Desde el Tribunal de Conducta admitieron que a mediados de marzo ingresó formalmente una segunda denuncia, presentada por una suboficial que asegura haber sido acosada y luego hostigada por su negativa. Mientras tanto, en la Departamental San Justo confirmaron que Cabral salió de licencia el viernes último, pero descartan que se trate por los cuestionamientos. Hoy el Concejo Deliberante de Córdoba aprobará una declaración de repudio ante las amenazas sufridas por el periodista de este medio.

Carlos Cabral. Es el segundo jefe de la Departamental San Justo. Llegó a esa importante jerarquía pese a una serie de denuncias por acoso a subordinadas. Foto. Gentileza Radioestación.

Tres casos independientes de mujeres policías que señalaron a un alto jefe de esa fuerza como acosador fueron suficientes para desatar un tembladeral en el este cordobés, que luego se trasladó a la capital provincial, luego de que el periodista de ENREDACCIÓN que los hizo públicos recibió una intimidación que involucró directamente a sus dos hijas menores.

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El caso alude directamente al comisario Carlos Alberto Cabral, conocido como “el Panda” y segundo jefe de la estratégica Departamental San Justo. Cabral posee al menos dos denuncias concretas en su contra y al menos cinco testimonios de mujeres coincidentes sobre su proceder dentro de la fuerza.

Así es que fueron relevados los casos presentados en la primera nota publicada por este medio como “Calderón”, “Milena” y “Romi”, al que ahora se suma un cuarto testimonio de una mujer que también presentó una denuncia ante el Tribunal de Conducta Policial.

Se trata de “Soledad Pereyra”, nombre ficticio con el que nos referiremos a la uniformada que asegura haber padecido el mismo proceder de parte del “Panda”. Al igual que en los casos anteriores, la verdadera identidad está en poder del Tribunal de Conducta y forma parte del sumario unificado que se le sigue a Cabral.

“ASÍ ES COMO ME FUE”

“Yo nunca le di bola, y así es como me fue”, señaló esta agente que lleva nueve años en la fuerza y que asegura nunca haber recibido un ascenso justamente por esa postura. “El tipo continuamente te estaba haciendo insinuaciones. Si vos le alcanzabas una hoja o algo, te agarraba la mano o se reía. O cuando llegaba, te decía buen día y te daba un beso pegado a la boca. Típico de esta clase de hombres”, contó Pereyra. Ella asegura que si luego de esas insinuaciones “vos no le dabas bola o querías ponerlo en su lugar, pasabas a ser la peor. Y eso fue lo que pasó conmigo”, se lamenta.

Pereyra vive en Villa Concepción el Tío, pero trabajaba en la comisaría de Arroyito. Después de mucho insistir a su jefe inmediato, el comisario Pablo Berardo, accedió a darle el pase a su pueblo, para no tener que desplazarse todos los días 20 kilómetros. “Lo pedí por una cuestión de que yo necesitaba estar un poco más cerca de mis dos hijos”, dijo la agente.

El tipo continuamente te estaba haciendo insinuaciones. Si vos le alcanzabas una hoja o algo, te agarraba la mano o se reía. O cuando llegaba, te decía buen día y te daba un beso pegado a la boca. Típico de este clase de hombres”, contó Soledad Pereyra, suboficial de la Policía que denunció también a Cabral.

El alivio no duró más de 15 días y se interrumpió intempestivamente cuando el comisario Cabral, superior de Berardo, se enteró del pase de Pereyra. E inmediatamente se comunicó para que se diera marcha atrás.

“¿La Pereyra está en condiciones de manejar una chata nueva? No. Entonces no puede estar ahí”, le dijo a su Jefe de Zona y subordinado inmediato, desautorizando el pase que éste había concedido.

La referencia directa de Cabral era por un accidente que Pereyra había tenido en el año 2012 a bordo de una camioneta Chevrolet S-10. “El móvil estaba con un problema mecánico con pérdida en la caja hidráulica. Y no lo quisieron arreglar. En un momento iba manejándolo en la ruta, y cuando quiero pasar un camión, se traba el motor, y en la maniobra muerdo banquina y terminé dando siete tumbos”, contó la mujer. A seis años de ese accidente, sigue siendo ésa la única fundamentación para ejercer las represalias sobre esta mujer.

Según denuncia “Pereyra”, la marcha atrás con su traslado tiene que ver con la decisión de favorecer a otra uniformada con mucha menos antigüedad que ella y obedeciendo a motivos “extrapoliciales”, según prudentemente señala. Y a eso lo documenta con un audio en el cual la empleada policial beneficiada con el cambio, admite: “Le voy a tener que llevar un lechón para Cabral, un chanchito”.

CAUSAS UNIFICADAS

La situación derivó en una presentación espontánea de Soledad Pereyra en la Jefatura de Córdoba. “Antes de cometer una locura, me fui para allá, entregué mi arma y pedí una carpeta psiquiátrica. Porque así no puedo más”. Eso fue el 14 de marzo de este año. Hoy asegura sufrir ataques de pánico y estar medicada. “Ya no sé si quiero seguir en la Policía, porque estoy marcada de por vida por esta gente”, le confesó a este medio.

Su denuncia fue presentada ante el Tribunal de Conducta el 20 de marzo, y fue recibida bajo el número 249/18. Según informaron desde ese organismo, “la misma ha sido incorporada a la que ya se le estaba sustanciando al comisario Cabral desde el año 2016”.

El problema de esta gente es que no se desquitan con vos, sino con los seres que más querés. Te hacen tener miedo”, sostuvo la denunciante, sólo algunas horas antes del apriete al periodista de este medio.

Pereyra asegura que su situación se agrava por el hecho de su elección sexual, ya que está casada en matrimonio igualitario con una sargento que presta servicio en la subcomisaría de El Tío. “Nos hicieron la vida imposible desde el mismo momento en que se enteraron”, contó.

Sobre la investigación publicada la semana pasada por ENREDACCIÓN, la mujer admite que quedó impresionada: “Yo cuando la leí no lo podía creer, y dije ¡La puta madre, no soy la única que estoy mal!”.

Por esa misma razón también se sintió identificada con las uniformadas que pidieron mantener reserva de sus identidades ante el temor a represalias. Y quizás preanunciando lo que sucedería el viernes con las amenazas a un periodista de este medio, advirtió: “El problema de esta gente es que no se desquitan con vos, sino con los seres que más querés. Te hacen tener miedo”, sostuvo sólo algunas horas antes del apriete al periodista.

La sede de la Departamental San Justo fue un hervidero luego de publicada la investigación de este medio.

LICENCIA ¿FORZADA? Y OTRA DENUNCIA

A pocas horas de conocerse la primera investigación que involucraba a Carlos Cabral, el segundo jefe de la Departamental San Justo se tomó su “licencia anual”.

Según publicó el medio La Voz de San Justo, el superior inmediato de Cabral y jefe de esa departamental, el comisario Héctor Roldán, aseguró que la licencia otorgada a Cabral “no tiene nada que ver” con las acusaciones de supuesto acoso sexual en el ámbito laboral.

“Nosotros tenemos como obligación tomarnos dos licencias por año y eso es lo que está pasando en este momento con el comisario Cabral”, aseguró el jerárquico, quien evitó pronunciarse sobre las acusaciones contra su inmediato subalterno.

Tenemos la obligación de tomarnos dos licencias por año y eso es lo que está pasando en este momento con el comisario Cabral”, aseguró Héctor Roldán, superior inmediato del comisario cuestionado.

El mismo día en que Cabral tomaba su licencia, ingresaba a la redacción de este medio otro testimonio, en este caso de un subalterno (masculino), quien además de ratificar lo detallado en el primer informe, se sumó también a la lista de quienes aseguran haber padecido al cuestionado comisario.

“Yo sólo te puedo decir que sufrí persecución y hostigamiento de este señor lo cual derivó en que tuviese que sacar una carpeta psiquiátrica debido a un alto estrés”, escribió por WhatsApp un uniformado que también pidió reserva de identidad. “Esto derivó en un pico de tensión que casi me cuesta la vida”, contó, señalando que en la actualidad la situación es manejada por su abogado. “Yo tengo una demanda contra la Provincia, porque debido a ese hostigamiento me excedí en mis días de carpeta médica y me dieron de baja”, señaló, aclarando que recientemente ha sido reincorporado en virtud de una medida cautelar. “No quiero volver a perder mi trabajo, por eso prefiero no dar más detalles. Pero sí te puedo decir que ese señor hizo mucho daño en esta comisaría de Las Varillas y en la zona”.

Más allá de esta circunstancia puntual y de la llamativa licencia, en el Tribunal de Conducta ratificaron que se sustancia la investigación contra Cabral, y que en la actualidad se encuentra abierto un sumario interno. Descartaron que le haya sido concedido un ascenso a Cabral después de presentada la inicial denuncia, señalando que en realidad su nombramiento como segundo jefe de la Departamental San Justo “obedece a decisiones de carácter funcional dentro de la fuerza”, y sobre las cuales, insistieron, “el Tribunal de Conducta no tiene ninguna injerencia”.

REPUDIO EN EL CONCEJO DELIBERANTE

A las innumerables muestras de solidaridad hacia nuestro periodista Adolfo Ruiz, quien recibió una amenaza a pocas horas de publicado el primer informe sobre esta temática, se sumará en la jornada de hoy el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba.

Está previsto que a media mañana, el organismo apruebe por unanimidad un proyecto de declaración presentado por el edil David Urreta, del bloque VAMOS (antes ADN, conducido por Tomás Méndez).

“Es lo menos que podemos hacer: Respaldar a los periodistas que laburan en serio, que investigan con independencia, que viven de lo que hacen”, señaló el concejal David Urreta, autor del proyecto para repudiar las amenazas.

En su artículo 1°, el órgano legislativo de la ciudad de Córdoba declarará “su más enérgico repudio a la difamación que está sufriendo el reconocido periodista cordobés, Adolfo Ruiz, por sus publicaciones en el sitio ENREDACCIÓN“. En sus fundamentos, el proyecto de Urreta que saldrá con el acompañamiento de la totalidad de los bloques, alude de modo explícito a la investigación que motivó el hecho a repudiar. En tal sentido, argumenta que “toda acción en contra de la libertad de expresión debe ser repudiada ya que esas acciones cualesquiera sean remonta a una época oscura de nuestro país”.

“Es lo menos que podemos hacer”, señaló Urreta: “Respaldar a los periodistas que laburan en serio, que investigan con independencia, que viven de lo que hacen”, concluyó.

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