Nuevos testigos contaron que vieron al ex policía condenado por delitos de lesa humanidad violar la prisión domiciliaria desde que fue sentenciado a prisión perpetua en 2012.

Olivieri, el primero desde la izquierda, durante la sentencia del tribunal. Gentileza Diario del Juicio.

No había pasado un mes desde que el Tribunal Oral Federal N°2 lo condenó, en marzo de 2012, a prisión perpetua por crímenes contra la humanidad, y José Filiberto Olivieri ya caminaba por las calles de su barrio, en Oliva, violando la prisión domiciliaria que lo beneficiaba por razones de salud. Según contaron dos nuevos testigos a ENREDACCIÓN, el ex miembro del Comando Radioeléctrico de la Policía de Córdoba salía de su casa, en la calle Rioja 433 de barrio Sagrado Corazón, de manera “asidua”.

“Lo veíamos pasar siempre al almacén o a la panadería que están a tres cuadras de su casa.  Caminaba con dificultad, pero iba solo”, dijeron. Las salidas, contaron, eran “cosas de todos las semanas” al menos entre 2012 y 2016, cuando los testigos cambiaron de barrio en la localidad. Estos relatos se suman a los cinco vecinos que declararon ante el TOF2 haber visto al represor en la vía pública, varias veces en los últimos ocho meses. La denuncia que pide el cese del beneficio de la domiciliaria fue acompañada de un video filmado en junio donde se ve al hombre de 73 años cruzar una esquina céntrica del pueblo. A raíz de esa denuncia, el TOF2 resolvió la semana pasada someter al condenado a una junta médica para evaluar su grado de deterioro y, en tal caso, definir si mantiene o revoca la prisión domiciliaria.

“La primera vez que lo vi fue a los días de la sentencia, yo no sabía de su pasado y me enteré por el juicio. Estaba en el almacén del barrio”, contó uno de los testigos, que prefiere mantener el anonimato. “Me daba rabia, impotencia verlo caminar libre, pero estaba condicionado por el hecho de vivir en un pueblo. Sucede que los vecinos lo trataban como uno más. Seguramente no se sentía condenado por la sociedad porque seguía yendo a la panadería”, agregó.

Según consta en el expediente de ejecución de pena que instruye el tribunal, Olivieri era visto con frecuencia en un bar céntrico del pueblo, en los comercios y hasta en una cancha de bochas cerca de su casa. Los testimonios hablan de encuentros producidos entre junio y noviembre de 2016. Ahora, las declaraciones de estos dos nuevos testigos que hablaron con ENREDACCIÓN, dan cuenta de que el condenado viola su beneficio prácticamente desde que le fue concedida, antes del juicio oral.

Luego de la denuncia de los vecinos Olivieri declaró ante el TOF2 que ese día había sufrido una crisis de EPOC que tuvo que salir a la clínica. El video, lo registró caminando seguro, con las manos en los bolsillos, rumbo a la avenida céntrica. Su certificado médico dice que “presenta un cuadro médico severo de EPOC por tabaquismo y trastornos neuropsiquiátricos, alteraciones visuales severas, y una marcada pérdida de peso”. Según dijo su abogado Gabriel Rasuk, Olivieri pesa 53 kilos en una talla de casi un metro ochenta.

El tribunal encargó que sea evaluado por una junta médica del Hospital de Clínicas y la pericia podría ser concretada después del 24 de julio, cuando el Poder Judicial retome la actividad tras la feria.

Suponiendo que efectivamente su salud no le permite cumplir la condena en prisión, las alternativas que se abren son varias: “Si efectivamente este hombre se pierde y sale solo de la casa sin rumbo, el Estado no puede someter a su esposa y su familia a ser los garantes de que no se fugue. No pueden ser ellos sus guardiacárceles. Una alternativa entonces puede ser un hospital psiquiátrico”, analizó una fuente del caso.

Olivieri fue condenado por el alevoso asesinato de los jóvenes Carlos Delfín Oliva, Ana María Villanueva y Jorge Díez, ocurrido el 2 de junio de 1976. Junto a Pedro Nolasco Bustos y Jorge Vicente Worona, integraba una de las patrullas del Comando Radioeléctrico, cuya función era el patrullaje y el control territorial, a diferencia del D2, encargado de hacer inteligencia. El 26 de marzo de 2012 el tribunal dictó un fallo condenatorio por considerarlos “coautores por dominio funcional del hecho, penalmente responsables” de los delitos de “privación ilegítima de la libertad agravada” y “homicidio calificado por alevosía”, y les impuso la pena de “prisión perpetua e inhabilitación perpetua absoluta”. En cuanto a Nolasco Bustos y Worona, el tribunal dispuso el “inmediato alojamiento en una unidad carcelaria del Servicio Penitenciario de Córdoba”. Olivieri, que durante el juicio se mostraba achacado y decaído, regresó a su casa, puesto que gozaba de prisión domiciliaria desde antes del juicio por razones de salud. Ahí debía cumplir su condena.

La mañana del 2 de junio de 1976, Ana María Villanueva se encontraba junto a su novio, Jorge Díez, Carlos Delfín Oliva y Héctor Hunziker en la esquina de Octavio Pinto y avenida Caraffa, en barrio Villa Cabrera de la ciudad de Córdoba. En un momento reconocieron un agente del D2 y decidieron alejarse del lugar. Hunziker se fue caminando, mientras que Villanueva, Oliva y Diez lo hicieron a bordo del Fiat 128 de este último. En cuanto arrancaron, el auto fue interceptado por dos móviles del Comando Radioeléctrico. Los jóvenes fueron detenidos por Bustos, Worona y Olivieri, quienes se encontraban junto a los también policías Andrés Rojo, Antonio Polakovich y Pedro Colazo. Tras recibir una brutal golpiza, Villanueva, Diez y Oliva fueron trasladados en uno de los móviles a un descampado ubicado en la zona del Chateau Carreras, donde fueron fusilados. Oficialmente, se informó de un “enfrentamiento”.

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