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Mezcla nueva de sudor y luz: Una historia de Quito Mariani con la música

2015. Bailando con una de sus sobrinas nietas. Fb Peñas de la Cripta.

(Por Mariano Medina *)

En una vida que es lucha, los amigos se encuentran en los campos de batalla”.

Quito Mariani

Sin tapujos Cap. 38.

“La canción es siempre un espacio de encuentro. Con lo mejor de nosotros mismos,

con la disponibilidad de comunicación con los demás. Encuentro entre la realidad y los sueños.

Entre las luchas y las esperanzas. (…) Y ella no tiene que ser alienada y solitaria,

perdida en un espacio etéreo. Nuestro cancionero, por eso, tiene canciones hinchadas

con los problemas y las esperanzas de la vida cotidiana. Incluye canciones

que son explosión de la vida, las alegrías y los problemas que vive la gente

y expresa en letras y músicas que, sin nombrar a Dios, lo llaman y lo celebran”.

Quito Mariani

Introducción al cancionero “Encuentro”, de la Comunidad  Parroquial de Nuestra Señora del Valle (Frag.).

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Cura, teólogo, educador, scout, escritor y compositor, José Guillermo “Quito” Mariani nació el 1 de agosto de 1927 en Villa del Rosario, provincia de Córdoba, a orillas del río Xanaes. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Nuestra Señora de Loreto, e hizo estudios de postgrado en Psicología y Sociología en la Universidad Nacional de Córdoba, donde trabajó luego como Asesor para Medios de Comunicación Masiva en la Secretaría de Extensión (1970-1971).

Se ordenó sacerdote en 1951, ejerciendo su ministerio durante cincuenta y cinco años, mayormente en la parroquia conocida como “La Cripta”, en la ciudad de Córdoba. Integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo promovido, entre otros, por Enrique Angelelli; a la vez que fue pionero del movimiento scout del interior del país: una de las agrupaciones que fundó, “Guy de Larigaudie”, fue la más grande de Centro y Sudamérica, y tal vez la primera en comenzar, pedagógicamente, a realizar actividades y campamentos mixtos.

Los medios periodísticos suelen marcar que su notoriedad fue desencadenada por el libro autobiográfico “Sin tapujos” (2004, éxito de ventas en Argentina y España), donde algunos pasajes refieren a la sexualidad y a su posición ante el celibato sacerdotal. Pero la verdad es que su labor ya lo hizo notable en 1968, al menos regionalmente, cuando por primera vez se intentó removerlo del cargo presbiteral por su polémica participación en un panel sobre encíclicas. Luego, se hizo popular como “el cura de la tele”, cuando en 1992 el Canal 10 lo invitó a conducir el micro “Evangelio y realidad” como cierre de transmisión.

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Mariani claramente se alinea dentro de la Teología de la Liberación nacida tras el Concilio Vaticano II (1962-1965). Esta corriente cristiana considera que el evangelio exige la opción preferencial por los pobres, y que recurrir a las ciencias sociales para definir su accionar no solo es válido sino necesario. Todo el período histórico agitó desafíos y reflexiones al respecto del rol de la iglesia en la sociedad, como demuestran, dentro de fenómenos de masas como el cine -por señalar solo un campo cultural-, películas populares como “El padrecito” (con Cantinflas, México, 1964) y “Al diablo con este cura” (con Luis Sandrini, Argentina, 1967).

Al padre Mariani le esperarían diversas dificultades y reprimendas, riesgo de desaparición y un período de exilio en Brasil (“A Menéndez le debo esas vacaciones” supo decir con ironía, refiriéndose al general al mando del Tercer Cuerpo del Ejército).

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Salvo por sus libros de poesía, la faceta artística de Mariani (de aquí en más, simplemente “Quito”), es poco conocida. Estas líneas intentan dar cuenta de su amplia labor musical, porque hasta ahora (año 2021), la única canción registrada oficialmente en discos es “Olvido, con música de quien suscribe -Mariano Medina-, y conocida en una versión murga concebida por Juan Martín Medina y Alejandro “Cuchu” Pillado. El tema fue estrenado en la presentación de su primer libro (Poemas de Tiempo y Sal, 1984) y luego incorporado en cuatro álbumes: Creo que llegó la hora (grupo La Catanga Eléctrica, Bs As, 2000), La pisada del unicornio (cd rom en apoyo a Abuelas de Plaza de Mayo, Artistas varios, Córdoba, 2006), Soy Medina (Juan Martin Medina, México, 2014) y Cuentos del Sur (grupo El cuento del Tío, Bs As, 2015). Además, integró la banda sonora en vivo de “La fuerza del desatino” (obra dirigida por Carlos Demartino, Ciclo Teatro X la Identidad, Bs As, 2001) y fue interpretada en la Embajada Argentina de México un 24 de marzo, presentada por la entonces embajadora Patricia Vaca Narvaja.
https://open.spotify.com/track/43qMLU0q3m0h5cALX24of2?si=78148130b9a643eb

Luego, Cielito de la Memoria, con música de Guillermo Re, escrito especialmente para el taller de danzas folklóricas de La Cripta, integró hacia 2010 los espectáculos “Caminos de vuelta” (Trío MJC, Chiqui La Rosa y Derecho Viejo, Paseo del Buen Pastor) y “El otro país”, ideado por el propio Quito junto a Karina Rodríguez y Aldo Corso (Bajo Villa Belgrano, Peña Angelelli y Encuentro Nacional Cultural San Antonio de Arredondo).

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Tras llegar a La Cripta en 1967, Quito compaginó dos cancioneros: uno relacionado con la vida en la naturaleza y la recreación (“Cancionero Scout”) y otro específico para las liturgias (“Encuentro: Desde la Plegaria y la Esperanza, hacia el Amor en Acción”). Ambos tuvieron a lo largo de las décadas, numerosas reimpresiones y modificaciones. Y en ambos hubo, anónimamente, canciones de su autoría, dentro de un abanico de gran diversidad: Julián Zini, León Gieco, Víctor Heredia, Alberto Cortéz, Gustavo Santaolalla, Los Jaivas, María Elena Walsh, Cesar Isella y un largo etcétera. Según dicen, el general Benjamín Menéndez censuró el uso del cancionero durante el tiempo que Quito estuvo exiliado, entre agosto de 1977 y mayo de 1978.

Recién en las ediciones de fines de los ´90 comenzaron a figurar los créditos autorales y Quito se develó claramente como compositor: Muchas de sus canciones ya eran repertorio familiar corriente en la zona, pero tal vez por haber estado casi exclusivamente enmarcadas en su labor eclesiástica y scout, no tuvieron entonces más trascendencia.

Sin embargo, la importancia que la música tuvo dentro de sus celebraciones fue mayúscula, y puede reconocerse claramente en las frases, sencillas pero profundas, con que invitaba a los momentos de canto colectivo en sus Homilías dominicales. Sirva como ejemplo este racimo:

-“Digamos cantando”
-“Cantemos, alimentando la esperanza”
-“Cantemos para prolongar la alegría del encuentro”
-“Cantemos expresando nuestra confianza”

En sus comunidades, Quito organizó y/o alentó la realización de recitales, peñas, obras de teatro y diversos talleres artísticos. Además, dentro de sus posibilidades, asistió a las manifestaciones notables que estaban a su alcance. En un viaje circunstancial por Estados Unidos, por ejemplo, fue espectador de “Jesucristo Superstar”. En su tierra, a comienzos de los ´80, fue un ferviente promotor del espectáculo poético-musical “Córdoba va” (Grupo Posdata más actores) y de la ópera-rock “El espectáculo va a comenzar” dirigida por Ricardo Sued (Música del grupo Mousse). Esto, a contramano del Episcopado Argentino, que había difundido un documento alabando la Guerra de Malvinas.
La fecundidad de Córdoba como cuna de cultura llena de personas y conjuntos valiosísimos en todas sus ramas, produjo una especie de explosión de sonrisas […] los estadios y las salas comenzaron a llenarse de actividades y manifestaciones artísticas. Resultaba conmovedor el saludo con que la multitud agasajaba a los artistas populares como Mercedes Sosa, Horacio Guarany, Los Trovadores, Zupay, cuyas canciones habían sido clandestinamente, durante la Dictadura, sostén de las esperanzas y el optimismo popular, aunque sonaran lejos de su Patria”, recordó en Sin tapujo (Cap. 50), justamente él, que fue uno de los tantos responsables de que piezas de ese repertorio hayan resistido, encendidas, en las voces de feligreses y scouts.

Fines de los ‘ 70: Portada de una de las primeras ediciones del cancionero Encuentro que ya incluía canciones de su autoría.

1981: Quito sumergiéndose en la lagunita del Cerro Champaquí, mayor altura de Córdoba, 2790 metros sobre el nivel del mar.

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Hijo de padres inmigrantes de familias agricultoras; la música abrazó a Quito estrechamente desde la niñez, a pesar de que en su casa ni se cantaba ni se escuchaba radio: Tras la medianera del típico patio con parra, había una pista de baile cuyos sonidos y algarabía eran imposible eludir. Pero además, los escenarios al aire libre tanto de la Sociedad Española como de la Sociedad Italiana lo tendrían como pequeño artista, porque dos tíos Mariani (uno violinista, otro bandoneonista y acordeonista) lo llevaban a los bailes a cantar con sus orquestas. Cree recordar que lo primero entonado frente al público fue el tango “Caminito”… Algo largo comenzaba.

Tal era su motivación que, cuando se reunían varios amiguitos en su casa, jugaba a que eran un coro y los dirigía haciéndolos cantar lo que había escuchado en los clubes. Complementando estos impulsos, sus padres finalmente compraron una radio, y lo enviaron a estudiar piano y armonía.

A sus 9 años de edad ya estaba cerca de curas. El Padre Sánchez lo había conquistado con la fuerza juvenil de sus prédicas dominicales y las salidas que organizaba para llevar a los niños de recreación al río. Otro párroco, Serafín Fernández, organizaba fiestas de teatro: “impulsaba mis cualidades actorales y mi bien timbrada voz de soprano, haciéndome sentir importante. Estas cosas triviales, fueron para mí la ´voz divina´…” (Sin tapujos, cap. 2), factores determinantes para decidir, un tiempito después, el ingreso al Seminario, donde prometían dulce de membrillo y fútbol casi todos los días. A veces estos curas iban a pueblos vecinos a celebrar misa, y también llevaban al pequeño Quito como cantante.

A los 11 años pasó de la Escuela Fiscal al Colegio San José de La Salle, el primero de los lasallanos instalado en la provincia. “La pedagogía de los hermanos lasallanos era la de ´la letra con sangre [entra]´. El Hermano Javier, que llevaba nuestro 6to grado, dirigía también el coro y, gracias a mi buena entonación y voz, me privilegiaba. Nunca me golpeó. Pero a mi lado sonaban las cachetadas, volaban trompadas, se partían reglas, se escuchaba el quejido de los que eran levantados por el cabello de las patillas”, recordó (Sin tapujos, cap. 4).

Entrado en el Seminario en Córdoba, aún niño, se las ingenió para escribir versos tanto en castellano como en latín, y publicó en una revista estudiantil denominada El Mosquito. (Curiosamente, no volvería a publicar nada hasta su madurez). De ese entorno, los adultos que dejaron huellas positivas en su memoria y consideró importantes en su formación, fueron el padre Severo Reynoso Sánchez y el doctor Raimundo Martínez. El primero le hizo amar el estudio: era “Poeta, amante de la naturaleza, cultor de la libertad y respetuoso de ella, con gran sensibilidad musical y artística en general, capaz de hacerme sentir como amigo”. Al segundo, a pesar de haber sido muy conservador, lo recuerda por su aprecio a los valores humanos y su gran sentido común.

Quito regresaba a visitar a la familia solo en vacaciones. Los tíos músicos y su padre tenían una panadería; y cuando con un hermanito y primos entraban, les daban pedacitos de masa para que hicieran un bollo de forma libre, imaginada por ellos. Ese pan siempre original, los niños tenían la libertad de destinarlo como regalo a los vecinos que desearan. Por su familia entonces, además de por símbolo religioso, el pan aparecerá repetidamente en su poética. El pan que se comparte, / el amor que se da sin diferencia…  Los Mariani, sin embargo, estaban muy alejados de la religión. Era la rama materna, la española Ruiz, la devota (los primeros españoles de la localidad veneraban a San José Obrero).

Adolescente, Quito fue Director de Coro en el mismísimo Seminario, actividad que con responsabilidad retomaría luego formando y dirigiendo Coros Polifónicos en Villa María y Río Ceballos, donde ejerció su ministerio antes de instalarse en Córdoba capital. En los tres casos, el repertorio aún era exclusivamente religioso. Ya en La Cripta alentó notables Encuentros de Coros organizados por el Grupo de Cultura y Recreación, que se llevaron a cabo durante algunos años, a partir de 1987. Es que ha sido el canto su mayor enamoramiento, su clave de conexión. Nunca dejaría de cantar cuando se lo pidieron o la oportunidad se presentaba. Obviamente, en las reuniones de su comunidad, pero, además, invitado, en inauguraciones de espacios culturales como el mítico café concert Ojalá (justo aquel nefasto 2 de abril de 1982). O, estando de viaje, en el Anfiteatro Natural de piedra (Valle de las Conchas, provincia de Salta), y el de Cesárea (Roma, Italia). En los últimos años, eventos barriales lo encontraron acompañado de la pianista Eugenia Lépori, cantando pasajes de óperas…

Hasta Villa María había seguido relacionado con el piano y el armonio: tocaba la música de las misas para difuntos. Pero fue dejando el instrumento a medida que su tiempo era absorbido por las labores sacerdotales.

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Poco a poco, entraron en su vida tanto la música “moderna” como el folklore argentino. De hecho, conocer a Yupanqui en unas visitas que hizo el artista al Seminario de Loreto, fue su inspiración para comenzar a escribir versos en la década del ´40. “Los mensajes de Atahualpa fueron introduciendo, además del aprecio por el folklore, un cierto sentido de protesta social y de contacto con la realidad fomentado por las letras de sus composiciones que se nos permitía cantar sin correcciones. Fue el tiempo en que, como un desahogo de mis inquietudes, comencé a escribir pequeños poemas” (Sin tapujos, cap. 21). Yupanqui todavía no estaba afiliado al Partido Comunista, y sus canciones aún se consideraban “sin mal alguno”.

Dentro del Seminario, Quito comenzó poniendo nuevas letras a canciones de otros: “Nazaret” a una guarania, “Virgencita del Cerro” a la “Tonada del Jarillero” que interpretaban Los Trovadores de Cuyo. Más tarde se animaría a melodías propias, y también a dar letras a feligreses guitarreros y cantores, inicialmente a los hermanos Miguel y José Peralta.

Tomar una música ya compuesta y ponerle otra letra para ser entonada en ámbitos privados, ya sea educativos como recreativos, es y ha sido un recurso muy común. De hecho, Quito la utilizará también para sus canciones de ámbito scout, entrando a veces en límites contradictorios. “Cara al sol” por ejemplo, es letra nueva, suya, sobre una melodía de la Falangue, partido político español de ideología fascista. La realidad es que a veces, en un momento campamentil -en este caso el primer viaje scout a las Cataratas del Iguazú, 1969-, es preciso una canción inmediata, “y para hacerla rápidamente hay que tener una música ya hecha. No se puede improvisar, entonces recurrí a ese recuerdo” aprovechando sus virtudes melódicas. “La letra que hice le quita lo que tiene de franquista“, justificó alguna vez:

De tu ideal sin tiempo ni fronteras

la Justicia es norte y es bandera.

Un mañana fraternal de paz

prepara sin desmayar.

Si la noche ha de quedar atrás,

tu luz tiene que avanzar.

Quito tomó conciencia del valor de la estrategia, tras conocer a un cura uruguayo, quien cantaba Zambita para mi ausencia, de Hedgar Di Fulvio, modificada y con el nombre de Zamba del perdón. Fue una sorpresa: Había conocido a Di Fulvio cuando éste ingresó al seminario; vocación que luego dejaría por la medicina.

Las primeras composiciones completas de Quito, en letra y música, parecen ser de su periodo pastoral en Río Ceballos, como Quiero ganar amigos y Mañana.

Su ministerio en La Cripta comenzó en 1967, y ya en la primera Pascua hizo una convocatoria comunitaria para jóvenes músicos. Así surgieron las Misas Juveniles con guitarra, los cuartos domingos de mes a las 11 de la mañana, que resultaron novedosas pero fueron despectivamente calificadas de “pulperías” por el Arzobispado. Redoblando la apuesta, le siguieron inmediatamente una serie de Misas Beat matinales, que se extendieron aproximadamente hasta 1971. Su deseo era fortalecer una comunidad que no se aislara de la realidad. “También en la música yo creía. En ese tiempo empezó un movimiento modernizador en la iglesia, pero exclusivamente folklórico. Todas las músicas nuevas de entonces, eran con sentido, pero sólo folklóricas. Entonces yo fui para otro lado. Después me di cuenta que entre la gente joven tenía mucha más influencia”.

Las canciones de las Misas Beat eran interpretadas por un grupo de adolescentes entre los que estuvieron, según diversas memorias, Carlos Romano, Oscar Linera, Jorge Lange, Daniel Giraudo, Fernando Pont Vergés y un baterista llamado Bruno. Como trueque, aprovechaban la sacristía para ensayar también su propio repertorio, formado por covers. Esto, a “Curiani” – como le decían – , le causó bastantes disgustos con feligreses más conservadores: “Simplemente porque estaban ellos tocando, aunque nadie los oyera”, recuerda Quito. Y se confiesa: “No eran chicos de ir mucho a misa… Iban a cantar […] A Daniel yo le pasaba las letras y era muy entusiasta para componer”.

Por su parte, entrevistado por Lucio Carnicer, el aludido Daniel Giraudo rememora que en las celebraciones “¡el frontman era precisamente Quito Mariani!!! ¡Imaginate!!! […]

Después hubo algún mínimo problemita porque nos comíamos las hostias y nos bebíamos el vino de misa” (Carnicer, Un mandinga errante). Efectivamente, la confianza de estos muchachos fue en aumento y Quito decidió detener la aventura: Un día se los encontró ataviados con las coloridas túnicas destinadas a los diferentes momentos del calendario litúrgico; y en vez de disculparse, se las pidieron para ir a tocar a un boliche…

Parte de este grupo de adolescentes mutará y poco tiempo después, se hará una banda legendaria del rock cordobés: Con el nombre Martín Maguceno integrarán el Movimiento Canto Popular de Córdoba (1973-1976) y grabarán en Buenos Aires un tema propio para el disco “Rock para mis amigos Vol. 4” junto a Charly García, Jorge Pinchevsky y otros músicos de la primera línea del rock nacional (sello Microfon, 1975). Disuelto al comenzar la dictadura, Giraudo migrará, y para el retorno de la democracia volverá a armar el grupo con el nombre de Tamboor, registrando dos discos imprescindibles.

El repertorio propio de aquellas Misas Beat fue grabado de manera profesional en Estudio Pira, siendo durante algunos años reproducido durante las celebraciones religiosas de La Cripta. Considerando que el grupo Vox Dei lanzó el disco La Biblia en 1971 y Raúl Porchetto su Cristo Rock en 1972, el extravío de esas cintas con el repertorio pionero de Mariani-Giraudo tal vez deba considerarse una de las mayores pérdidas sufridas por el rock nacional.

Por cierto, Mariani incorporó inmediatamente las canciones de Vox Dei al cancionero religioso. “Al principio no me interesaron mucho, pero a la gente le gustaron y eso me entusiasmó a mí”, reconoce. Y agrega: “Que un grupo de músicos sin tendencia católica produjeran eso, a mí me maravilló”.

La leyenda dice que en algún momento Quito se contactó con uno de los Vox Dei, Ricardo Soulé, y éste le regaló un ejemplar de promoción, con una particular etiqueta blanca, que recordamos con claridad. Aparentemente, quien lo puso en contacto con Soulé o al menos con esa música, fue un joven feligrés que cantaba y militaba en Montoneros cuando esta agrupación política no estaba proscripta. Informa Quito: “Los Montoneros, en superficie, realizaron interesantes planes sociales. El proyecto CREAR de alfabetización de adultos, con la metodología de Paulo Freire. La erradicación de Villas con un trabajo previo de educación y diseño por parte de las propias familias, de los domicilios familiares y la distribución de los espacios en los Barrios nuevos. En todos participé” (Sin tapujos, cap. 32).  Durante ese tiempo, Quito vivió muchos meses en carpa, en diferentes “villas miseria” de la zona, promoviendo cooperativas y acompañando las labores sociales, hasta que el escenario cambió y muchos de los dirigentes políticos fueron apresados. Aquel joven que lo acercó a Vox Dei fue asesinado por la policía tras salir de bañarse en el río Suquía, en la zona del puente La Tablada.

Para la Navidad de 1971 Quito estrenaba composiciones en coautoría con los mellizos Miguel y José Peralta, que alcanzaron a participar de alguna de las experiencias con instrumentos eléctricos (“En ese momento tocar con esos instrumentos en una misa era como un pecado mortal”, certifican). Estos jóvenes lasallanos recién egresados de la secundaria, serían los músicos con los que Quito más tiempo trabajaría y compondría. Y si bien no se integraron a los scouts de la parroquia, también colaboraron durante años siendo número en las peñas que éstos organizaban.

La música de las celebraciones respondía a la estructura normal de la misa, que permite un “esquema” de cinco canciones: Entrada / Entre lecturas / Ofertorio / Comunión / Despedida.

“En vivo” se preparaban solo los esquemas de algunas misas especiales, generalmente para Pascua y Navidad, y a veces se componía especialmente para ellas. Con los Peralta ensayaban desde un mes antes, y cuando Quito adquirió un grabador de cinta abierta tras su viaje a Estados Unidos, también grababan ese repertorio original, para que pudiera ser utilizado en otras oportunidades. Las pocas cintas de ese tiempo que sobrevivieron, fueron digitalizadas por Daniel Livadiotis en 2002 dentro del marco de una investigación sobre literatura y música cordobesa relacionada con la dictadura. En ese relevamiento, que editó Abuelas de Plaza de Mayo en un cd-rom bajo el nombre de La pisada del Unicornio, figuran algunas de estas composiciones. Y la canción “Pascua” (música de los hermanos Peralta) apareció en una versión de Cuchu Pillado como cierre del video “Quito Mariani, El Documental” dirigido por Andrés Dunayevich (El Camboyano Producciones, 2020)

 

Recuerda en el dolor de la noche que hay aurora

y busca en el futuro el secreto del ahora.

No llores al mirar que tus flores se marchitan,

recuerda que las flores que mueren son semillas.

No dejes de estrechar con tus manos las de otros:

rechaza la infecunda soberbia de estar solo.

 

2017. En el CPC de Argüello cantando junto a Guillermo Re, Juan Martin Medina, Cuchu Pillado,
Mariano Medina y Emiliano Roqué. Imágenes de Quito, El Documental.

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Quizá el entusiasmo de Quito con el scoutismo deba rastrearse en su afán como lector de las aventuras, reales pero noveladas, de misioneros por tierras lejanas. Luego, estando de párroco en Villa María, tuvo una primera comunicación con el Jefe Scout Nacional de entonces, bastante progresista, y comenzó su propia aventura. El espíritu scout lo ayudó a virar la idea de la vida, que en el seminario le plantearon exclusivamente como una ofrenda sacrificada. Desde el scoutismo, en cambio, se piensa como un Gran Juego.

En el “estilo” scout promovido por Quito, además de la naturaleza como entorno para el desarrollo físico, mental y espiritual, la música fue algo fundamental. Algunas camadas, especialmente las que surcaron la dictadura, tuvieron jóvenes que ya entonces se inclinaban por el arte y/o la política. Se cuentan entre ellos varios artistas profesionales y varios líderes estudiantiles de diversos movimientos universitarios. Fue un período en el que, en general, los scouts a nivel nacional eran serviles con el régimen, manteniendo una actitud acrítica con la institución. Contrastando, los grupos fundados por Quito no intervinieron en las campañas a las que se convocaba. Fueron dos: Fray Mamerto Esquiú (Río Ceballos) y Guy de Larigaudie (Quisquisacate, Córdoba).

Esas nominaciones ya señalan un marco humanista y social: Esquiú (1826-1883) trasciende el ámbito religioso por su participación política en la conformación de la nación Argentina. De hecho, tras un famoso discurso pronunciado en la catedral de Catamarca con motivo de la jura de la Constitución Nacional (1853), se lo llamó “el orador de la Constitución”. También le dijeron “el obispo campesino”.

Por su parte, Guy de Larigaudie (1908-1940) fue un moderno scout católico francés, explorador, escritor de novelas y libros de viajes, conferenciante y periodista; amante de las danzas y los cantos, muerto en misión durante la guerra.

Entre 1962 y 1963, Quito viaja a Europa para conocer a su abuela. Visita también Roma, y de Italia se cruza a Francia exclusivamente para asistir a un Congreso Internacional Scout. Era un momento conflictivo: Francia pretendía alistar a jóvenes scouts para aprovechar su formación en favor de su expansión bélica colonialista. El Jefe Scout nacional no estaba de acuerdo y basaba su objeción en el amor a la paz de Guy de Larigaudie. Por eso Quito conoció su historia.

La suma de esfuerzos humanos hacia la belleza, el bien, hacia lo mejor, hacen subir la humanidad continuamente como un movimiento de marejada que hincha la masa del océano”, escribió Guy. “Hay que conocer el valor del más humilde de los oficios: Nuestra vida no es más que una sucesión de gestos ínfimos, que divinizados labran nuestra eternidad”.

Quien escribe estas líneas fue integrante de la comunidad scout a la que se hace referencia, y siente que, efectivamente, el grupo fue un espacio en donde muchos, más allá de que profesáramos alguna religión o no, encontramos un espacio de debate, estudio, análisis y expresión franca. Un espacio planeado, intencional. Paradójicamente, siendo una entidad cuyos orígenes tienen cierto tinte militar, “La Guy” se caracterizó por la libertad. En su scoutismo las competencias y los puntajes fueron perdiendo peso frente a otras cosas. Quito rescató lo positivo de los lineamientos del fundador, Baden Powell (1857-1941), quien valoraba los juegos y -según sus palabras- “se propuso como esencial en la sociedad que los scouts fueran el elemento que animara a una mayor comunicación y que fueran colaboradores constantes con la paz del mundo” (Revista Scoutmente n° 33). Powel dejó como testamento y consigna: Que en la partida de este mundo podamos decir que lo hemos dejado mejor que lo que lo encontramos. Y su pedagogía dimensionaba el trabajo con aprendizaje mutuo entre personas de distintas edades, desarrollando en cada uno el sentido de la responsabilidad.

Una de las tantas personalidades públicas que formó parte de este scoutismo, es el doctor Carlos Presman. Ha expresado al respecto: “No creo equivocarme si digo que una parte importante de nuestra existencia está allí. Experiencias que nos marcaron para siempre, de vida y de muerte. De estilos de vida, de compartir la comida, de saber que en campamento se es por lo que uno es y no por lo que tiene; allí donde el dinero no cuenta y las destrezas para superar la adversidad sí valen. Nosotros nos enamoramos de la vida en la naturaleza, nos enamoramos de sabernos parte activa de la sociedad, nos enamoramos del humor en las peores circunstancias. […] Quito nos sigue guiando, desde las subidas al Champaquí hasta sus canciones. Porque hay otra vida a la que se nos propone permanentemente. Y a esa vida, que él nos enseñó a disfrutar, se llega sin permiso”.

Entre las familias scout, una numerosa fue la de los Pillado. Quito se constituyó tutor legal de uno de sus integrantes: Desde 1978, Alejandro “Cuchu” Pillado vivió en La Cripta. Músico nato, Cuchu creció relacionándose con el ambiente musical cordobés y nacional. En ese momento, del grupo scout también formaban parte otros chicos que, antes de dedicarse profesionalmente a la música o la danza, organizaron eventos en el lugar: Gustavo Alcaraz, Guillermo Re, Mónica Zuvela, los hermanos Juan Martin y Mariano Medina, Guillermo Arce, Belén Zapiola, Guillermo González, entre otros. De esos recitales participaron figuras relevantes de la Córdoba de los ´80: el mismo Tamboor, Postdata, Mousse, Ruth Barros, Doña Jovita, Mundo Nuevo… Luego, ensayaron en la parroquia las bandas de las que los jóvenes formaron parte, entre ellas Los Fugitivos del Fraude, La Catanga Eléctrica y el grupo del Chango Spasiuk. Cuchu y los Medina, además, participaron como músicos en diversas celebraciones y también grabaron junto al cura, en los ´80, parte del repertorio litúrgico, en casettes también perdidos. Actualmente, nuevos jóvenes scout se están dedicando a la música: Gon Rivero, Fernando Zappino, Lisandro Aballay…

1993. Con el grupo del Chango Spasiuk “La perrada” en La Cripta. A la izq J. Suligoy y J.L. Carabajal. Der.: C. Pillado y J. M. Medina.

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El periodista Máximo Layus entrevistó a Quito en 1983, para la revista Tiempo latinoamericano. En su artículo, antes del diálogo hace una descripción que consideramos muy ilustrativa:

Las diez de la mañana del último día de abril. La cita es para media hora después, cuando el Padre Mariani haya regresado de visitar a un enfermo. Mientras espero, un pequeño y sencillo cartel, junto a la puerta del despacho parroquial, me habla de este cura, metido en esta comunidad y su tiempo, repartido en cada hora de todos los días de la semana. ‘Actividades del Párroco en la vida parroquial’, tal es el título. El escrito fraccionado hasta el detalle es una radiografía. Si usted lo lee, podrá saber qué hace este cura día por día todas las semanas del mes. Y si es su párroco, se enterará leyéndolo, cuando podrá ser oído en confesión individual, cuándo podrá conversar con él y cuándo estará ausente visitando a sus familiares en Villa del Rosario. Todo está allí. Es más amplio que una tarjeta de presentación”.

En semejante organización, ¿cómo hacia Quito para escribir y componer? ¿Cuándo conseguía ese tiempo? Justamente los lunes, cuando iba en auto a visitar a su madre. Casi siempre viajaba solo, llevando de copiloto a un grabador: es “uno de los placeres que yo tengo. Porque compongo exclusivamente cuando viajo. No solamente eso, sino que todo lo que escribo para la radio, los artículos, todo lo hago cuando viajo. Voy manejando y voy grabando. Si no, no me sale. Todos los otros momentos es como si estuviera programado ya” (Revista Scoutmente n°5).

Recién a partir de 1980, Quito se da otros permisos, abordando con nueva perspectiva su escritura poética. “Cuando más o menos tuve oportunidad de que tuviera una expresión hacia afuera, que no fueran cosas que yo describiera y se guardaran, fue cuando vine acá, con esa experiencia nueva de cantos en la iglesia. Empecé a hacer cantos que tuvieran ese sentido de injertar a la comunidad en la realidad social. Ahí empecé a escribir de nuevo y esos cantos los conoció como letras mías la Sra. Beby de Pinelle, profesora de la universidad que mandaba a los chicos a formarse aquí. Beby me instó a escribir otras cosas”. Ella le dijo: “el pastor se devoró al poeta”…  Y darse cuenta de eso “aviva en uno una cantidad de cosas que están como dormidas, que son elementos de alegría, de ternura, amplitud, comprensión. De emociones. Que en el desarrollo de la misión sacerdotal es como si estuvieran vedados. Entonces empiezo no solo a ver en mí, sino a encontrar en otros y vivirlo en otros…. […] Hay cosas que yo no me permitía vivir antes ni en el pensamiento. He descubierto un mundo nuevo” (Revista Scoutmente n°5, 1987).

Antes de eso, ya había ascendido otro escalón de libertad soltando el cuerpo. A instancias de sus dirigentes scouts es que acepta concurrir con ellos a lugares de baile, y comienza a permitirse la expresión y el balanceo. Pero esa nueva libertad se vio reflejada fundamentalmente en sus acciones y propuestas campamenteras, donde en su rol de animador se disfrazó y danzó, tal vez emparentándose a los “payasos sagrados” presentes en ceremoniales de diversas culturas de todo mundo. Según algunos teóricos, el payaso sagrado representa una inversión del orden establecido, y una apertura al caos que precede a la creación. Así, sin perder ni un ápice de autoridad, Quito consiguió ser ejemplo, no solamente de responsabilidad, sino también de alegría.

Pero aún faltaría algo para que la danza fuera algo de índole cotidiana.

Quito en “El Día del Gran Juego” de diferentes campamentos scouts. Década del ´80.

Entre 1990 y 1991, en el centro y norte del país se suceden algunas situaciones relacionadas con un nuevo concepto de la danza de raíz folklórica. Estos sucesos se van encadenando hasta dar puntapié al Encuentro Nacional Cultural de San Antonio de Arredondo, en los faldeos de las Sierras Grandes de Córdoba. Tratar aquí las características de este evento comunitario, sumamente particular, sería demasiado extenso. Trataremos de sintetizar diciendo que durante cuatro o cinco días al año, en un ambiente de convivencia, el Encuentro propone un modelo de relaciones “donde compartiendo un mate o una guitarreada TODXS podamos experimentar un aprendizaje profundo desde el arte y la solidaridad” (www.encuentrosanantonio.com.ar).

Entre los participantes iniciadores de esta experiencia hubo varios scouts de “la Guy”: Silvia Loiácono, Guillermo Ré, Mónica Frasson, Florencia Ortiz…

Poco después, en 1993, se abrirá en La Cripta un taller de danza coordinado por bailarines involucrados al Encuentro, inicialmente Aldo Corso y Karina Rodríguez. Ellos recuerdan cómo comenzó aquello. Quito los convocó: Se le había ocurrido hacer la Misa de Pascua con danza folklórica. Se dieron cuerda mutuamente, reflexionando: “La persona que canta, ora dos veces¡Y la que canta y baila, ora tres veces!”. Quito ofició la misa y los bailarines interpretaron una coreografía para la canción “Para un alma que se eleva”, de Peteco Carabajal. El evento fue como una bomba que partió aguas, pero mucha gente quedó embelesada, e inmediatamente se organizó el taller. Corso comenta: “De las cosas maravillosas que pasaron desde entonces, recuerdo el 21 de diciembre de 2001 cuando estaba ardiendo el país. Nosotros habíamos programado presentar la Danza de las Cintas en la plaza del barrio, acompañados de bailarines de otros muchos talleres. Fue ensayo general y puesta, todo el mismo día. Al volver a la Cripta nos esperaban con unos choris los compañeros que no bailaban. Ahí le hicieron un reportaje al Quito en el que se explayó sobre la danza. Se me pone la piel de gallina pensar que en ese momento estábamos haciendo eso tan simbólico, mientras el país estaba en la crisis que estaba” (La Danza de las Cintas se considera un símbolo de unión entre los pueblos).

En 1994, al año de abrirse el taller de danza, se formó el equipo “Peñas de La Cripta”, aún activo. Para la misma época, el joven Santiago Gómez (guitarrista y chelista) fue el encargado de hacer nuevos arreglos y grabaciones del repertorio litúrgico propio. Y Quito aprovechó su presencia y la de otros músicos que se acercaban (Diego Dotto, Montenegro, Vazzano) para trabajar con ellos nuevas composiciones.

La realización de estas nuevas peñas, las de los ´90, fue propuesta por el Consejo Pastoral, tuvieron objetivos solidarios, y entre los primeros músicos participantes, convocados por el “Gato” Fernández, estuvieron Raly Barrionuevo y el Dúo Coplanacu, quienes apenas estaban comenzando su despegue a la popularidad. A pesar de que Quito no estaba muy convencido de comenzarlas, finalmente lo tuvieron a él mismo como conductor, tarea luego compartida con Patricio Mulhal y Jorge “Negro” Valdivia (el “Celador de sueños” de una canción interpretada por Mercedes Sosa, justamente referida al Encuentro de San Antonio).

La lista de artistas reconocidos que participan de estas peñas es enorme; sería injusto intentar una síntesis e imposible nombrarlos a todos, pero son parte visible de la trama en la que se entrecruzaron, alimentándose mutuamente, Cripta y Encuentro. Quito ha bailado zambas y chacareras en ambos.

El enfrentamiento sostenido con la jerarquía eclesiástica tuvo un pico importante tras la edición de su libro “Sin tapujos” (2004), cuando se lo intima para que no realice más declaraciones públicas. Finalmente, Quito decide renunciar a su cargo parroquial dos años después, en parte cansado de los enfrentamientos, y en parte por la necesidad de tiempo para cuidar a su anciana madre. Seguiría, de cualquier manera, celebrando misa; y su comunidad feligresa tendrá un derrotero particular que excede el objetivo de estas líneas. Pero queríamos recordar que en 2004 hubo una significativa concentración en La Cripta y una gran “movida músico cultural” que bajo el nombre “¡Aguanto Quito!” le brindó apoyo y adhesión. Entre los numerosos artistas que participaron estuvieron Rally Barrionuevo, Coplanacu, Silvia Lallana, Ariel Borda, Jorge Marsetti, José Luis Aguirre, Negro Vilches, Mario Diaz, Paola Bernal, Adiana Celiz, Yuca Córdoba y Pelu Mercó. Y en 2006 se organizó otro para despedirlo.

Haciendo balance de lo propio, nos dice: “Yo doy gracias de que hayan sucedido las cosas como sucedieron. Agradezco haber tenido inconvenientes, obstáculos, porque eso me prendió fueguito en muchas partes. Los scouts y la música beat en la iglesia no hubieran salido de mí, si no hubiera sido por una fuerte reacción de indignación contra la injusticia, y de la condenación que recibí de algunos. Son de las cosas de las que estoy más satisfecho de haber hecho en la vida”.

2015. Bailando con una de sus sobrinas nietas. Fb Peñas de la Cripta.

6

1 de julio de 2021. Quito Mariani se nos va.

Tenemos emociones que no sabemos describir.

Quienes convivimos el scoutismo junto a él, decimos: Se fue al Campamento Grande. Y seguramente allá nos esperará con un puñado de canciones y el fogón listo.

Entre las cosas que se esforzó en trasmitir y tal vez aprendimos, estuvo el ponernos metas y mantener la buena energía a pesar del cansancio. Ejemplo hasta el final, en marzo, aunque ya le costaba muchísimo caminar, quiso ir hasta el Norte cordobés para apoyar a Ramona Bustamante y acompañar la visibilización de la lucha de los campesinos. Cantó, recitó para ella, y la hizo reír.

Quito no era un tipo fácil. Si lo hubiera sido… no sería hoy lo que es, un imprescindible.  ¡Qué buenos encontronazos hemos tenido! Pero de todos hemos sacado algo bueno después del sin sabor. Y entre las cosas que nos unían, estaba el canto, tantas veces compartido a lo largo de los años.

Este 2021, con Juan Martin Medina, Cuchu Pillado y Marcelo Chena, junto al mismo Quito, la cabeza productora de Aníbal Medina y la ayuda de amigos de la vida como Guillermo Re y Jorge Luis Carabajal; comenzamos a organizar un álbum con canciones suyas para que sean cantadas por diversos artistas. Con la selección ya hecha, las grabaciones iban a comenzar durante junio. Las restricciones sanitarias retrasaron las invitaciones artísticas y ese arranque.

El presente artículo se preparó en el marco de ese proyecto. Lo íbamos a revisar juntos; no llegamos a hacerlo.

Quito cumpliría 94 años el próximo agosto. Seguiremos adelante. Ya escuchará sus canciones en voces queridas, desde donde esté. “Quito cantado: mezcla nueva de sudor y luz” buscara poner en valor un puñado de sus canciones, entendiendo que, si bien la mayoría nació para acompañar y fortalecer la misión social, eclesiástica y/o scout, pueden trascenderla gracias a su belleza musical y poética, pudiendo ser disfrutada por un público mayor, comprometido con las causas sociales.

Y para quienes compartimos con él parte de nuestras vidas, será otra manera de  celebrarlo.

Algunas fuentes consultadas:
-Las citas sin referencia corresponden a entrevistas realizadas por J.M. y M. Medina durante 2021, especialmente para confeccionar este artículo.

-AAVV. Artículos varios de revistas Scoutmente. Ed. Grupo Scout Güy de Larigaudie, décadas ´80 y ´90.

-AAVV. Blog Encuentro Nacional Cultural de San Antonio de Arredondo.   www.encuentrosanantonio.com.ar

-Carnicer, Lucio. El mandinga errante (De próxima aparición)

-Dunayevich, Andrés. Quito Mariani, El documental. Cap. 1 de la Serie Antes del Fin, Asociación Civil El Agora / El Camboyano Producciones. 2020  (https://youtu.be/f_9Id9bzf4k)

-Layus, Máximo. Desde la catacumba. Revista Tiempo latinoamericano n° 6, Cba, mayo 1983

-Mariani, Guillermo. Sin tapujos: La vida de un cura. Ed. de autor, Cba, 2004.

-Mariani, Guillermo. Sin permiso, novela scout. El Emporio Ed. Cba, 2007.

-Medina, Mariano (Coord.) La pisada del Unicornio. Relevamiento de literatura y canción popular de Córdoba, Argentina que frente a la dictadura militar fue resistencia, testimonio, militancia y memoria. CD Rom, Ed, Abuelas de Plaza de Mayo/TXI, Córdoba 2006.

-Presman, Carlos. Presentación del libro “Sin Permiso” (Inédito) Cba, 2007

CANCIONES DE QUITO MARIANI  (Listado en revisión)
Letra y música de Guillermo “Quito” Mariani, salvo los indicados.

Aleluya Dios nos ama

Amigos (Música: Diego Eduardo Dotto) huella

Campo y vida (Canción scout)

Canción de cuna y cruz (M: Hnos. Miguel y José Peralta)

Canto del amor vivido  (M: Hnos. Miguel y José Peralta)

Canto Penitencial Juvenil

Cara al sol (Canción scout. M: anónima española)

Cielito de la memoria (M. Guillermo Re) Cielito

Chacarera del “No te metás” (M: Hnos. Peralta) Chacarera

Chacarera eucarística (M: Vazzano) Chacarera

Chamarrita de comunión

Chacarera de la pascua (M: Diego E. Dotto)

Compañeros de camino

Creer

De viernes a domingo

Dos brazos y un corazón

Dos pesebres (M: Hnos. Peralta)

El amigo esperanza (M: Daniel Giraudo) Bossa nova

El amigo volvió

El Campo y yo (Canción scout)

El por qué de mi alegría

El reino de los cielos (M: Daniel Giraudo)

En la cruz la vida

Estilo scout (Canción scout)

Gloria al señor

¡Gracias, papá!

Hacia adentro

Hacia la cuesta de la vida

Habla Señor

La palabra es historia (M: Santiago José Gómez) Zamba

Llanto de Navidad

Lo que quiero (M: Mariano Medina)

Mañana

Marcha espacial (Canción scout. M: clásico del dixie estadounidense)

María (M: Juan Carlos Ingaramo)

Miedo a pasar de largo (M: Montenegro)

Mueren en las calles (M: Daniel Giraudo)

Muerte y esperanza (M: Hnos. Miguel y José Peralta)

Niñez y comunión,m zamba

Nos ha nacido un niño (M: Hnos. Miguel y José Peralta)

Nunca es tarde para vivir -Escondido para la noche de Pascua- (M: Diego E. Dotto)

Ofrenda

Olvido (M: Mariano Medina, Juan Martin Medina, Cuchu Pillado)

Oración para antes de las comidas 1

Oración para antes de las comidas 2

Pan y vino de la ofrenda

Pascua (M: Hnos. Miguel y José Peralta)

Peregrinos

Porque

Pregón Pascual (M: Sobre tema de Sor Sonrisa)

Quiero ganar amigos

Sembrar soñando (M: Hnos. Miguel y José Peralta) Cueca

Si el grano de trigo no muere  (M: Hnos. Peralta) Cueca

Simplemente María (Magnificat) (M: Hnos. Peralta)

Sin soledades ni apremios (M: Santiago J. Gómez) zamba

Soy scout (Canción scout)

Tu cruz, mi estrella (M: Juan Martin Medina y Cuchu Pillado)

Tu mensaje

Tu palabra

Tu palabra en nosotros

Soy scout (Canción scout) Música: anónimo del cancionero católico

* Mariano Medina es músico y escritor.

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