica Nazar
En escena: Fernando Airaldo, Mónica Nazar

El 20 de julio, a las 16:30, en Teatro La Chacarita. Ver agenda.

 

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